Hna. Lucy: 50 años de oración en clausura en el corazón de Singapur
La Iglesia local celebró con gratitud el importante aniversario de profesión religiosa de una carmelita descalza del monasterio que desde 1938 se levanta en la colina de Bukit. Su testimonio en el sitio web diocesano: "Descubrimos la mano de Dios en el trabajo que realizamos y en las hermanas con las que vivimos".
Singapur (AsiaNews/Agencias) - Cincuenta años de vida contemplativa en el corazón de una metrópolis asiática tan dinámica como Singapur. Recientemente CatholicNews publicó su historia en el sitio web de la arquidiócesis local, y cuenta la fiesta que se celebró el pasado 13 de mayo en honor a la Hna. Lucy de la Madre de Dios, de la orden de las Carmelitas Descalzas, en el monasterio situado en Bukit, la colina que domina la ciudad-Estado. En la Misa de acción de gracias, presidida por el card. William Goh, participaron cerca de 150 amigos de la comunidad, señal de que la oración y la vida compartida de las hermanas también es un signo importante para muchas personas que no viven en este lugar, sino en el corazón de la ciudad.
En la homilía, el cardenal destacó la fidelidad de Dios a lo largo del camino vocacional de la hermana Lucy, y afirmó que su perseverancia es un verdadero don –“Dios, que la eligió, ha permanecido fiel a ella en los momentos buenos y en los difíciles”– y que el Señor ha mantenido la promesa de acompañarla en su vocación porque ella se había consagrado a Él para siempre.
El cardenal Goh reflexionó luego sobre los desafíos particulares de la vida contemplativa. A diferencia de quienes desempeñan un ministerio activo, donde a veces es posible cambiar de tarea o de entorno, en el monasterio no existen vías de escape ni la posibilidad de dedicarse únicamente a las actividades que uno prefiere. Precisamente esta dimensión comunitaria se convierte en un instrumento de crecimiento espiritual.
Recordó luego el valor de la vida fraterna. Explicó que “estamos llamados a la santidad dentro de una comunidad” y que la santidad no consiste en aislarse, sino en crecer en el amor y en las relaciones con los demás. En efecto, es en la convivencia diaria donde una persona es purificada a través del amor, la humildad y el servicio.
Nacida como Lucy Yeong, la hermana Lucy, que hoy tiene setenta y tres años, compartió algunas reflexiones sobre su propia experiencia en el Carmelo. Si bien describió la vida monástica como muy sencilla, reconoció que el verdadero desafío consiste en no permitir que esta sencillez se convierta en rutina. Señaló la importancia de “ver la mano de Dios en el trabajo que realizamos y en las hermanas con las que vivimos”, construyendo relaciones basadas en el amor mutuo y en el perdón cuando surgen dificultades.
Habló luego sobre la alegría de una vocación que no tiene límites de edad: “Estar en el Carmelo me da la alegría de no jubilarme nunca”, dijo, y explicó que la vida de oración, corazón de la espiritualidad carmelita, no disminuye con el paso del tiempo, sino que se profundiza. Por último, con respecto a los años que le quedan por vivir, la hermana Lucy concluyó con palabras de gran humildad: “Solo puedo presentarme ante Dios con las manos vacías, sabiendo que el Padre me ama a pesar de mi pobreza”.
El monasterio de las Carmelitas Descalzas de Bukit es una de las presencias históricas de la vida contemplativa en Asia. Fue fundado en 1938 por las carmelitas de Bangkok, quienes aceptaron la invitación del entonces obispo monseñor Adrien Devals para abrir una nueva comunidad contemplativa en la colina de Bukit. Sin embargo, la vida de oración y de recogimiento de las monjas carmelitas se vio bruscamente interrumpida por el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Durante el conflicto, las religiosas se vieron obligadas a abandonar el monasterio, que los británicos transformaron en una base antiaérea y posteriormente fue ocupado por las fuerzas japonesas. Cuando terminó la guerra, las hermanas regresaron a su casa y la encontraron saqueada y en un grave estado de deterioro.
La comunidad de las Carmelitas Descalzas de Singapur pudo, no obstante, reanudar su camino y se volvió a su vez fecunda. De ella, a pedido de los obispos locales, nacieron otras dos comunidades, en 1981 la de Seremban en Malasia y en 2005 la de Rangún en Myanmar.
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15/07/2014
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