22/03/2016, 13.21
INDONESIA
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Indonesia, diecinueve mil “locos” encadenados. La obra generosa que quien, en cambio, cuida de ellos

de Mathias Hariyadi

En el país, a quien sufre de problemas psiquiátricos se lo considera un “endemoniado” y un peligro para los demás. Pobreza e ignorancia provocan los terribles tratamientos a que son sometidos los “locos”, atados a cadenas de hierro y abandonados por sus familias. El corresponsal de AsiaNews en Indonesia se encontró con Angelique Dolly, mujer católica que fundó la “Casa de los ángeles”, lugar donde los enfermos son acogidos y tratados.

Yakarta (AsiaNews)- Unas diecinueve mil personas “enfermas mentales” encadenadas u obligadas a estar en lugares cerrados a causa de sus condiciones. Son los números preocupantes publicados por el Observatorio ONU para los derechos humanos, que acusa los tratamientos terribles a los cuales son sometidas las personas con problemas mentales en Indonesia, donde son consideradas “endemoniadas” y un peligro para la sociedad. Según las estimaciones del ministerio de Salud son catorce millones las personas con trastornos psíquicos, pero hay sólo cuarenta y ocho clínicas  especializadas en todo el país. Publicamos el artículo de Mathias Hariyadi, corresponsal de AsiaNews en Indonesia, que se encontró con Angelique Dolly, mujer católica que recibe y se ocupa del tratamiento de los enfermos abandonados por sus propias familias.

En los años setenta, las personas mostraban reacciones negativas frente a los enfermos mentales. Como primera cosa se reían de ellos. Luego trataban de tenerlos a distancia de ellos, les escupían y los apostrofaban con palabras ofensivas. Además, algunos hasta les lanzaban pequeñas piedras contra estas pobres personas desafortunadas, llamándolos “locos”, palabra que hacía aumentar la separación social y psicológico de la “gente normal”. Los enfermos mentales eran considerados peligrosos, en grado de poner en peligro a las personas y que les podían hacer daño. 

Cuando era joven, en mi ciudad natal Klaten, en Java Central, las personas enfermas mentales se las llevaba a la clínica de Dangurang, en el distrito de Wedi. En este lugar los pacientes eran encerrados en celdas con barrotes de hierro o hasta atados con cadenas u otras cosas. En las zonas rurales, donde la pobreza es muy difundida, la situación era aún peor. Todos los enfermos mentales eran encadenados, para que no molestaran o que pudiesen hacer daño a los demás. Esta práctica está aún muy difundida en las zonas rurales si bien el número disminuyó. El país hizo algunos pasos en adelante respecto a los derechos humanos y la gente inicia a tener actitudes más tolerantes.

Tuve la fortuna de encontrar a una persona que tiene una posición diversa en relación con los enfermos mentales. Dorothe Angelique Dolly Pudjowat es una mujer católica que ideó la “Casa de los ángeles”, fundación especial para la cura de las personas enfermas y abandonadas. Cuando la visité, Angelique me dijo que la práctica del encadenamiento de los “locos” sucede por tres factores. El primero es que en las zonas rurales las personas no tienen otra elección que poner a estas personas en un lugar seguro. Segundo, la mayor parte de los indonesios no tiene ni la menor idea de qué hacer en estas situaciones ni a quien pedir ayuda, no teniendo suficiente dinero para llevar a los enfermos al hospital. No saben qué es una enfermedad mental. Tercero, la respuesta pública a estas personas es en general negativa, en cuánto se piensa que sean “habitados” por malos espíritus.  

Dolly no completó sus estudios de medicina, pero fundó la “Casa de los ángeles” en el año 2008 en el distrito de Bekasi, a treinta quilómetros al este de Yakarta, donde recibe a los enfermos mentales, víctimas del estigma social. En la Casa, afirma la mujer “todos los pacientes son tratados si preferencias respecto a su pertenencia social, cultural y religiosa”.

Dolly me contó la historia de Tigor, un enfermo mental “descubierto” mientras vivía debajo de un camión, completamente abandonado, sucio e incapaz de comunicar. Después de largas tratativas con el hospital de Bengasi /West Java), Dolly logró hacerlo internar allí, y después de un poco Tigor estuvo en grado de recordar su nombre y el de sus familiares. Después de seis años de abandono, considerado ya como una “persona perdida”, Tigor logró reunirse con su familia.

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