10/03/2014, 00.00
RUSIA-UCRANIA
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La frontera ucraniana, donde Putin, Europa y EEUU arriesgan el fin

de Vladimir Rozanskij
El territorio ucraniano fue siempre disputado y ocupado por polacos, mongoles, rusos. Las pretensiones del zar Putin son demasiado grandes; las propuestas de la Unión europea eran demasiado vacías; los gritos de EEUU demasiados confusos. El fin de las ideologías y de los grandes diseños a favor de la emergencia de los pueblos.

Moscú (AsiaNews)- La palabra rusa u-krania, de la cual deriva la denominación del Estado en alboroto en estos días, significa "al margen", en la frontera. De hecho, antes del ventenio post-soviético que está llegando a su epílogo, cronológico y socio-político, Ucrania como nación independiente jamás existió.

El territorio del antiguo principado de Kiev, tierra madre de los eslavos orientales hoy divididos entre Ucrania, Rusia y Bielorusia, jamás se constituyó como Estado en sí, después de haber sufrido una larga ocupación mongol "el juego tártaro" de los siglos XIII y XV).

En época moderna, después de los tentativos de la gran Polonia de anexarse todos los territorios orientales, Ucrania siempre permaneció como una parte, ciertamente de gran importancia, del imperio ruso antes y soviético después. La parte más occidental (Galicia) quedó siempre en la órbita polaca, y la capital de esta zona, Leópolis, conserva aún hoy, no obstante la larga homologación soviética, los aspectos de una ciudad asbúrgica y mittel-europea, más cerca de Prag y Budapest, que no de Kiev o Moscú.

Por otro lado, es historia reciente la anexión de Crimea a la República soviética de Ucrania, gentil concesión del ucraniano Kruschev a la región nativa, decidida después de orgías a base de vodka. También los territorios orientales, con importantes ciudades como Khar´kov, Donetsk y Dnepropetrovsk, son expresiones de la llamada "pequeña Rusia", esa zona en la cual los rusos enviaban enteras partes de población en tantos modos menos integradas, entre las cuales los hebreos, que a su vez se concentraron alrededor del gran puerto de Odessa, la ciudad de la cual partieron las naves para formar el Estado de Israel.

En definitiva, Ucrania, no es otra cosa que la suma de las contradicciones de la historia rusa, y en buena parte europea. Contradicciones que explotan regularmente en cada cambio de época, como está sucediendo en estos días, con las acostumbradas revueltas y los temores de siempre, del seiscientos hasta hoy. Lo que significa que la entre la época moderna, en realidad no fue siempre capaz de hacerle frente.

Tales contradicciones, en definitiva, son 3:

1)    Europa no tiene conciencia de sí;

2)    Rusia no tiene conciencia de lo que no es

3)    Oriente y Occidente, no conocen sus propios confines

En la crisis ucraniana de estos días, Europa demostró que no sabe quién es, qué quiere y dónde piensa ir. Propuso a Ucrania un modelo de integración débil, lleno de humo e insostenible, como en efecto sucede con los otros Estados que componen la así llamada Unión Europea, y ahora se encuentra una patata caliente que ni idea tiene como agarrar (o no agarrar).

Rusia trató de reafirmar su propia potencia y su propio rol dominante, respecto a un territorio que considera propio como Ucrania y respecto a Europa, de la cual no tienen ninguna consideración. Cada nuevo zar, como hoy Putin, quisiera repetir la marcha de Alejandro I, el vencedor de Napoleón: entrar triunfante a París, haciendo acampar a sobre las avenidas a sus batallones cosacos (ucranianos), e imponer a todos la Santa Alianza en nombre de la Ortodoxia rusa, la única fe verdadera en grado de salvar al mundo.

Pero Putin se tuvo que limitar a retomarse la Crimea, donde por otro lado viven casi solamente rusos, una especie de botella vacía dejada por Kruscev.

Oriente se enfrentó de nuevo con Occidente, en un lugar donde los confines se confunden y se yuxtaponen, como las jurisdicciones de la misma Iglesia Ortodoxa: en Ucrania existe de hecho un metropolita autónomo, uno fiel a Moscú, y un tercero dependiente de Constantinópolis y un cuarto de obediencia papal, además de otros bajo-cismas más bien indescifrables.

El País que es en sí mismo frontera, muestra que no sabe cuál sea el modo de mirar al mundo, y pone al desnudo los conceptos mismos de Occidente y Oriente, contenedores vacíos de ideales y modelos continuamente superados por la historia.

No es realmente Oriente Rusia, como no es realmente Occidente América, en este milenio de globalización que está eliminando todas las certezas y llevando al mundo a las dimensiones indefinidas de las épocas más antiguas. América mira el aclderón ucraniano y europeo sin darse sentido: ¿quién etá con nosotros, y quién está contra nosotros? La división entre los buenos y los malos no funciona más, como ya se vio en Siria y en todas las crisis medio-orientales; por otra parte, habría sido suficiente la lección afgana de fines del S. XIX, donde América apoyó con entusiasmo el "combatiente por la libertad", Osama Bin Laden...

En la revuelta ucraniana termina el sueño de Putin: el de restaurar la Unión Soviética, purificada de la ideología soviética, en nombre de la Santa Ortodoxia. Termina también la hipocresía de Europa, la casa de todos los pueblos, en la cual no se logra entrar, y que quien está adentro no logra salir.

Termina también el sueño americano, el de trazar en todo el mundo los confines del Far West y cerrar a todos los indios en las reservas.

Y quizás podrá iniciar el tiempo de los hombres y de los pueblos, que en Ucrania, tierra de orígenes y confines, reencuentran el deseo de escribir solos su propia historia.

 

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