11/09/2018, 18.54
RUSIA
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La secular controversia sobre el primado en la Ortodoxia

de Stefano Caprio*

El Patriarcado de Moscú se niega a entablar cualquier discusión en torno a la “facultad para la toma de decisiones” en la Iglesia, e insiste sobre la intocabilidad del criterio del “territorio canónico”, en virtud del cual cada uno es dueño de su propia casa.

Moscú (AsiaNews) – La reacción resentida de Moscú ante el nombramiento de dos “exarcas” patriarcales, enviados a Ucrania por parte de Constantinopla, no son sino un nuevo capítulo de una saga de sabor medieval, que hace meses viene desarrollándose en el triángulo Constantinopla-Moscú-Kiev. Se trata de una expresión muy directa y explícita de una de las mayores controversias de toda la historia de la Iglesia: la que se refiere al primado, o para expresarla en términos más laicos, aquella referida a la “facultad para la toma de decisiones” en la Iglesia.

En la última década, más de una vez se tuvo intención de reanudar una reflexión general sobre este tema, en varios encuentros ecuménicos internacionales. El 13 de octubre de 2007, la Comisión para el diálogo teológico entre católicos y ortodoxos redactó un texto sobre “Comunión, facultad conciliatoria y autoridad”, en el cual se proponía un análisis del ejercicio de la autoridad de la Iglesia desplegado en tres niveles: a nivel local, regional y universal. De esta manera, se quería evitar ceñir la discusión al tema del papado romano, fuente de cismas y discrepancias en todo el segundo milenio cristiano.

El texto elaborado en Ravena quedó en suspenso por el rechazo de la delegación rusa, que se negó a suscribirlo, temiendo que “el principio occidental del papismo terminara extendiéndose a la Iglesia de Oriente”, un tema sobre el cual supo expresarse en su momento quien encabezaba la delegación de Moscú, el metropolita Hilario (Alfeev). La polémica de los últimos días en torno a la auto-cefalia ucraniana, confirma que la aversión de los rusos no se fundaba solamente en cuestiones de principio, sino que también se refería a objetivos muy concretos.

La discusión sobre el primado no se ha podido reanudar, ni siquiera encarada como una simple revisión y estudio de los testimonios y textos del primer milenio de la Iglesia Unida, como había sido propuesto por miembros griegos de la Comisión mixta. Los ortodoxos rusos han insistido sobre la intocabilidad del criterio del “territorio canónico” -en virtud del cual cada uno es dueño de su propia casa- y sobre la necesidad de inclinar los contactos ecuménicos hacia una vertiente más caritativa y cultural, evitando las cuestiones dogmáticas y eclesiológicas.

Ucrania siempre ha sido considerada por los rusos como parte de su “territorio canónico”, a pesar de la separación política que devino tras la caída del comunismo, dando vida a una nación independiente que jamás había existido antes. Por otra parte, los territorios que conforman la actual República de Ucrania siempre fueron muy inciertos y estuvieron sumamente disputados desde los tiempos de la invasión mongola (siglo XIII) y con el enfrentamiento entre el reino de Lituana-Polonia y la Rusia moscovita, que duró casi cinco siglos, desde el 1400 al 1700. Los territorios que rodean las dos márgenes del río Dniéper recién fueron sometidos definitivamente con la llegada de las políticas imperiales de Pedro El Grande y Catalina II, y el territorio del Estado polaco quedó desmembrado en más de una oportunidad.

El sueño de una Ucrania independiente renació a mediados del siglo XIX, inspirado por la lírica del gran poeta ucraniano Taras Shevchenko, que a raíz de ello tuvo que pasar la mitad de su vida confinado en Siberia, pudiendo regresar sólo dos veces a su tierra natal. La naturaleza misma de los habitantes de aquellos territorios, llamados con tantos nombres dependiendo del patrón de turno (Volynia, Galitzia, Pequeña Rusia son los más clásicos), siempre ha manifestado una irreprimible sed de libertad e independencia, como en los campamentos Cosacos, los verdaderos padres de la Ucrania moderna. El famoso atamán Bogdan Chmel’nickij, que a mediados del Siglo XVII formó el primer movimiento a favor de la autonomía ucraniana, terminó por entregar sus tierras al zar, con tal de liberarse del yugo del rey polaco.

Incluso a nivel eclesiástico, las tensiones pueden remontarse hasta el antiguo reino de la Rus’ de Kiev, fundada en el año 988 por el príncipe Vladimir, con el Bautismo de obediencia bizantina. Treinta años después, su hijo, Yaroslav El Sabio, fue el primero en nombrarse metropolita local, sin esperar el envío del titular proveniente de Constantinopla: en reiteradas ocasiones, el Patriarcado ecuménico, incluso después de caer bajo el yugo otomano, tuvo que restablecer su propia primacía sobre Kiev y sobre la mismísima Moscú. El último greco fue el metropolita Isidoro de Kiev, que en 1439 firmó el Concilio de Florencia y la bula de Unión con el Papa; a su regreso a Moscú, fue encarcelado de inmediato, para luego ser expulsado por el zar. Desde entonces, Moscú no quiso sentir hablar más de dependencia de grecos.

La Unión de Brest del año 1596, que volvió a llevar a los ortodoxos ucranianos a la comunión con Roma, fue por tanto una respuesta a la proclamación del Patriarcado de Kosc, extraída por Constantinopla con métodos decididamente poco “ortodoxos”, pero a fines del siglo XVI, la jurisdicción de Kiev pasó nuevamente al control del patriarca moscovita, y es a ésta decisión que Kirill se refiere, cuando cuestiona la decisión de Bartolomé.  

La “guerra de patriarcas” parece dar razón a la doctrina romana del primado absoluto del único pontífice, único modo de evitar ciertas heridas.  Sin embargo, el actual Papa, Francisco, está intentando de diversas maneras rescatar el valor de la autonomía de las Iglesias locales,  considerando el absolutismo romano como una herencia del pasado a la cual ha de renunciarse al menos parcialmente.   Quizás, la gran lucha por Ucrania conducirá a un nuevo y dramático cisma de la Iglesia en Oriente, como temen los rusos, pero también podría devenir la base para una renovación en la comunión, de toda la Iglesia universal.  

 

*Docente de Historia de la Filosofía Rusa en el Instituto Pontificio Oriental 

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