Las relaciones entre Moscú y Ereván tras la victoria de Pashinyan
La decisión proeuropea del electorado en las elecciones del 7 de junio vino acompañada de la elección del mayor número de diputados prorrusos desde 2018. No obstante, Putin pretende influir en la política del primer ministro, con quien mantiene abiertos los canales de comunicación. Y las propias encuestas indican que los armenios no quieren que la asociación con Bruselas vaya en detrimento de Moscú.
Ereván (AsiaNews) - A pesar de las intensas presiones de Rusia, Nikol Pashinyan ha ganado las elecciones parlamentarias del 7 de junio en Armenia: el país ha tomado una decisión clara a favor de Occidente, y no de Rusia. Sin embargo, según el periodista independiente Aleksandr Atasuntsev, del centro Carnegie, no hay que exagerar el alcance del fracaso ruso: los partidos prorrusos han obtenido, de todos modos, su mejor resultado desde 2018, y tras su victoria, el primer ministro armenio felicitó a Putin con motivo del Día de Rusia y anunció que le visitará próximamente.
La presión ejercida por Rusia sobre Armenia antes de las elecciones tenía al menos dos objetivos: en primer lugar, al prohibir diversos tipos de importaciones armenias, Moscú quería asustar a los votantes armenios con las consecuencias negativas de perder el mercado ruso. No es casualidad que las restricciones a las importaciones se centraran principalmente en los productos agrícolas armenios: la intención era afectar a los votantes de las provincias dedicados a la producción agrícola, entre los que Pašinyan goza de mayor popularidad que entre los habitantes de las ciudades. En la capital, el partido del primer ministro obtuvo algo más del 40 % de los votos, mientras que en las regiones se acercó al 60%.
El segundo objetivo de Rusia era influir directamente en Pashinyan, un objetivo a más largo plazo que incluye amenazas de suspender el acuerdo sobre el gas si Armenia continuaba con su integración europea, así como una declaración conjunta de los países de la Unión Económica Euroasiática (EAEU) en la que se pedía un referéndum en Armenia a favor o en contra de la adhesión a la Unión Europea. Al formular esta última petición en términos colectivos, Moscú intentó presentarse como más interesada en la economía que en la política, y subrayar que no era solo Moscú quien pedía a Ereván que tomara una decisión, sino toda la EAE, donde las decisiones clave se toman formalmente por consenso. Además, el Kremlin quería que el debate sobre el referéndum sirviera para desenmascarar la retórica prointegración europea de Pašinyan como un plan tortuoso, en el que se engaña a los votantes con vagas promesas de beneficios, mientras que los riesgos y los costes se mantienen ocultos.
Incluso en Moldavia, que está mucho más cerca de Europa, el margen de victoria de la UE en un referéndum similar celebrado hace un año y medio fue muy reducido, por lo que el Kremlin tenía todas las razones para esperar que la votación en Armenia fracasara por completo. No obstante, y a pesar del amenazante alboroto con el que Moscú ha impuesto prohibiciones y exigencias a Armenia, las restricciones efectivas no han supuesto hasta ahora pérdidas significativas para Ereván. Se han dejado sentir en algunos sectores, como el de las flores, la fruta y la verdura, donde casi todas las exportaciones se destinan al mercado ruso, pero, en conjunto, todos los productos prohibidos representan solo un par de puntos porcentuales de las exportaciones armenias, y aun estos pocos porcentajes se limitan a productores concretos de coñac o, por ejemplo, de albaricoques, cuya temporada aún no ha comenzado.
Moscú, naturalmente, podría seguir aumentando la presión tras las elecciones, y dispone de muchos instrumentos para hacerlo, pero «no está claro qué ventajas obtendría de ello», explica Atasuntsev, sobre todo porque Armenia, a pesar de la asimetría en las relaciones, cuenta con muchos medios para responder a la escalada. La creciente presión empujará a Ereván no solo hacia la Unión Europea, sino también hacia Turquía, que compite cada vez más con Rusia por la influencia en el Cáucaso Meridional.
Tras las elecciones, a Rusia no le tiene mucho sentido seguir manteniendo las restricciones ya impuestas a Armenia, que a largo plazo causarán más perjuicios que beneficios, y ya al cabo de solo un par de semanas su efecto ha sido negativo para Moscú. La UE ha anunciado ayudas financieras a Ereván y la suspensión temporal de los aranceles aduaneros sobre las frutas y verduras armenias.
Además, tras las elecciones, el Kremlin ha adquirido otras herramientas para influir en Ereván: a raíz de la votación en el Parlamento, la oposición prorrusa se ha reforzado notablemente y, por primera vez desde que llegó al poder en 2018, el partido de Pashinyan no contará con mayoría cualificada.
Los dirigentes rusos aún no incluyen a Pashinyan entre los políticos más odiados, como Mijaíl Saakashvili, Volodímir Zelenski o Maia Sandu. Solo en 2025, el primer ministro armenio se reunió con Putin en persona en dos ocasiones, y de nuevo en 2026, durante una visita de trabajo al Kremlin. Esto no significa que vayan a desaparecer los conflictos en las relaciones entre Armenia y Moscú: el «desvío» del país hacia Occidente parece ya irreversible y, según una encuesta realizada en mayo por el Instituto Republicano Internacional, el 75 % de los armenios está a favor de la integración europea. Pero, al menos por ahora, la mayoría también considera que Ereván no debe desarrollar sus relaciones con Bruselas en detrimento de su asociación con Rusia, lo que hace que la reducción de las tensiones sea un objetivo atractivo para ambas partes.
24/04/2018 11:34
12/11/2018 09:43
11/12/2020 10:17
