León XIV desde Bamenda: 'No a un mundo que saquea recursos y los invierte en armas'
El Papa hizo escala hoy en la región anglófona del suroeste de Camerún, escenario de una guerra olvidada que ha provocado, también en esta región de África, miles de muertos, destrucción y más de un millón de refugiados. En el encuentro por la paz con la comunidad local, el pontífice alentó a quienes trabajan por la reconciliación, contraponiéndolos a los señores de la guerra: “Mirémonos a los ojos: ya somos un pueblo inmenso”.
Bamenda (AsiaNews) – “Es una alegría para mí estar entre ustedes en esta martirizada región”. El saludo que hoy dirigió el Papa León en la catedral de San José, donde se celebró el Encuentro por la Paz con la comunidad de Bamenda, llegó directamente al corazón de una herida abierta: el conflicto que desde hace diez años está asolando esta región y a la vecina del Suroeste.
Se la conoce como la “crisis anglófona”, porque se refiere a la parte de Camerún que fue asignada a Gran Bretaña después de la Primera Guerra Mundial y que posteriormente se unificó con los territorios bajo el control de Francia. Sin embargo, esta unión siempre ha dejado a la población anglófona en condiciones de marginación y exclusión. El descontento de la población se tradujo en oposición política y, tras la brutal represión de las manifestaciones populares de 2016, en lucha armada. En 2017 los secesionistas proclamaron el nacimiento de la República Federal de Ambazonia, no reconocida internacionalmente y profundamente dividida entre diversos grupos. El conflicto ha provocado miles de muertos, cientos de aldeas destruidas y más de un millón de refugiados en la vecina Nigeria. Actualmente, hay cerca de 500.000 personas desplazadas dentro del territorio. Durante casi cinco años las escuelas permanecieron cerradas y unos 700.000 niños abandonaron los estudios. Las estructuras e infraestructuras fueron destruidas; algunas carreteras y el aeropuerto han sido restaurados y reabiertos tras muchos años, precisamente en vista del viaje papal. Actualmente la situación es más tranquila, pero no está del todo pacificada, ya que algunas agrupaciones todavía se niegan a abandonar la lucha armada y otros grupos aprovechan la inestabilidad para cometer crímenes y secuestros.
Para la población de Bamenda y de toda la zona anglófona de Camerún, la visita del Papa es una bendición y una enorme fuente de esperanza. Pero incluso desde aquí, el Papa León XIV ha lanzado un enérgico llamamiento a la paz dirigido a todo el mundo.
“Qué hermosos son los pies de todos ustedes, polvorientos por esta tierra ensangrentada, pero fecunda, por esta tierra ultrajada, pero rica en vegetación y generosa en frutos —dijo el pontífice—. Son los pies que los han traído hasta aquí y que, a pesar de las pruebas y los obstáculos, los han mantenido en los caminos del bien. Les doy las gracias, porque —¡es verdad!— estoy aquí para anunciar la paz, pero inmediatamente descubro que son ustedes quienes me la anuncian a mí y al mundo entero. De hecho, como acaba de recordar uno de ustedes, la crisis que ha asolado estas regiones de Camerún ha acercado más que nunca a las comunidades cristianas y musulmanas, hasta el punto de que sus líderes religiosos se han unido y han fundado un Movimiento por la Paz, a través del cual intentan mediar entre las partes enfrentadas. ¡En cuántos lugares de la tierra desearía que esto ocurriera! ¡Bienaventurados los que trabajan por la paz!”.
Y añadió, a modo de advertencia que evidentemente trasciende los límites de esta región: “¡Ay, en cambio, de aquellos que someten las religiones y el nombre mismo de Dios a sus propios objetivos militares, económicos y políticos, arrastrando lo que es santo a lo más sórdido y tenebroso!”.
En su bienvenida al pontífice, el arzobispo de Bamenda, Andrew Nkea Fuanya, señaló que se habían reunido en la catedral para esperarlo, en un clima festivo y conmovido, “jefes tradicionales, hermanos y hermanas de las Iglesias protestantes, miembros de la religión islámica, sacerdotes, religiosos, catequistas, seminaristas y fieles laicos de Cristo”, que han compartido esta crisis. “Santo Padre, usted ha venido a visitarnos en un momento en que el pueblo de esta provincia eclesiástica más necesita su presencia y consuelo. Hemos visto mucho sufrimiento en los últimos ocho años. Mucha de nuestra gente ha sufrido enormemente debido a una situación que no había creado, y hay miles de personas desplazadas dentro del país o que han huido como refugiados. Los comercios se cerraron y durante casi cuatro años no se permitió a nuestros hijos ir a la escuela. Los niños han sido utilizados como cebo para enfrentamientos y motivos políticos. Numerosos sacerdotes, religiosos e incluso obispos de esta provincia han sido perseguidos, golpeados, secuestrados e incluso asesinados en este conflicto, y sin embargo, la Iglesia continúa llevando el mensaje del Evangelio como un faro de esperanza en medio de un pueblo traumatizado”.
El imán Mohamad Abubakar de la mezquita central de Buea recordó que la comunidad musulmana también ha sido víctima de asesinatos, saqueos, robo de ganado y ataques a mezquitas. “Damos gracias a Dios porque esta crisis no ha degenerado en una guerra religiosa y seguimos esforzándonos por amarnos unos a otros a pesar de nuestras diferentes religiones”. El reverendo Fonki Samuel Forba, moderador emérito de la Iglesia Presbiteriana en Camerún, destacó por su parte el compromiso de los responsables religiosos que, bajo la guía del arzobispo de Bamenda, dialogaron con numerosos líderes separatistas, intentando “iniciar un diálogo con los combatientes para convencerlos de que la paz es mejor que la guerra y que la guerra nunca puede resolver verdaderamente ningún conflicto”. “Santo Padre —añadió—, esta crisis anglófona es una de las crisis olvidadas del planeta, pero ha sido llevada a la atención del Vaticano y el Vaticano incluso ha estado dispuesto a facilitar el diálogo entre las facciones en guerra”.
En el Encuentro por la Paz, resultaron muy conmovedores los testimonios de las víctimas y de quienes intentan estar a su lado para aliviar su dolor y sanar sus heridas. Una familia de desplazados relató cómo fueron atacados y obligados a huir: “Cinco vecinos míos fueron asesinados, y también uno de mis amigos más queridos. Mientras nosotros éramos blanco del fuego de los separatistas, los soldados del gobierno prendían fuego a las casas. Huí con mi familia, abandonando todo lo que tenía”. La Hna. Carine Tangiri Mangu, de las Hermanas de Santa Ana, compartió la traumática experiencia del secuestro que vivió con otra hermana de su congregación: “Estas son las condiciones en las que muchas mujeres consagradas realizan su trabajo y viven en esta zona de guerra”. A pesar de todo, ella, como muchas otras, sigue adelante con su compromiso pastoral y el apoyo psicosocial a las personas que han sufrido traumas: “Su presencia aquí -dijo- es un fuerte aliento para nosotros, que desempeñamos nuestro apostolado en circunstancias muy difíciles”.
El Papa León utilizó la metáfora del “aceite que se derrama sobre las heridas humanas” para aliviar el dolor y agradeció a todos —en particular a las mujeres, laicas y religiosas— “que cuidan a las personas traumatizadas por la violencia. Es una tarea inmensa, invisible, cotidiana y expuesta al peligro”. Y añadió, haciendo una referencia que también en este caso supera inevitablemente las fronteras de Camerún: “Los señores de la guerra fingen ignorar que basta un instante para destruir, pero a menudo no alcanza una vida para reconstruir. Fingen no ver que se necesitan miles de millones de dólares para matar y devastar, pero no se encuentran los recursos necesarios para sanar, educar, reconstruir. Los que saquean los recursos de vuestra tierra, por lo general invierten buena parte de los beneficios en armas, en una espiral de desestabilización y de muerte sin fin. Es un mundo al revés, una distorsión de la creación de Dios que toda conciencia honesta debe denunciar y repudiar, optando por ese giro radical —la conversión— que conduce en la dirección opuesta, por la senda sostenible y rica de la fraternidad humana. ¡El mundo es destruido por unos pocos poderosos y se mantiene en pie gracias a una miríada de hermanas y hermanos solidarios!”.
El discurso del Papa concluyó con un fuerte aliento a todos aquellos —“incalculables como las estrellas del cielo y los granos de arena a la orilla del mar”— que llevan adelante "sendas de paz y de reconciliación”. “Mirémonos a los ojos: ¡ya somos este pueblo inmenso! La paz no es algo que se inventa, sino que se acoge, acogiendo al prójimo como hermano y como hermana. Somos una sola familia y habitamos la misma casa, este maravilloso planeta que las antiguas culturas han cuidado durante milenios”. Y recordando al Papa Francisco, invitó a todos a “caminar juntos, cada uno en su propia vocación, ensanchando los límites de nuestras comunidades, con la concreción de quien comienza desde su trabajo local para llegar al amor al prójimo, sea quien sea y esté donde esté. ¡Esa es la revolución silenciosa de la que ustedes son testigos! ¡Sigamos adelante sin cansarnos, con valentía, y sobre todo juntos, siempre juntos!”.
10/05/2025 14:10
