León XIV en Pascua: 'La victoria del Resucitado es no violenta: depongamos las armas'
El mensaje Urbi et Orbi del pontífice en el día de la resurrección de Jesús. En un contexto en el que la guerra se hace sentir en todas partes, este año el pontífice no ha mencionado lugares concretos, sino que ha invitado a reflexionar sobre la "fuerza verdadera" que reconcilia a la humanidad saliendo de la indiferencia. Convocó a una vigilia especial de oración por la paz que él mismo presidirá el 11 de abril en la basílica de San Pedro.
Ciudad del Vaticano (AsiaNews) - La Pascua es la victoria de la no violencia. La victoria de quien no impone su dominio, sino que renuncia a las armas en favor de una paz construida con el diálogo, dijo hoy el Papa León XIV en su mensaje Urbi et Orbi al mundo herido por la guerra. El Pontífice habló desde la logia de las Bendiciones de la basílica de San Pedro en el Vaticano, en el día en que la Iglesia anuncia con alegría, incluso entre las lágrimas y los escombros de los bombardeos, la noticia siempre nueva de la resurrección de Jesús.
En los campos de batalla y en las consecuencias que tiene en la vida de las personas, las guerras de hoy afectan a todo el mundo. Quizás por eso el Papa, en su mensaje para la Pascua 2026, ha optado por no mencionar específicamente ninguna de las situaciones de conflicto que atraviesan el mundo actual, como tradicionalmente suele hacer en esta ocasión. Tierra Santa, Irán, Líbano, Myanmar, Sudán, Haití: los ha recordado muchísimas veces en el Ángelus y en las audiencias generales de las últimas semanas. En el día del anuncio de Cristo resucitado, dirigiéndose al mundo entero, ha preferido en cambio señalar un tema que es común a todos ellos. Y ha convocado también a una vigilia especial de oración que él mismo presidirá en la basílica de San Pedro el próximo sábado, 11 de abril, para “hacer oír el grito de paz que brota del corazón”.
La Pascua es una victoria, recuerda el pontífice citando las palabras de la Secuencia, el antiguo himno que la Iglesia católica canta en este día. Victoria es también la palabra que quien elige el camino de la guerra anhela pronunciar. Pero la que anuncia el Resucitado es una victoria diferente: “de la vida sobre la muerte, de la luz sobre las tinieblas, del amor sobre el odio”.
¿Cómo venció Jesús? ¿En qué consiste el poder que le permitió resucitar de entre los muertos, no para regresar a la vida anterior, sino para entrar en la vida eterna? “Esta fuerza, este poder – recordó el Papa - es Dios mismo, Amor que crea y engendra, Amor fiel hasta el final, Amor que perdona y redime. Cristo, nuestro «Rey victorioso», combatió y ganó su batalla mediante la entrega confiada a la voluntad del Padre, a su plan de salvación (cf. Mt 26,42). De este modo recorrió hasta el final el camino del diálogo, no sólo con las palabras, sino con los hechos: para encontrarnos a nosotros, los perdidos, se hizo carne; para liberarnos a nosotros, los esclavos, se hizo esclavo; para darnos vida a nosotros, los mortales, se dejó matar a manos de sus verdugos en la cruz”.
Esta es la fuerza de Cristo, “totalmente no violenta”. La fuerza del “grano de trigo que, al morir en la tierra, crece, se abre paso entre los terrones, brota y se convierte en una espiga dorada”. “La de un corazón humano que, lastimado por una ofensa, rechaza el instinto de venganza y, lleno de bondad, reza por quien le ha ofendido. Hermanos y hermanas – amonestó León XIV - esta es la verdadera fuerza que trae la paz a la humanidad, porque genera relaciones respetuosas a todos los niveles: entre las personas, las familias, los grupos sociales y las naciones. No busca el interés particular, sino el bien común; no pretende imponer su propio plan, sino contribuir a diseñarlo y a ponerlo en práctica junto con los demás”.
La victoria de la Pascua es una victoria que pone en juego nuestra libertad: “Frente al sepulcro vacío – observa Prevost - podemos llenarnos de esperanza y asombro, como los discípulos, o de miedo, como los guardias y los fariseos, obligados a recurrir a la mentira y al engaño para no reconocer que aquel que había sido condenado verdaderamente ha resucitado”. Por eso dijo: “¡Dejemos que su inmenso amor por nosotros nos transforme el corazón! ¡Que quienes tienen armas en sus manos las abandonen! ¡Que quienes tienen el poder de desatar guerras, elijan la paz! No una paz impuesta por la fuerza, sino mediante el diálogo. No con la voluntad de dominar al otro, sino de encontrarlo”.
Es una Pascua que, más que nunca, este año viene para sacudirnos. Un año después de su despedida precisamente en el día del Resucitado, León XIV recuerda las palabras que tantas veces repitió el Papa Francisco sobre la “globalización de la indiferencia”. “Nos estamos acostumbrando a la violencia - observa -, nos resignamos a ella y nos volvemos indiferentes. Indiferentes ante la muerte de miles de personas. Indiferentes ante las secuelas de odio y división que siembran los conflictos. Indiferentes ante las consecuencias económicas y sociales que estos desencadenan y que, sin embargo, todos percibimos”.
Pero el Papa León invita a ir a la raíz de esta actitud. “Todos tenemos miedo a la muerte y, por miedo, miramos hacia otro lado, preferimos no mirar”, reconoce. Y, en respuesta, cita un gran consejo de san Agustín: “Si el morir te causa espanto, ama la resurrección”, decía este gran Padre de la Iglesia. “Amemos también nosotros la resurrección - exhorta Prevost -, que nos recuerda que el mal no tiene la última palabra, porque ha sido vencido por el Resucitado. Él atravesó la muerte para darnos vida y paz”. Una paz que “no se limita a silenciar las armas, sino que toca y transforma el corazón de cada uno de nosotros”. Y por eso llama a todos a una “conversión a la paz de Cristo”.
Y este es también el sentido de convocar a una vigilia de oración para el 11 de abril: “En este día de fiesta - dijo el Papa - dejemos a un lado toda voluntad de disputa, de dominio y de poder, e imploremos al Señor que conceda su paz al mundo asolado por las guerras y marcado por el odio y la indiferencia, que nos hacen sentir impotentes ante el mal. Al Señor encomendamos todos los corazones que sufren y esperan la verdadera paz que sólo Él puede dar - concluyó -. ¡Confiemos en Él y abrámosle nuestro corazón! Sólo Él hace nuevas todas las cosas”.
01/04/2018 12:54
25/12/2025 13:31
10/05/2025 14:10
