Libaneses indignados contra el encarecimiento de la gasolina y el aumento del IVA
Ira y descontento generalizado por la reciente decisión del Consejo de Ministros. Acusan de adoptar medidas populistas al primer ministro y al ministro de Finanzas. El IVA pasa al 13%, el precio del combustible aumenta unos 3,5 dólares por cada 20 litros. El Ejecutivo considera que son medidas "indispensables", mientras los sindicatos anuncian una lucha.
Beirut (AsiaNews) - “Paso en falso”; “parche”; “medidas inflacionarias”: tras la reunión del Consejo de Ministros del pasado 17 de febrero que decidió el aumento de los precios de la gasolina y del IVA (Impuesto al Valor Agregado), el descontento se ha extendido en el Líbano, tanto en círculos políticos y sindicales como entre la población. “Estoy desconcertado, nunca hubiera creído que Nawaf Salam y Yassine Jaber recurrirían a medidas tan fáciles y populistas. Lo que nos dan con una mano, lo quitan con la otra”, exclamó a AsiaNews un funcionario jubilado que pidió permanecer en el anonimato.
El IVA se ha incrementado en un punto, pasando del 12 al 13%. El precio de la gasolina ha subido 300 mil libras libanesas por cada 20 litros (unos 3,4 dólares). El objetivo del Ejecutivo es recaudar 800 millones de dólares para cubrir un aumento suplementario equivalente a seis veces el salario básico de todos los funcionarios públicos, cuyas pensiones y salarios se desplomaron con la crisis económica de 2019.
El número de funcionarios afectados es de 330 mil, una cifra considerable que incluye, entre otros, a las fuerzas armadas. Bajo la estrecha vigilancia del Fondo Monetario Internacional (FMI), el gobierno de Beirut ha elegido la vía más fácil, aplicando impuestos indirectos generalizados a toda la población, sin atreverse a violar la rígida directiva de la institución internacional: ningún compromiso de gasto sin garantía de ingresos equivalentes.
Es sabido que la moneda libanesa ha perdido más del 90% de su valor desde 2019 y que desde entonces los bancos del país son insolventes. Una disputa sin fin —y un aluvión de acusaciones— enfrenta a los banqueros con el Banco Central, y a este con el Estado, por la responsabilidad de este fracaso que ha causado la pérdida de decenas de miles de millones de dólares de fondos privados de los titulares de cuentas.
Los sindicatos del transporte han sido los primeros en protestar contra un aumento que repercutirá en todos los bienes que requieren transporte: alimentos y de otro tipo. El precio de 20 litros de gasolina súper (98 octanos) ha subido a 22 dólares. El gobierno se había comprometido a conceder los aumentos sobre todo bajo la presión de los jubilados de las fuerzas armadas, que habían amenazado con paralizar el país si no se atendían sus demandas. Sin embargo, nadie habría imaginado que un gobierno considerado en cierta forma salvador de la patria y reformador recurriría a los impuestos indirectos para salir del apuro.
La defensa de Salam y Jaber
El primer ministro Nawaf Salam y el ministro de Finanzas Yassine Jaber defendieron la decisión del gobierno. Jaber afirmó que estos aumentos eran “indispensables” y recordó que los productos alimenticios de primera necesidad están exentos del incremento. Contra toda lógica, argumentó que el IVA afectaría solo a las categorías acomodadas. En un comunicado, por su parte, la asociación de consumidores subrayó con claridad que el aumento del IVA y la imposición de un impuesto especial a la gasolina “hacen recaer sobre los más pobres el peso de políticas económicas y sociales” similares a las que llevaron al país a la catástrofe inflacionaria de 2019.
Salam aseguró que no fue una “decisión fácil”, pero que el Estado necesitaba generar ingresos “ya desde mañana” y que el gobierno, a cambio, había anulado un impuesto especial previo sobre el gasóleo. El argumento es insostenible, porque dicho impuesto por valor de 174 mil libras libanesas (unos 2 dólares, que se introdujo a finales de mayo de 2025), había sido suspendido por el Consejo de Estado a partir de julio del mismo año.
Una solución fácil
La decisión ha sido fuertemente cuestionada incluso dentro del propio Consejo de Ministros. El titular de Industria, Joe Issa el-Khoury, afirmó que los ministros de las Fuerzas Libanesas (FL) criticaron al gobierno por haber elegido “la solución más fácil”, en vez de trabajar para poner fin a la evasión aduanera y fiscal, además de mejorar la recaudación de impuestos. Advirtieron sobre “las repercusiones del aumento de las tasas e impuestos sobre la inflación y la productividad del sector privado”.
El mismo discurso provino de los Kataëb, cuyo líder, Samy Gemayel, pidió “una reforma real e integral del sector público, eliminando los puestos ficticios y reestructurándolo sobre la base de las competencias y la transparencia”. Según datos proporcionados por el diputado Farid Boustany, de los 330 mil empleados estatales, 30 mil son parásitos que no acuden a su trabajo, mientras que se siguen pagando 30 mil salarios a los herederos de funcionarios fallecidos.
Sindicatos en pie de guerra
En todos los ambientes sindicales la ira y el descontento son palpables. En estas horas, el presidente de la Confederación General de Trabajadores del Líbano (CGTL), Béchara Asmar, ha convocado a toda prisa “una reunión de emergencia para examinar las medidas a adoptar”. Las manifestaciones de furia y los bloqueos de las calles en Beirut y en las entradas norte y sur de la capital fueron rápidamente reprimidos por el ejército libanés, pero es indudable que la imagen del gobierno de Nawaf Salam ha quedado notablemente empañada por estas medidas rápidas, populistas e impopulares.
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