25/02/2026, 15.06
SUDESTE ASIÁTICO
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Los explotados de la industria pesquera: en el sudeste asiático uno de cada cinco migrantes padece trabajo forzado

Un informe de la Organización Internacional del Trabajo revela que el 20% de los pescadores migrantes trabaja en condiciones de explotación. La industria pesquera vale miles de millones de dólares y depende en gran medida de la mano de obra extranjera. Turnos de más de 20 horas al día, retención de documentos y endeudamiento por los gastos de contratación.

 

Bangkok (AsiaNews) – Aproximadamente uno de cada cinco trabajadores del sector pesquero está expuesto a condiciones de trabajo forzado en el sudeste asiático. Un informe publicado ayer por la Organización Internacional del Trabajo documenta que miles de pescadores, en su mayoría migrantes, se encuentran atrapados en sistemas de explotación, deuda y coerción en la industria pesquera de la región. Un sistema institucionalizado en la práctica, favorecido por el aislamiento geográfico, la fragmentación jurídica entre Estados, la presencia de intermediarios en la contratación de trabajadores y la dependencia económica de los migrantes, que crea las condiciones para que prosperen los abusos laborales con relativa impunidad.

El estudio, titulado “Towards fair seas” (Hacia mares justos), se llevó a cabo mediante entrevistas a 1.262 trabajadores migrantes empleados en la pesca y el procesamiento del pescado. Según los resultados, el 13% del total refirió situaciones de coacción y amenaza, sobre todo en caso de abandonar el puesto de trabajo. Ese dato se dispara si se considera exclusivamente el sector de la pesca marítima: el 20% de los pescadores migrantes reporta condiciones que entran en la definición de trabajo forzado, frente a apenas el 0,4% en el sector del procesamiento de pescado en tierra.

La brecha es también de género. Dado que la pesca es un sector casi íntegramente masculino, el fenómeno afecta sobre todo a los hombres, alrededor del 19%, frente al 1% de las mujeres, empleadas principalmente en el procesamiento del pescado. Estos datos ponen en evidencia que el aislamiento en el mar, las escasas inspecciones de las embarcaciones y la naturaleza misma del trabajo hacen que los pescadores sean particularmente vulnerables. Los largos períodos en el mar parecen ser un factor clave: entre los pescadores que permanecen embarcados seis meses o más, más del 34% vivió situaciones de trabajo forzado. El porcentaje cae al 3% con aquellos que permanecen en el mar menos de un mes. Las dimensiones de las embarcaciones también inciden: el trabajo forzado fue detectado en el 28% de los casos en barcos inferiores a las 10 toneladas, frente al 18% en embarcaciones de más de 30 toneladas. Según el informe, por lo tanto, las unidades más pequeñas, menos sujetas a controles estructurados, corren el riesgo de constituir una zona gris de la cadena.

También surgen diferencias según el país de origen. Entre los migrantes entrevistados, el 30% de los indonesios resulta empleado en condiciones compatibles con el trabajo forzado. Siguen los trabajadores provenientes de Myanmar (10%), de Camboya (8%) y de Vietnam (1%). Los países de destino muestran igualmente variaciones significativas: el 25% de los migrantes empleados en Taiwán reporta indicadores de trabajo forzado; la cifra baja al 9% en Tailandia, al 5% en Japón y al 2% en la República de Corea. En China, 28 trabajadores de 51 entrevistados reportaron condiciones compatibles con el trabajo forzado, pero, según los autores del estudio, una muestra tan reducida no permite estimaciones generalizables.

Esta situación se inserta en un contexto más amplio de “déficit de trabajo decente”. El 27% de los trabajadores migrantes entrevistados declaró haber sufrido lesiones graves que requirieron atención médica. El porcentaje crece proporcionalmente cuando aumentan las horas trabajadas: entre los que trabajan más de 20 horas al día, casi el 64% reportó un accidente, mientras que la cifra baja al 20% entre aquellos que trabajan ocho horas o menos.

Los abusos laborales pueden incluir también la sustitución de contratos, la retención de documentos, el endeudamiento para cubrir los gastos de contratación y los retrasos en los pagos. Como sucede en los contextos migratorios caracterizados por la trata de seres humanos, los costos que se pagan a los intermediarios alimentan dinámicas de esclavitud por deuda. Solo el 13% de los migrantes cambió de trabajo durante su estancia en el extranjero, señal de una movilidad extremadamente limitada. Y entre aquellos que cambiaron de empleo, el 74% declaró haber tenido que solicitar el permiso del empleador anterior, un sistema que refuerza las dinámicas de dependencia.

Aún más complicado es el acceso a la justicia. Entre los trabajadores que refirieron situaciones de trabajo forzado, sólo el 33% buscó asesoramiento. Las razones más comunes son el desconocimiento de los canales de ayuda, las barreras lingüísticas y el temor a las represalias. De hecho, ninguno de los entrevistados reportó haber recurrido a las autoridades del país de destino en busca de ayuda. Según las estimaciones del estudio, por lo tanto, si de cada 100 trabajadores migrantes 20 sufren abusos graves, solo 7 buscan ayuda y 4 logran resolver su situación. Por otra parte, sólo el 4% de los migrantes resulta afiliado a un sindicato.

La economía relacionada con el sector de la pesca es estratégica en la región. Si bien hay 61,8 millones de trabajadores empleados en el sector en todo el mundo, en el continente asiático se encuentran 52,7 millones. Solo en los diez países de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) el comercio de productos pesqueros entre Estados miembros y mercados externos alcanza un valor de 13,7 mil millones de dólares al año. El informe también señala que, con el envejecimiento de las poblaciones y la escasez de mano de obra local, la dependencia de trabajadores extranjeros está destinada a crecer. En Tailandia, por ejemplo, las estimaciones indican que el 90% de los pescadores son trabajadores migrantes provenientes sobre todo de Myanmar y Camboya.

La vulnerabilidad, por otra parte, no termina en el mar. Cuando regresan a sus países de origen, el 38% de los trabajadores no puede encontrar un empleo y solo el 8% logra acceder a servicios de reintegración. Casi la mitad (46%) vuelve a casa debido al vencimiento del permiso de trabajo, a menudo sin haber acumulado ahorros suficientes para mejorar su condición socioeconómica en su propio país.

 

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