02/12/2022, 11.06
RUSIA-IRÁN
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Moscú y Teherán, entre la alianza y la competencia

de Vladimir Rozanskij

Los dos "parias" internacionales arman un frente común contra las sanciones occidentales. En el ámbito militar, la cooperación permite a los rusos utilizar drones iraníes en Ucrania. La pieza fundamental es la cooperación energética. Sin embargo, la República Islámica pretende sustituir a Rusia como proveedor de gas para Europa.

Moscú (AsiaNews) - El intento de Occidente de aislar a Rusia con sanciones está revelando ser una gran oportunidad para Irán: por un lado, la República Islámica apoya a Moscú en la "fraternidad de los marginados", y al mismo tiempo se aprovecha de grandes segmentos de mercado que han quedado sin cubrir a causa de estos cambios.

La nueva alianza entre Moscú y Teherán se desarrolla en el ámbito militar, con el suministro de los famosos "drones kamikazes" y otro tipo de armamento muy necesario para el ejército ruso. La cooperación también es muy activa en el ámbito energético: se ha firmado un memorando que prevé una colosal inversión rusa en proyectos de explotación de gas iraní, por valor de 40.000 millones de dólares.

Rusia e Irán ocupan los dos primeros puestos en el ranking mundial de reservas de gas, por lo que su colaboración es vista como un "cártel global del gas". Sin embargo, los grandiosos planes de los dos adversarios de Occidente no son fáciles de realizar, ya que las instalaciones necesarias son muy caras y las sanciones limitan el acceso a las tecnologías y los recursos. Mientras tanto, el "dumping" ruso en la venta de gas -contra cualquiera que pretenda sustituir a Rusia en los mercados europeos- está generando bastantes problemas a Irán, pues sus socios tradicionales esperan descuentos similares.

Teherán aspira a sustituir a los rusos precisamente en las exportaciones a Europa. Este es el principal temor de Moscú, si bien esa reconversión no parece factible a corto plazo -nuevamente, debido a las limitaciones políticas occidentales. El aislamiento de Moscú no implica la exención automática de Irán, considerado desde hace décadas como el "Estado canalla" por excelencia, y frente al cual se preferían las relaciones con Rusia y Qatar. Las sanciones estadounidenses contra los iraníes se refieren precisamente a las tecnologías de licuefacción de gas natural y a la construcción de gasoductos hacia Europa.

Las posibilidades de que Irán se libere de las sanciones se centran principalmente en el acuerdo nuclear, cuyas negociaciones están completamente estancadas. Incluso si la situación se desbloqueara, se necesitarían varios años para preparar las terminales de gas licuado, por no hablar de la construcción de los gasoductos. Sin embargo, existe otra solución, que Teherán ya ha insinuado: podría exportar gas a Omán, que posee la tecnología necesaria, y de esta manera eludir también las sanciones.

Los europeos podrían llegar a acuerdos con el sultán de Mascate para importar el gas iraní, pero incluso en este caso se necesitaría un nuevo gasoducto de 400 kilómetros, que requeriría al menos dos años de obras.

Por tanto, se requiere instaurar una cooperación con Moscú. Hace mucho tiempo que Irán intenta atraer a Rusia a su mercado del gas, pero hasta ahora no se habían concretado proyectos eficaces y la sede de Gazprom en Teherán funcionaba como una oficina de representación. Los rusos temían comprometer su negocio si colaboraban con un país sometido a sanciones, pero ahora la situación ha cambiado. De hecho, en julio de este año se firmó un acuerdo entre Gazprom y la compañía petrolera nacional iraní NIOC.

En los últimos días, el viceministro iraní de Asuntos Exteriores, Mehdi Safari, anunció que el acuerdo ya está en marcha, con 6.500 millones en forma de contratos, aprovechando el momento más crítico para la propia Gazprom, que se ve obligada a pagar enormes tasas ante la caída de las ventas en Europa. Si este año los ingresos han sido muy elevados, debido a la subida de precios, ahora comienza una fase de contracción.

Moscú también quiere exportar gas a Irán a través del gasoducto TAPI (Turkmenistán-Afganistán-Pakistán-India), que aún no está en funcionamiento. La inversión en Irán podría decretar la reducción definitiva de Rusia en los mercados energéticos, en beneficio de Teherán, donde muchos anticipan que podrían obtenerse ganancias fabulosas.

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