17/04/2016, 13.31
VATICANO
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Papa: Nuestra vida está al seguro en las manos de Jesús, por esto no tenemos más miedo

En el Regina Caeli, Francisco subraya la importancia del escuchar, por parte de sus seguidores las palabras de Cristo: “Un escuchar que involucra, que no sea superficial, sino que a tal punto haga posible un verdadero conocimiento recíproco”. Después de la oración mariana, el pontífice agradece a quienes lo acompañaron con la oración en su visita a Lesbos, con el Patriarca Bartolomé y el arzobispo Jerónimo: “La unidad en la caridad de todos los discípulos del Señor”. El Papa cuenta la historia de un joven musulmán, al cual los terroristas le degollaron a su esposa porque era cristiana: “Es una mártir y él lloraba”. Una oración también por las víctimas de los terremotos en Japón y Ecuador.  

Ciudad del Vaticano (AsiaNews)- Nadie puede decirse seguidor de Jesús si no presta atención a su voz: “Y este “escuchar” no va entendido en modo superficial, sino que involucra, a tal punto que llega a hacer posible un verdadero conocimiento recíproco del cual puede surgir una secuela generosa”. Aquellos que escuchan están salvados: “Nuestra vida está realmente al seguro en las manos de Jesús y del Padre, que son una cosa sola: un único amor, una única misericordia, revelados una vez para siempre en el sacrificio de la cruz”. Lo dijo esta mañana el Papa Francisco antes de la plegaria mariana de la Regina Caeli.

Comentando el Evangelio de Juan, en el pasaje que narra la fiesta de la dedicación del templo de Jerusalén, el pontífice subraya que Jesús “se presenta como el “Buen Pastor” y dice: “Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy la vida eterna y no se perderán en eterno y nadie las sacará de mi mano”. Estas palabras nos ayudan a comprender que nadie puede decirse seguidor de Jesús si no presta atención a su voz. Y este “escuchar” no va entendido en modo superficial, sino que involucra a uno mismo, a tal punto que hace posible un verdadero reconocimiento recíproco, del cual puede nacer una secuela generosa, expresadas en las palabras “y esas me siguen”. Se trata de un escuchar no sólo con las orejas ¡sino con el corazón!”.

Jesús a través de esta imagen quiere establecer con cada uno de nosotros una estrecha relación: Él es nuestro guía, nuestro maestro, nuestro amigo, nuestro modelo, pero ante todo es nuestro Salvador. De hecho la frase sucesiva del pasaje evangélico afirma: “Yo doy la vida eterna y no irán perdidas y ninguno las puede quitar de mis manos”. ¿Quién puede hablar así? Sólo Jesús, porque la “mano” de Jesús es un sola con la mano del “Padre” y el Padre es “más grande que todos”.

Estas palabras “nos comunican un sentido de absoluta seguridad y de inmensa ternura. Nuestra visa está plenamente al seguro en las manos de Jesús y del Padre, que son una cosa sola: un único amor, una única misericordia, revelados una vez por todas y para siempre en el sacrificio de la cruz. Para salvar a la las ovejas descarriadas, que somos todos nosotros, el Pastor se hizo cordero y se dejó inmolar para tomar sobre sí y quitar el pecado del mundo”.

Por esto no tenemos más miedo: subraya Francisco que “vuestra vida ya está salvada de la perdición. Nadie ni ninguno podrá sacarnos de las manos de Jesús, porque nadie ni ninguno puede vencer su amor. El amor de Jesús es invencible. El maligno, el gran enemigo de Dios y de sus criaturas trata en diversos modos de quitarnos la vida eterna. Pero el maligno nada puede si no somos nosotros los que le abrimos la puerta de nuestra alma, siguiendo sus adulaciones engañadoras”.

Enseguida, después de la plegaria mariana, Francisco agradece a “cuántos lo acompañaron con la oración durante la visita que realizó ayer a la isla de Lesbos, en Grecia. A los refugiados y al pueblo griego he llevado la solidaridad de la Iglesia. Estaban conmigo el patriarca ecuménico Bartolomé y el arzobispo Jerónimo de Atenas y toda Grecia, significando la unidad en la caridad de todos los discípulos del Señor. Hemos visitado uno de los campos de refugiados que provenían de Irak, Afganistán, Siria y de África…de tantos países. Hemos saludado a casi unos trescientos de estos refugiados, uno por uno. Los tres, el patriarca Bartolomé, el arzobispo Jerónimo y yo. Muchos de ellos eran niños, algunos de éstos asistieron a la muerte de sus padres y de sus compañeros. Muchos se ahogaron en el mar. ¡Vi tanto dolor! Quiero contarles un particular: un  joven, no tiene ni siquiera cuarenta años, lo encontré ayer, estaba con sus dos hijos: él es musulmán y me contó que estaba casado con una muchacha cristiana. Se amaban y se respetaban recíprocamente. Pero lamentablemente esta muchacha fue degollada por los terroristas porque no quiso renegar a Cristo y abandonar su fe. Es una mártir. Y ese hombre lloraba tanto”.

Esta noche, agrega el Papa: “un violento terremoto azotó a Ecuador, causando numerosas víctimas y graves daños. Recemos por esas poblaciones; y también por aquellas de Japón, donde también hubieron algunos terremotos en estos días. La ayuda de Dios y de los hermanos les dé fuerza y apoyo”.

Un  pensamiento particular por la Jornada mundial de oración por las vocaciones que se celebra hoy: “Estamos invitados a rezar por las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. Y en esta jornada he ordenado esta mañana a once nuevos sacerdotes. Renuevo mi saludo a los neo-presbíteros, a sus familiares y amigos; e invito a todos los sacerdotes y seminaristas a participar a su Jubileo, en los tres primeros días de junio. Y a vosotros jóvenes, muchachas y muchachos que están en la plaza, piensen si el Seños no os llama a consagrar la vida a su servicio ya sea en el sacerdocio como en la vida consagrada”.

Al final, Francisco expresa su cercanía a “tantas familias preocupads por el problema del trabajo. Pienso en particular a la situación precaria de los trabajadores italianos de los Call Center: les deseo que siempre prevalga la dignidad de la persona humana. Y ¡no los intereses particulares! Les deseo a todos un buen domingo. Y por favor, no se olviden de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta siempre!

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