21/04/2021, 11.34
VATICANO
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Papa: no caer en la soberbia y despreciar la oración vocal

“Las palabras que pronunciamos nos toman de la mano; en algunos momentos nos devuelven el gusto, despiertan hasta el corazón más adormecido; despiertan sentimientos de los que habíamos perdido la memoria. Y sobre todo, son las únicas que, de manera segura, dirigen a Dios las preguntas que quiere escuchar”.

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) - La oración es "diálogo con Dios" y la oración vocal es un "ancla" a la que siempre podemos aferrarnos, y recordemos que cuando los apóstoles lo vieron en oración silenciosa y le preguntaron cómo debían orar, Jesús les enseñó a rezar el Padre Nuestro, en el que "está todo". Por eso “no hay que caer en la soberbia y despreciar la oración vocal, la oración de los sencillos".

La oración vocal fue el tema sobre el cual el Papa Francisco, continuando el ciclo de catequesis sobre la oración, centró su meditación para la audiencia general de hoy, que sigue desarrollándose en la biblioteca privada.

“La oración - dijo - es diálogo con Dios; y toda criatura, en cierto sentido, 'dialoga' con Dios. En el ser humano, la oración se convierte en palabra, invocación, canto, poesía ... La Palabra divina se hizo carne, y en la carne de cada hombre la palabra vuelve a Dios en la oración". En la Biblia se aprende a que “todo salga a la luz de la palabra, que nada humano quede excluido, censurado. Sobre todo el dolor es peligroso si se mantiene cubierto, encerrado dentro de nosotros…. Un dolor encerrado en nosotros, que no puede expresarse, desahogarse, puede envenenar el alma, es mortal".

“La primera oración humana - dijo más tarde Francisco - es siempre una recitación vocal. Los labios siempre se mueven primero. Aunque todos sabemos que rezar no significa repetir palabras, la oración vocal es la más segura y siempre se la puede practicar. Los sentimientos, por nobles que sean, son siempre inciertos: van y vienen, nos abandonan y regresan. No solo eso, también las gracias de la oración son imprevisibles: en algunos momentos abundan las consolaciones, pero en los días más oscuros parecen evaporarse por completo. La oración del corazón es misteriosa y en ciertos momentos desaparece. La oración de los labios, la que se susurra o se recita en coro, está siempre disponible, y es tan necesaria como el trabajo manual”. Y "todos deberíamos tener la humildad de algunos ancianos que en la iglesia, quizás porque su oído ya no es muy fino, recitan en voz baja las oraciones que aprendieron de niños, llenando la nave de susurros". Esa oración no perturba el silencio sino que da testimonio de la fidelidad al deber de la oración que han practicado durante toda la vida, sin que nunca pierda fuerza. Esos orantes de la oración humilde son a menudo los grandes intercesores de las parroquias: son los robles que de año en año extienden sus ramas, para dar sombra al mayor número posible de personas. Sólo Dios sabe cuándo y cuánto su corazón está unido a esas oraciones recitadas. Seguramente esas personas también han tenido que afrontar noches y momentos de vacío. Pero uno siempre puede permanecer fiel a la oración vocal. Es como un ancla". “Las palabras que pronunciamos nos toman de la mano; en algunos momentos devuelven el sabor, despiertan hasta el corazón más adormecido; despiertan sentimientos de los que habíamos perdido la memoria. Y sobre todo, son las únicas que, de manera segura, dirigen a Dios los pedidos que Él quiere escuchar. Jesús no nos dejó en la niebla. Nos dijo: '¡Ustedes cuando recen, digan así!'. Y enseñó la oración del Padre Nuestro (cf. Mt 6, 9) ”.

Y “no tengamos miedo - dijo en el saludo a los fieles de lengua árabe - si las gracias de la oración parecen haberse desaparecido en un momento de oscuridad, sino que insistamos en recitar aunque sea una sencilla jaculatoria cristiana, para que se convierta en parte de nuestra respiración y nos haga percibir la presencia del Reino de Dios aquí, en medio de nosotros”.

 

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