24/09/2022, 15.10
VATICANO
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Papa: no hay economía verdadera sin capital espiritual

En Asís, el Papa se reunió con jóvenes de todo el mundo que participan en la iniciativa "The Economy of Franceco". "¡Cuento con ustedes; no nos dejen tranquilos!". "La polución que mata no es sólo la del dióxido de carbono, la desigualdad también contamina mortalmente". "Sin una estima por los pobres, no se puede combatir la miseria".

Asís (AsiaNews) - Surge una nueva generación de economistas, empresarios y personas de buena voluntad que se ensuciarán las manos para cambiar concretamente una economía enferma. Este es el horizonte que marcó hoy el Papa Francisco al reunirse en Asís con cientos de jóvenes de todo el mundo con motivo de la iniciativa "The Economy of Francesco". El encuentro tiene lugar a tres años de la carta del pontífice invitándoles a este reto. Y, como han demostrado las jornadas de Asís, se ha fomentado una red en la que se comparten cientos de experiencias que tratan de dar vida a una economía que realmente ponga en el centro a la persona, las relaciones y el cuidado de la casa común.

En Asís, Francisco escuchó algunas de estas experiencias contadas por los mismos jóvenes. Uno de los testimonios fue el de Lilly, una activista medioambiental tailandesa de 14 años. Su compromiso hizo que 70 de los principales comercios de su país abandonaran el uso de bolsas de plástico. Y luego habló Maryam, una profesora y activista de los derechos de la mujer en Afganistán, que se vio obligada a huir debido a la represión talibán.

'Ustedes ya se estaban dedicando a crear una nueva economía', les respondió el Papa Francisco. Pero la carta 'les hizo sentirse parte de una comunidad mundial de jóvenes que tienen la misma vocación que ustedes. Y cuando un joven ve en otro joven su propia llamada, y luego esta experiencia se repite con cientos, miles de otros jóvenes, entonces se vuelven posibles grandes cosas, incluso esperar cambiar un sistema enorme y complejo como la economía mundial".

Y es una tarea más urgente que nunca. El pontífice recordó las numerosas crisis que han tenido que atravesar los jóvenes en los últimos años: la emergencia climática, la pandemia, la guerra de Ucrania y todas las demás guerras. Al igual que el joven San Francisco en el Asís de su tiempo, sus coetáneos ven claramente que "hay una casa común que se está derrumbando". Pero ante esto, "no alcanza con maquillar, hay que cuestionar el modelo de desarrollo". La situación es tal que no podemos esperar a la próxima cumbre internacional: la tierra arde hoy, y es hoy cuando debemos cambiar, a todos los niveles".

Francisco pidió a los jóvenes que enseñen al mundo a "aceptar el principio ético universal -que no gusta- de que hay que reparar los daños: si hemos crecido abusando del planeta y de la atmósfera, hoy también debemos aprender a hacer sacrificios en los estilos de vida que siguen siendo insostenibles". De lo contrario, serán nuestros hijos y nietos los que paguen la factura, una factura demasiado alta e injusta. Es necesario un cambio rápido y decisivo. ¡Cuento con ustedes! -añadió-, ¡No nos dejen tranquilos, y den el ejemplo!". En este sentido, citó el gesto de un joven de 25 años que rechazó un trabajo en una fábrica de armas: "Estos son los héroes de hoy", comentó.

A continuación señaló cómo el reto de la sostenibilidad es inseparable de otros grandes desafíos actuales. "Mientras tratamos de salvar el planeta", dijo el pontífice, "no podemos descuidar al hombre y a la mujer que sufren. La polución que mata no es sólo la del dióxido de carbono, la desigualdad también contamina mortalmente nuestro planeta". Citó la insostenibilidad de las relaciones entre las personas, la "hambruna de felicidad" que el consumismo pretende falsamente llenar con productos cada vez más sofisticados. Y todo esto -recordó- genera plagas como el invierno demográfico, la esclavitud de las mujeres a las que no se les permite trabajar y ser madres y los suicidios entre los jóvenes, que a menudo se ocultan”.

Pero también hay "una insostenibilidad espiritual", agregó "de nuestro capitalismo". El primer capital de cualquier sociedad es el espiritual, porque es el que nos da las razones para levantarnos cada día e ir a trabajar, y genera esa alegría de vivir que también es necesaria para la economía. Nuestro mundo está consumiendo rápidamente esta forma esencial de capital acumulado durante siglos por las religiones, las tradiciones sapienciales y la piedad popular. Hay una necesidad urgente de recomponer este patrimonio espiritual esencial. La tecnología puede hacer mucho: nos enseña el 'qué' y el 'cómo' hacer: pero no nos dice el 'por qué'; y así nuestras acciones se vuelven estériles y no llenan la vida, ni siquiera la vida económica".

Y luego - en la ciudad de San Francisco - el Papa pidió crear una economía que ponga a los pobres en el centro. "Sin la estima, el cuidado, el amor por cada persona pobre, por cada persona frágil y vulnerable -desde el concebido en el vientre materno hasta el enfermo y discapacitado, pasando por el anciano con dificultades- no hay Economía de Francisco". Recordando cómo la primera economía de mercado nació en la Europa del siglo XIII precisamente en contacto diario con los frailes franciscanos, el Papa condenó un capitalismo que "quiere ayudar a los pobres pero no los estima, no entiende la paradójica bienaventuranza: 'felices los pobres'.  No debemos amar la miseria -añadió-, sino que debemos combatirla, en primer lugar creando trabajo, un trabajo digno. Pero el Evangelio nos dice que sin una estima por los pobres, no se combate la miseria'.

El Papa concluyó su discurso con tres indicaciones para los jóvenes: en primer lugar, "mirar el mundo con ojos de pobres". "Ustedes también mejorarán la economía si miran las cosas desde la perspectiva de las víctimas y los descartados". Y después, "¡No se olviden del trabajo!”: "sin un trabajo digno y bien remunerado, los jóvenes no se convierten realmente en adultos, las desigualdades aumentan. A veces se puede sobrevivir sin trabajo, pero no se vive bien. Por lo tanto, al crear bienes y servicios, no se olviden de crear trabajo, buen empleo, trabajo para todos". Por último, la dimensión de la encarnación, sin detenerse en las conferencias. “Ustedes cambiarán el mundo de la economía", explicó, "si junto con su corazón y su cabeza utilizan también las manos". Las ideas son necesarias, nos atraen mucho, sobre todo cuando somos jóvenes, pero pueden convertirse en trampas si no se convierten en "carne", es decir, en algo concreto, en un compromiso diario".

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