Recién nacidos vendidos fuera del país. El negocio de la trata entre Indonesia y Singapur
Un caso abierto tras el rescate por parte de las autoridades de seis recién nacidos destinados a la ciudad-Estado ha vuelto a poner el foco sobre un fenómeno que sigue estando muy extendido. Las organizaciones criminales aprovechan las dificultades económicas de muchas mujeres, eluden las leyes sobre la adopción y utilizan cada vez más las redes sociales como herramientas de captación.
Singapur (AsiaNews) - Un reciente caso de actualidad reveló que seis recién nacidos destinados a presuntos compradores en Singapur fueron localizados y rescatados por la policía indonesia en el marco de una operación contra una red de traficantes de niños que actúa en Asia. No se trata de un fenómeno nuevo, sino que el episodio confirma la necesidad de actuar no solo para perseguir a los responsables de la trata, sino también para abordar sus causas profundas.
En el vasto archipiélago indonesio, las organizaciones criminales que alimentan el mercado de las adopciones ilegales se dirigen principalmente a mujeres en situación económica precaria, que no pueden afrontar los gastos del embarazo, el parto y la crianza de un hijo. La situación se agrava por el fuerte estigma social que rodea al aborto —ilegal salvo raras excepciones— y por el escaso conocimiento de los procedimientos previstos para la adopción legal.
Las leyes indonesias en este ámbito son particularmente restrictivas. Los futuros padres adoptivos deben estar casados, tener entre 30 y 55 años, demostrar estabilidad económica y obtener la aprobación del Ministerio de Asuntos Sociales. Las adopciones internacionales están prácticamente prohibidas, salvo para extranjeros que residan en Indonesia desde hace al menos dos años y que cumplan requisitos específicos.
Según algunos analistas, la combinación de dificultades económicas, lagunas en los sistemas de registro civil y estrictas normas sobre la adopción ha creado las condiciones ideales para la proliferación de un mercado clandestino de recién nacidos. El registro incompleto de los nacimientos, en particular, facilita la manipulación de la identidad de los niños que llevan a cabo los traficantes.
Las mujeres con embarazos no deseados y sin apoyo son el principal objetivo de los captadores que operan para estas redes criminales. En los últimos años, las redes sociales también han cobrado cada vez más importancia, porque permiten a los traficantes entrar en contacto directo tanto con potenciales madres biológicas como con aspirantes a padres adoptivos en distintas provincias del país e incluso en el exterior.
Según los investigadores, en el último caso frustrado por la policía, los miembros de la organización criminal buscaban en las redes sociales familias dispuestas a entregar a sus recién nacidos a cambio de sumas de entre 9 y 15 millones de rupias indonesias (entre 500 y 850 dólares estadounidenses).
Uno de los destinos confirmados de los niños era Singapur. Precisamente de la ciudad-Estado proceden parte de las informaciones más relevantes sobre este fenómeno, gracias al proceso que se está celebrando contra una red dirigida por una ciudadana indonesia de 70 años, conocida como “Lily”. Según la acusación, entre 2022 y 2025 la mujer habría vendido al menos 34 recién nacidos, en su mayoría procedentes de la provincia de Java Occidental. Una docena de ellos habrían sido trasladados a Singapur. Por cada niño, la organización habría recibido sumas que fueron aumentando progresivamente con el tiempo, hasta situarse entre 1.200 y 1.700 dólares estadounidenses
De los testimonios surgidos durante el juicio se desprende que, una vez separados de sus madres biológicas, los recién nacidos quedaban a cargo durante unos meses de mujeres contratadas para cuidarlos. Después eran trasladados a centros urbanos, donde los entregaban a familias indonesias o se los preparaba para ser enviados fuera del país tras obtener los documentos necesarios.
Las investigaciones también revelaron que muchos padres biológicos estaban convencidos de que sus hijos serían adoptados directamente por quienes luego se convirtieron en los imputados del caso, y que podrían mantener el contacto con ellos en el futuro. Ignoraban que los niños serían entregados a otras familias y, en algunos casos, trasladados al exterior, sin posibilidad de localizarlos en el futuro.

