06/10/2014, 00.00
VATICANO
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Sínodo: recrear el mensaje cristiano sobre la familia en un mundo que sólo quiere "sentirse bien"

En el discurso de apertura de labores el cardenal Erdo dijo que en un mundo marcado por el individualismo, la Iglesia no debe ceder ante "el catastrofismo o abdicación", porque hay "un patrimonio amplio y compartido de la fe". "No se pone en duda la doctrina de la indisolubilidad del matrimonio" y el Sínodo no trata de "asuntos de doctrina, sino de cuestiones prácticas", "de naturaleza puramente pastoral." El Papa Francisco: habla con claridad, lo dice todo, escuchar con humildad.

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) - Proponer nuevamente al mundo "el encanto del mensaje cristiano" sobre el matrimonio y la familia, dando "respuestas reales y llenos de caridad" y la perspectiva de la misericordia en un mundo en el que "muchos perciben su vida no como un proyecto, sino como una serie de momentos en los que el valor más alto es sentirse bien, de estar bien. En esta visión cada compromiso firme parece temible, el futuro aparece como una amenaza, ya que puede ocurrir que en el futuro nos sintamos peor".

Es el objetivo que propone la Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de los Obispos sobre el tema: Los desafíos pastorales sobre la familia en el contexto de la evangelización ilustrado esta mañana por el ponente general Cardenal Peter Erdo, en la Relatio ante disceptationem, el primer informe antes de la discusión.

Antes del Cardenal, abriendo los trabajos el Papa Francisco en un breve discurso, hizo hincapié en que los Padres sinodales traen "la voz de las Iglesias particulares". "Es - añadió - Es una gran responsabilidad: traer las realidades y problemáticas de las Iglesias, para ayudarlas a caminar por esa senda que es el Evangelio de la familia. Una condición general de base es ésta: hablar claro. Que nadie diga: 'Esto no se puede decir; pensarán de mí así o así...' Hay que decir todo lo que se siente con parresia )libertad de decir todo)... Y, al mismo tiempo, se debe escuchar con humildad y acoger con corazón abierto lo que dicen los hermanos. Con estas dos actitudes se ejercita la sinodalidad.

 
Por su parte, el cardenal. Erdo dijo que en un mundo marcado por el individualismo y por "una cultura de lo audio-visual, de los sentimientos, experiencias emocionales, símbolos", la Iglesia no debe ceder ante "el catastrofismo o en la abdicación", ya que hay "una herencia amplia y compartida de la fe". Por ejemplo, las formas ideológicas tales como la teoría del gender o la equiparación de las uniones homosexuales con el matrimonio entre hombre y mujer no gozan de consenso entre la gran mayoría de los católicos, mientras que el matrimonio y la familia siguen considerándose ampliamente vistos como un "patrimonio" de la humanidad, que se debe proteger, promover y defender. Ciertamente, entre los creyentes, la doctrina es a menudo poco conocido o practicada, pero "esto no significa que se ponga en tela de juicio". Esto vale, en particular, por lo que se refiere a la indisolubilidad del matrimonio y su sacramentalidad entre los bautizados. No se cuestiona la doctrina de la indisolubilidad del matrimonio en cuanto tal, es más, queda incontestada y en gran parte es observada en la praxis pastoral de la Iglesia con las personas que han fracasado en su matrimonio y que buscan un nuevo inicio. Por tanto, en este Sínodo no se discute sobre las cuestiones doctrinales, sino sobre las cuestiones prácticas -inseparables, por otro lado, de las verdades de la fe-, de naturaleza exquisitamente pastoral".

Sólo por la aceptación de los principios doctrinales y LA disociación que ve en la práctica ponen de relieve De ahí, la necesidad de una mayor formación, especialmente para los novios, para que sean plenamente conscientes tanto de la dignidad sacramental del matrimonio, basado en la "unicidad, fidelidad y fecundidad", tanto de su ser "una institución de la sociedad." Aunque amenazado por "factores disgregadores", tales como el divorcio, el aborto, la violencia, la pobreza, el abuso, "la pesadilla" de la precariedad, el desequilibrio causado por las migraciones- explica el cardenal Erdö- la familia es siempre una "escuela de humanidad": "La familia es casi la última realidad humana acogedora en un mundo determinado casi exclusivamente por las finanzas y la tecnología. Una nueva cultura de la familia puede ser el punto de partida para una renovada civilización humana".

Y "debe subrayarse que el evangelio de la familia es ante todo una buena noticia de la gracia donada por el Espíritu Santo en el sacramento del matrimonio: es la nueva posibilidad que ofrece a la fragilidad del hombre, de dar la bienvenida y celebrar con alegría y gratitud, tanto a nivel personal como comunitaria. Las obligaciones derivadas del matrimonio no son ciertamente olvidados, pero vistas como las necesidades del regalo, que el mismo don hace posible".

En cuanto a las situaciones matrimoniales difíciles, la Iglesia es una "casa del padre" también en su confrontación. Es necesaria una "acción renovada y adaptada de la pastoral familiar", sobre todo para que se sientan amados por Dios y por la comunidad eclesial, en una perspectiva misericordiosa que no anula, sin embargo, "la verdad y la justicia". "Dios no se cansa de perdonar al pecador que se arrepiente y no se cansa de darle una nueva oportunidad. Esta misericordia no significa la justificación del pecado, sino la justificación del pecador, pero en la medida en que se convierte y tiene como objetivo no pecar más".

La misericordia, por tanto, tampoco anula los compromisos que nacen de las exigencias del vínculo matrimonial. Éstos siguen subsistiendo incluso cuando el amor humano se ha debilitado o ha cesado. Esto significa que, en el caso de un matrimonio sacramental (consumado), después de un divorcio, mientras el primer cónyuge siga con vida, no es posible un segundo matrimonio reconocido por la Iglesia".

Por otra parte, dada la diversidad de situaciones - divorcio, matrimonio civil, convivencia - el cardenal Erdö destaca la necesidad de "directrices claras" para que los pastores de las comunidades locales puedan ayudar concretamente a las parejas en problemas, evitando las improvisaciones de una "pastoral casera". En cuanto a la divorciados vueltos a casar civilmente, el cardenal subraya que crearía confusión "concentrarse sólo en la cuestión de la recepción de los sacramentos": es necesario, en cambio mirar a un contexto más amplio, de preparación al matrimonio y de ayuda- no burocrática, sino pastoral- a los cónyuges para ayudarles a entender las razones del fracaso del primer matrimonio, y identificar elementos útiles para la invalidez: "Hay que tener en cuenta la diferencia entre quien culpablemente ha roto un matrimonio y quien ha sido abandonado. La pastoral de la Iglesia debería hacerse cargo de estas personas de modo particular. Los divorciados vueltos a casar civilmente se apartan de la Iglesia. Necesitan y tienen derecho a ser acompañados por sus pastores".

teniendo en cuenta la escasa conciencia que existe hoy del sacramento del matrimonio y la difusión de la mentalidad partidaria del divorcio, "no parece imprudente", considerar que no pocos matrimonios celebrados en la Iglesia pueden resultar no válidos. De ahí, la sugerencia, contenida en la Relación, - de reconsiderar, en primer lugar, la obligatoriedad de la doble sentencia conforme a la declaración de nulidad del vínculo matrimonial siempre y cuando se eviten "el mecanicismo y la impresión de la concesión de un divorcio" o "soluciones injustas y escandalosas". En este ámbito, dice el purpurado, es necesario examinar más en profundidad la praxis de algunas de las Iglesias ortodoxas, que prevé la posibilidad de segundas nupcias y terceras connotadas por un carácter penitencial.


La última parte de la Relatio está dedicada al Evangelio de la vida. La apertura a la vida desde la concepción hasta la muerte natural, es "una parte esencial, una exigencia intrínseca" del amor conyugal, mientras que hoy en día, sobre todo en Occidente, los que optan por no tener hijos o que los quiere a cualquier precio, se ven aplastados a sí mismo en la autodeterminación. "La aceptación de la vida, asumiendo la responsabilidad de la generación de la vida y el cuidado que se requiere, es posible sólo si la familia no se concibe como un fragmento aislado, sino que se percibe insertada en una trama de relaciones".

Es importante, por lo tanto, "recuperar el sentido de una solidaridad difusa y concreta" superar la "privatización de los afectos" que vacía de sentido a la familia y la confía a la decisión del individuo; es necesario crear en el plano institucional, las condiciones que facilitan la acogida de un niño y la asistencia a un anciano, como "un bien social que hay tutelar y favorecer". Por su parte, la Iglesia debe cuidara de modo particular la educación de la afectividad y de la sexualidad, explicando su valor y evitando la "banalización y la superficialidad". (FP)

 

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