09/10/2021, 17.41
SÍNODO
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Sínodo: Papa, comunión, participación, misión palabras clave de una Iglesia en camino

Momento de reflexión para el inicio del proceso sinodal "Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión". Convertirse en una "Iglesia de la escucha" del Espíritu y de los hermanos, una "Iglesia de la cercanía" que "establece mayores lazos de amistad con la sociedad y el mundo".

 

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) - La asamblea sinodal no es un parlamento con la lógica de la mayoría y la minoría, sino un proceso que marcan tres palabras: "comunión, participación, misión". Así definió el Papa Francisco, esta mañana en el Aula Nueva del Sínodo, en el Vaticano, el Momento de reflexión para el inicio del Proceso sinodal "Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión".

Dirigiéndose a los presentes - obispos, sacerdotes, religiosos y laicos - dijo Francisco: “Ustedes han venido por muchos caminos y desde muchas Iglesias, trayendo cada uno en el corazón preguntas y esperanzas, y estoy seguro de que el Espíritu nos guiará y nos dará la gracia para seguir adelante juntos, para escucharnos unos a otros y para comenzar un discernimiento en nuestro tiempo, siendo solidarios con las fatigas y los deseos de la humanidad”.

Las dos primeras palabras clave del Sínodo, comunión y misión, son "expresiones teológicas" que designan "el misterio de la Iglesia y es bueno que hagamos memoria de ellas" y de la tarea que Cristo le ha confiado. Y Pablo VI quiso “condensar precisamente en estas dos palabras - comunión y misión - las líneas maestras enunciadas por el Concilio”.

Sin embargo, "comunión y misión corren el peligro de quedarse en términos un tanto abstractos” “si no se cultiva una praxis eclesial que exprese la sinodalidad de manera concreta en cada paso del camino y del obrar, promoviendo la implicación real de todos y cada uno”. “Quisiera decir que celebrar un Sínodo siempre es hermoso e importante, pero es verdaderamente fecundo si se convierte en una expresión viva del ser Iglesia, de un obrar que se caracteriza por una participación auténtica. Y esto no por razones de estilo sino de fe. La participación es una exigencia de la fe bautismal". Precisamente del Bautismo,  “punto de partida, en el cuerpo eclesial", deriva "una idéntica dignidad de hijos de Dios, aún en la diferencia de ministerios y carismas. Por eso todos estamos llamados a participar en la vida de la Iglesia y en su misión. Si falta una participación real de todo el Pueblo de Dios, los discursos sobre la comunión corren en riesgo de quedar en intenciones piadosas. Hemos avanzado en este aspecto, pero todavía nos cuesta y nos vemos obligados a constatar el malestar y el sufrimiento de muchos agentes pastorales, de los organismos de participación de las diócesis y parroquias, y de las mujeres que a menudo siguen quedando al margen. ¡La participación de todos es un compromiso eclesial irrenunciable!”.

El Sínodo, entonces, "ofrece una gran oportunidad para una conversión pastoral en clave misionera y también ecuménica", pero presenta tres riesgos, comenzando por el formalismo. "Si hablamos de una Iglesia sinodal, no podemos quedarnos con la forma sino que también necesitamos la sustancia, los instrumentos y las estructuras que favorezcan el diálogo y la interacción en el Pueblo de Dios, especialmente entre los sacerdotes y los laicos" porque "a veces hay cierto elitismo en el orden presbiteral que lo lleva a separarse de los laicos y al final el sacerdote se convierte en dueño del cotarro”. El segundo riesgo es el intelectualismo, "convertir el Sínodo en una especie de grupo de estudio", sobre los problemas de la Iglesia y del mundo, un "hablar por hablar" que termina "recayendo en las habituales y estériles clasificaciones ideológicas y partidistas, y alejándose de la realidad del Pueblo santo de Dios y de la vida concreta de las comunidades dispersas por el mundo". El tercer riesgo es "la tentación del inmovilismo", el  “siempre se ha hecho así, es mejor no cambiar" que es "un veneno en la vida de la Iglesia". Con el riesgo de que “se adopten soluciones viejas para problemas nuevos”.

El Sínodo, en cambio, debe ser una “oportunidad de encuentro, escucha y reflexión”, “un tiempo de gracia que, en la alegría del Evangelio, nos permita aprovechar al menos tres oportunidades. La primera es encaminarnos no ocasionalmente sino estructuralmente hacia una Iglesia sinodal, un lugar abierto, donde todos se sientan en casa y puedan participar. El Sínodo también nos ofrece una oportunidad para ser Iglesia de la escucha, para hacer una pausa en nuestros ajetreos, para frenar nuestras ansias pastorales y detenernos a escuchar. Escuchar al Espíritu en la adoración y en la oración, escuchar a los hermanos y hermanas sobre las esperanzas y las crisis de la fe en las diversas partes del mundo, las urgencias de renovación de la vida pastoral y las señales que provienen de las realidades locales. Por último, tenemos la oportunidad de ser una Iglesia de la cercanía que no solo con las palabras, sino con la presencia, establezca mayores lazos de amistad con la sociedad y con el mundo. Una Iglesia que no se separa de la vida, sino que se hace cargo de las fragilidades y las pobrezas de nuestro tiempo, curando las heridas y sanando los corazones quebrantados con el bálsamo de Dios”.

Por su parte, el cardenal Mario Grech, secretario general del Sínodo, al concluir la sesión, recordó en primer lugar que esta XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo comienza el 10 de octubre de 2021, con la Misa del Papa en San Pedro. Seguirá luego el "camino" de todas las Iglesias particulares con la escucha de todo el Pueblo de Dios y la fase de celebración, con la Asamblea de octubre de 2023, y posteriormente la fase de ejecución. Al respecto, el cardenal preguntó si “¿sería tan imposible imaginar, por ejemplo, recurrir a la votación del Documento Final y sus números individuales sólo en caso de que el consenso no sea seguro? ¿No sería suficiente prever objeciones motivadas al texto, quizás firmadas por un número adecuado de miembros de la Asamblea, que se resuelvan con una discusión adicional, y recurrir a la votación como instancia última y no deseada?”.

E incluso: "si en vez de terminar la asamblea entregando el documento final al Santo Padre, diéramos un paso más, devolviendo las conclusiones de la asamblea sinodal a las Iglesias particulares". "El documento final llegaría al obispo de Roma, que desde siempre y por todos es reconocido como aquel de quien emanan los decretos establecidos por los concilios y los sínodos, ya acompañado del consenso de todas las Iglesias". "En ese caso el Obispo de Roma, principio de unidad de todos los bautizados y de todos los obispos, recibiría un documento que manifiesta de forma conjunta el consenso del Pueblo de Dios y del Colegio Episcopal: este sería un caso de un acto de manifestación del sensus omnium fidelium, que al mismo tiempo sería también un acto de magisterio de los obispos dispersos por todo el mundo en comunión con el Papa”.

 

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