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ECCLESIA EN ASIA
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Stephen Chow: resilencia entre las grietas di Hong Kong

de Stephen Chow Sau yan

Ante la reducción cada vez más evidente de los espacios de libertad en Hong Kong, el obispo publicó una reflexión en el semanario diocesano: “El amor y la luz de Dios se encuentran en todas las cosas, incluso entre las grietas. Aceptar el cambio no significa aprobarlo, sino aprender a discernir nuevas posibilidades. Cuanto más dura sea la condición, más resistente será la vida”.

 

Hong Kong (AsiaNews) - La prohibición absoluta de cualquier forma de concentración en Hong Kong con motivo del 4 de junio -aniversario de la masacre de la Plaza de Tiananmen, cuyas víctimas se recordaban todos los años- ha sido en los últimos días una prueba más de la limitación cada vez más severa de los espacios de libertad que ha impuesto Beijing. Incluso las Misas que se celebraban en este aniversario debieron suspenderse, para no correr el riesgo de caer bajo el hacha de la draconiana Ley de Seguridad Nacional. Y todo esto después de la conmoción que provocó el arresto del obispo emérito cardenal Joseph Zen ze kiun, liberado bajo fianza pero que todavía afronta la perspectiva de un juicio. ¿Con qué actitud debemos vivir como Iglesia en una situación así? Esa es la pregunta que ha querido responder el obispo de Hong Kong, Mons. Stephen Chow Sau yan en el artículo publicado hace pocos días en el semanario diocesano Sunday Examiner.

Pienso en las bellísimas imágenes de flores y pequeñas plantas que brotan entre las grietas de las calles empedradas o en los viejos muros de piedra. Los delicados colores pastel de las flores de primavera o los ricos colores rústicos del follaje de otoño que aparecen en simples fisuras son sencillamente maravillosos. Son la prueba del increíble poder de la vida que proviene del Creador. ¿Cómo pueden crecer en un espacio tan estrecho e incómodo?

Tengo la impresión de que la vida en Hong Kong, y también la de nuestra Iglesia, se parece cada vez más a una existencia entre las grietas. Antes disfrutábamos de mucho espacio y libertad de expresión, podíamos expresar nuestras opiniones como quisiéramos. Aunque por supuesto, como cristianos debemos proteger nuestras lenguas de la inmoralidad y la hipocresía. Pero ese espacio para la libertad y la expresión, que habíamos dado por sentado, parece estar reduciéndose.

Con esta progresiva reducción del espacio, comenzamos a sentir que estamos viviendo en una grieta y eso nos pone nerviosos, ansiosos, decepcionados, molestos, frustrados y enojados. Algunos han optado por trasladarse a otros países. Algunos están observando cómo evoluciona la situación, mientras que otros no tienen más remedio que quedarse. En cuanto a mí, tomé mi decisión cuando acepté el nombramiento episcopal, como muchos en Hong Kong que eligieron quedarse. Y quiero compartir con ustedes que el amor y la luz de Dios se encuentran en todas las cosas, incluso entre las grietas.

Miremos las flores, los arbustos e incluso los árboles que han brotado en las grietas: demuestran que nada puede impedir que la vida florezca, añadiendo color, belleza y esperanza a nuestro mundo. Cuanto más dura sea la condición, más resistente será la vida. Y en algunos casos, las grietas pueden incluso ensancharse.

Nuestra fe religiosa es un motor extraordinario que potencia nuestras vidas, individual y colectivamente, si la vivimos positivamente. Si, por el contrario, nos quedamos anclados en el pasado, si no nos dejamos guiar por Dios en este contexto que está cambiando, nuestra vida se volverá amarga y dura. Las tinieblas se apoderarán de nosotros. Aceptar el cambio de la realidad que vivimos no significa aprobarlo. Aprender a discernir nuevas posibilidades con una mentalidad creativa en medio de las tensiones del contexto cambiante es el camino que debemos seguir. Y el futuro todavía nos reserva promesas que están más allá de nuestra comprensión.

El discernimiento nos pide que reflexionemos y respondamos, no que reaccionemos. Lamentablemente, nuestra cultura actual parece ser una cultura reactiva. Parece que nos empujamos unos a otros a reaccionar casi instantáneamente. No podremos discernir la voluntad de Dios si nos dejamos llevar por este impulso. Por el contrario, permitiremos que aquellos que empujan sean nuestro dios. Me recuerdo esto a mí mismo, sobre todo cuando el empujón se hace más fuerte. Preservar nuestro espacio interior para discernir es esencial y beneficioso a largo plazo.

Stephen Chow Sau yan, obispo de Hong Kong

 

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