17/03/2020, 19.38
CAMBOYA
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Ta Khmau, tierra ‘del primer anuncio’ donde los cristianos son cinco

El testimonio del p. Giovanni Tulino, misionero del PIME. “Por la mañana, el salón es un jardín de infantes, durante la tarde un oratorio y el domingo es capilla”. Para la Iglesia en Camboya, educación y salud son las llaves para entrar en el corazón de las personas.

 

Phnom Penh (AsiaNews) – Dos sacerdotes, cinco cristianos y 8 catecúmenos: es esta la comunidad de Ta Khmau, una decena de Km al sur de Phom Penh. “Estamos en tierras de primera evangelización. Aquí hay personas que realmente jamás escucharon hablar de Jesús”, cuenta a AsiaNews el p. Giovanni Tulino (Foto), misionero del Pontificio Instituto Misiones Extranjeras (PIME) que en Camboya, transcurrió casi 6 de sus 41 años. Hace 2 años, Mons. Olivier Michel Marie Schmitthaeusler, vicario apostólico de la capital, lo invitó a esta localidad para ayudar al párroco, un sacerdote francés de la Sociedad para las misiones extranjeras de París (MEP) desde hace 20 años en el país del Sudeste asiático. “En lugares como estos- afirma el p. Tulino- un misionero se convierte en parte de una historia que, escrita por otros antes que él, está llamado a continuar construyendo desde los fundamentos”.

Ta Khmau es una zona pastoral nueva, fundada sólo hace 5 años hace. “Fue una intuición del obispo- afirma el sacerdote-. Esta es la primera periferia de Phnom Penh que, a través de la construcción de rutas y la expansión urbanística, de hecho la englobó. A Ta Khmau se están transfiriendo tantos residentes de la capital, porque la vida tiene un costo menor; además, hay todavía tierras e industrias. Por esto, Mons. Schmitthaeusler vio este lugar como un lugar de evangelización. El primero en llegar fue mi co-hermano el p. Mario Ghezzi, cuando aquí no existía nada desde el punto de vista eclesial. El P. Mario compró una casa e inició las primeras actividades misioneras”.   

No obstante la comunidad de Ta Khmau sea muy pequeña, la jornada del p. Tulino está llena de compromisos. “En nuestra casa-explica- tenemos un pequeño jardín diurno para los niños del barrio, todos hijos de parejas budistas que a la mañana van a trabajar. Sin este servicio, padres y madres no sabrían dónde dejarlos. Por la tarde el salón de la casa se transforma en un oratorio y recibe a los jovencitos del vecindario, que pueden divertirse también en nuestro terreno (único espacio abierto de la zona). El portón está siempre abierto, desde las 6 de la mañana hasta las 18 horas. Desde hace 2 meses, en Ta Khmau hemos iniciado también una misión médica para los pueblos cercanos. estamos convencidos que la educación y la salud sean las llaves para entrar en los corazones de las personas”. 

La primera persona que el p. Mario Ghezzi bautizó en la misión era un hombre que llegó de la provincia y que ahora volvió a su pueblo. El año pasado, el p. Tulino celebró 5 bautismos de adultos. Entre estas personas, había 3 que eran originarias del lugar. Los primeros cristianos de Ta Khmau fueron en cambio dos mujeres: mamá e hija. “La madre trabaja con nosotros-cuenta. El suyo es para mí un gran testimonio de fe. Esta mujer es analfabeta y enferma. Su marido la abandonó con 3 hijos que mantener. El p. Mario la ayudó asumiéndola como doméstica y ayudándola en su recorrido médico. Fascinada por la gratuidad con el cual mi hermano se ocupaba de ella, hace 3 años esta mujer pidió iniciar el catecumenado. Antes de recibir el bautismo es costumbre que los catecúmenos cambien el propio nombre y eligen uno cristiano. Cuando le pregunté cómo habría querido llamarse, ella me respondió: “Quisiera que mi nombre fuese María, porque ella fue la primera sierva del Señor. Yo quisiera la primera sierva de esta comunidad’. Estas palabras me conmovieron en lo profundo y me hicieron pensar n el pasaje del Evangelio en el cual Jesús agradece al Padre ‘porque has tenido escondido estas cosas a los sabios y las revelaste a los pequeños” (Mt 11-25)”.

Junto a María y el resto del pequeño grupo bautizado el año pasado y gracias al apoyo de algún cristiano de otras comunidades- concluye el p. Tulino- estamos tratando de construir la iglesia local entendida ante todo como familia. El domingo, además de reunirnos para la misa, nos dedicamos a las actividades de catecumenado. Este año, en Pascua no celebraremos ningún bautismo. El catecismo dura en media 3 o 4 años y por el momento lo iniciaron 8 personas: 4 están en el primer año, las otras en el segundo. El trabajo al cual estoy llamado es muy entusiasmante, pero no faltan momentos de frustración e incomprensión. Para nosotros misioneros, en contextos como el de Ta Khmau es necesario tener paciencia. Los frutos de mi trabajo yo no los veré; no los verá quien venga después; quizás, los verán las terceras o la cuartas generaciones de sacerdotes que vendrán a ocuparse de esta comunidad. Me lo repito todas las mañanas: este no todavía el tiempo de la siembra; es el tiempo en el cual se prepara el terreno”. (PF)

 

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