29/04/2021, 16.14
CAMBOYA
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Padre Tulino: el primer anuncio en Phnom Penh

El testimonio de un sacerdote del PIME en el barrio de Ta Khmau, donde solo hay cinco católicos. "Aquí la mayoría de la gente nunca ha oído hablar de Jesús, pero cuando experimentan la gratuidad de Dios, se abren muchas puertas".

 

Phnom Penh (AsiaNews) - "Todavía no hemos llegado siguiera a la siembra del Evangelio, todavía estamos arando". El padre Giovanni Tulino, misionero italiano del PIME en Ta Khmau, un barrio de 60.000 habitantes a unos diez kilómetros del centro de la capital, resume su experiencia como misionero en una comunidad que solo tiene cinco católicos. Y anoche habló de esta frontera de la evangelización en una conversación de una hora en streaming organizada por el Centro misionero PIME de Milán para los “Miércoles del PIME”.

El padre Tulino vive en Camboya desde 2014 y en 2017 recogió la herencia de su hermano el padre Mario Ghezzi, quien, por invitación del vicario apostólico de Phnom Penh, había iniciado tres años antes una nueva presencia católica entre la población jemer, en una zona donde la ciudad está creciendo. “Aquí la mayoría de la gente - cuenta el misionero - no sabe qué es la Iglesia. Muchos ni siquiera han oído hablar de Jesús, pero cuando hacen experiencia de la gratuidad de Dios, se abren muchas puertas”.

El P. Tulino dice que él tiene la “misión de esperar, porque esperar es una de las conjugaciones más hermosas del verbo amar”. Menciona las dificultades pero también la belleza de un primer anuncio en el que “a veces te sientes como el apóstol Pablo teniendo que inventar un lenguaje para contar lo que crees a las personas que tienes delante”. La comunidad de Ta Khmau cuenta hoy con un pequeño grupo de catecúmenos que han iniciado un camino que quizás algún día los lleve a recibir el bautismo. “Les llamó la atención - explica el misionero del PIME - el hecho de que alguien se ocupara de ellos. Pero las dificultades son muchas”.

Ocuparse de las personas es la clave de esta misión casi oculta. “Hace pocos meses - continúa el P. Tulino- hicimos realidad nuestro sueño de comprar una casa que se encuentra junto a la mía. Allí iniciamos un jardín de infancia para 35 niños y un apoyo escolar. Las puertas están abiertas desde las seis de la mañana hasta las siete de la tarde, es el único espacio para los niños de la zona y los padres confían en nosotros para enviarlos”. Pero hoy en Camboya también tenemos que lidiar con el covid-19: “Desde hace algunos días - explica el misionero - estamos en confinamiento total. Hasta ahora el número de casos en el país había sido limitado, las medidas para prevenir la propagación han sido muy estrictas. Incluso ahora hay un puesto de control a 100 metros de mi casa. De hecho, hace días que no veo a nadie”.

Sin embargo, hay otra expectativa que pronto podría cumplirse: “En el nuevo edificio que tenemos habíamos comenzado a transformar la sala de usos múltiples en un lugar dedicado solo a la oración. Lo digo con emoción porque sé que, cuando esté lista, será la única iglesia de esta comunidad durante mucho tiempo”.

 

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