23/11/2021, 12.48
VIETNAM
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Trabajadores vietnamitas confinados en la fábrica: debían fabricar celulares para Navidad

Lo peor de la pandemia parece haber pasado en Vietnam, pero durante el verano los operarios de los gigantes de la electrónica se vieron obligados a comer y dormir en su lugar de trabajo para evitar los contagios. Algunos fueron alojados en hoteles y otros en tiendas de campaña. La experiencia resultó alienante y los analistas se preguntan hasta qué punto se debe considerar trabajo forzoso.

 

 

Hanói (AsiaNews / Agencias) - Gigantes de la tecnología como Samsung y Apple, que tienen grandes bases de producción en Vietnam, han hecho todo lo posible para mantener abiertas sus fábricas durante la pandemia: los trabajadores fueron secuestrados y sometidos a estrictos controles anti-covid; a los que renunciaron a volver a casa y se quedaron a vivir en la empresa, se les aumentó el salario o se les aseguró el acceso anticipado a la vacuna. Todo para garantizar que los teléfonos móviles y las tabletas lleguen a las vidrieras de todo el mundo para Navidad.

Hasta mayo de este año Vietnam parecía haber quedado a salvo de la pandemia. Pero después comenzó a difundirse entre los trabajadores de las provincias del norte, en Bac Giang y Bac Ninh, donde se encuentran las fábricas de Samsung y Apple. Entonces los operarios recibieron un ultimátum: quedarse a dormir en la empresa o volver a casa sin trabajo en medio de una pandemia mundial. Muchos eligieron la primera opción y así nació la estrategia "three-on-site" (trabajar, comer y dormir en el mismo lugar), con el apoyo del gobierno vietnamita, que debía mantener de alguna manera bajo control los contagios y al mismo tiempo garantizar a los inversores extranjeros que la cadena de suministro de dispositivos tecnológicos no se interrumpía. En 2020, Vietnam ocupó el puesto 11 en el ranking mundial de exportación de productos electrónicos, 35 posiciones más arriba que dos décadas antes.

Algunos trabajadores de Samsung contaron al sitio web Rest of World que todo el verano durmieron en los almacenes de la fábrica en camas improvisadas, sin aire acondicionado y con cientos de personas apiñadas en la misma habitación. Para Nam, de 23 años, "el teléfono celular era el único amigo allí dentro", la única manera de conectarse con la familia y los amigos. La mayoría de los trabajadores describieron la experiencia como alienante: las jornadas laborales parecían no tener fin, las horas de sueño eran pocas y la privacidad casi inexistente.

A otros les fue mejor. Viet, cuyo trabajo en Intel se consideraba crucial y difícil de reemplazar (por razones de confidencialidad no especificó qué tipo de trabajo era), debió salir de Ho Chi Minh cuando la ciudad fue declarada "zona roja" y lo enviaron a un hotel de cinco estrellas. "Me siento muy afortunado", dijo Viet. "Si me hubiera quedado en casa, no habría estado seguro de salvarme del contagio". Intel dijo que gastó más de 5 millones de euros por mes para garantizar la presencia de los trabajadores en la fábrica.

A los trabajadores de Foxconn, un proveedor de Apple, les aumentaron los salarios. Dat, de 25 años, fabrica cables para cargadores de iPhone. Su salario alcanzó una cifra de entre 13 y 14 millones de dong (unos 510 euros) y a mediados de junio formaba parte del 2% de la población que había recibido la primera dosis de la vacuna. A cambio, sus movimientos fueron rastreados durante todo el verano utilizando un código QR, que debía escanear en la nave bus que lo llevaba al trabajo por la mañana y después otra vez antes de ir al comedor para almorzar, donde un letrero en las paredes decía : "Cuando haya terminado de comer, salga inmediatamente. No se debe hablar".

Sin embargo, cuando también se produjeron brotes de covid-19 en las fábricas, las autoridades locales obligaron a cerrar algunas de ellas. Aunque en realidad "las famosas son las que tratan de evitar a cualquier precio el riesgo de una mala imagen", explica Julien Brun, managing partner de CEL, una consultora de cadena de suministro con sede en Hanoi. "Si sólo es un subcontratista que nadie conoce, entonces he visto abusos de poder".

En agosto, recibió la orden de cerrar una subsidiaria de Nidec, empresa japonesa que fabrica maquinaria, cuando estallaran brotes entre sus trabajadores. Los operarios habían estado alojados en tiendas de campaña en un estacionamiento de tres pisos.

Con el paso de los meses las empresas se han ido adaptando. Samsung ha instalado duchas y camas para el personal femenino, los trabajadores se hacen pruebas con más frecuencia y los contratos de trabajo se han vuelto más flexibles para los trabajadores vacunados.

Algunos analistas señalan que la producción en Vietnam se ha recuperado (aunque todavía no ha alcanzado los niveles del año pasado) gracias a la capacidad de los trabajadores para adaptarse a nuevas y más duras condiciones laborales. "Esto no era 'trabajo forzoso' en el sentido de que los trabajadores eran físicamente apiñados en tiendas de campaña o estaban en una situación de esclavitud por deudas y, por lo tanto, bajo coacción", comentó Joe Buckley, un experto laboral en Vietnam. "Pero en otro nivel, podríamos decir que todo trabajo es trabajo forzoso, ya que los trabajadores tienen que vender su fuerza laboral para obtener dinero para sobrevivir. Y eso es lo que hemos visto en Vietnam: la coerción era económica y estructural, y dejaba a muchos trabajadores con pocas opciones".

 

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