03/10/2018, 11.41
VATICANO-CHINA
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Una religiosa china entre los jóvenes del Sínodo

de Bernardo Cervellera

Sor Teresina Cheng fue invitada como auditora. De su experiencia de trabajo en una oficina decidió dedicar la vida a los jóvenes de China, marcados por la soledad, por la lejanía de sus padres, por las preocupaciones, por el futuro. “Para los jóvenes el término ‘fe’ es abstracto… sus deseos más verdaderos y más bellos permanecen encerrados en sus corazones”.

 

Ciudad del Vaticano (AsiaNews)- Se llama sor Teresina Cheng, tiene 30 años y es una de las auditoras del Sínodo sobre los jóvenes, que inicia hoy. Ella era la única china presente, hasta el momento en el cual fue dado el anuncio que habrían llegado dos obispos de China.
Sor Teresina entró en el convento de Hebei en el año 2004. Todavía no hizo su profesión perpetua, pero después de una experiencia de trabajo en una oficina, tiene una cosa clara: decidió dedicar la vida a los jóvenes de China, marcados por la soledad, por la lejanía de sus padres, por las preocupaciones por el futuro. A continuación publicamos la entrevista que dio para Asianews.

Sor Teresina, ¿cómo nació su vocación?

Inicié frecuentando la iglesia. Escuchando al cura durante sus homilías, no entendía mucho de lo que decía, pero mi corazón estaba feliz. Entonces entre mí y mí pensaba: Si me hago religiosa tendré la posibilidad de participar a la Misa todos los días. Con este pensamiento en la cabeza, inicié a frecuentar los grupos vocacionales. Así en el año 2004 entré en mi congregación. La vida comunitaria no me gustaba mucho. Pero como era muy pequeña y no había ido a la escuela superior, mi congregación me invitó a frecuentar la escuela estando fuera de la congregación. Después de 3 años volví al convento, pero me di cuento de cómo no estaba acostumbrada a vivir en comunidad, Así que pedí poder hacer una experiencia laboral fuera del convento. Durante ese período de trabajo, compartiendo la vida con los colegas, todos jóvenes, me di cuenta de cómo estos jóvenes tenían realmente necesidad de ayuda. Me dije a mí misma que habría dedicado mi vida a ayudar a los jóvenes. Después de 6 meses volví a la comunidad y continué mi camino hasta mis votos definitivos.
¿De qué viven los jóvenes chinos?

La sociedad de hoy parece estar menos segura y estable que en un tiempo atrás. Muchos jóvenes viven en la preocupación y el miedo. Los padres trabajan ininterrumpidamente: muchos de ellos, están fuera de sus casas por todo un año por trabajo e ignoran las reales exigencias de sus hijos. Sin la presencia de los padres, lo que ocupa mayormente la vida de los jóvenes son las cosas materiales, el dinero, las amistades por internet. Los jóvenes está muy presionados por el trabajo; entre ellos hay mucha competición. El rápido desarrollo del mundo virtual hace que muchos jóvenes dependan de internet: un mundo perfecto, donde vivir la vida que se quiera, pero evitando enfrentar la realidad verdadera, el verdadero sí. Internet se vuelve un refugio de la soledad interior y de la confusión de la vida real.

En el mundo, todos desean la armonía social y la paz. Los jóvenes chinos no son una excepción, pero a veces no parecen saber cómo alcanzar estas finalidades. A menudo siguiendo a la masa, sus deseos más verdaderos y más bellos quedan sepultados en sus corazones, vagos, desconocidos. Los jóvenes desean tener una compañía de adultos maduros, guías buenas y auténticas; son muy creativos, son capaces de tomarse sus propias responsabilidades, incluídos los sacrificios. Los jóvenes desean ser tolerados, aceptados, alentados y reconocidos por la sociedad.

¿Cómo es vista la fe religiosa entre los jóvenes?

Para los jóvenes el término “fe” es abstracto. Al máximo, su fe es la que recibieron de sus padres. Pero su personal relación con Dios no es profunda. Además en China el porcentaje de los fieles pertenecientes a la Iglesia católica es muy baja. Por ejemplo en las universidades, los jóvenes católicos tienen miedo de revelarse como tales, por miedo de ser considerados “extraños” o como una minoría. Pero así es difícil mantener una fe sólida, que es más arriesga diluirse. Ciertamente que hay también jóvenes que están interesados en la vida cristiana, que por iniciativa llegan pedir conocer más a la Iglesia, frecuentar el catecumenado y las actividades parroquiales. Una cosa bella y consoladora es que durante las vacaciones algunos jóvenes invitan a la religiosas a participar y conducir sus ejercicios espirituales. Pero estos casos no son muy frecuentes.
 

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