07/12/2018, 14.14
CHINA
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¿Quiénes son los enemigos de Xi Jinping? (II)

de Willy Wo-Lap Lam

El presidente chino debe hacer frente a “la oposición de los administradores regionales”: rigen serios problemas de ocupación que podrían traducirse en protestas masivas. Los favoritismos y las “purgas” que Xi ha operado en las Fuerzas Armadas son causa de resentimiento entre los oficiales del ejército. Los intelectuales, irritados por el “feroz control” sobre la libertad de expresión. Las alarmas económicas minan la popularidad de Xi entre la burguesía china. 

Hong Kong (AsiaNews) – El cuestionamiento de la conducción del “líder supremo” no vendría tanto de los ataques del presidente de los EEUU, Donald J. Trump, cuanto de un creciente número de enemigos dentro de las fronteras nacionales. En efecto, entre los nostálgicos de las políticas de Deng Xiaoping, los administradores regionales, los militares y los intelectuales, crece el descontento por las medidas de gobierno adoptadas por Xi. Es la tesis que sostiene el Prof.  Willy Wo-Lap Lam, docente de la Chinese University de Hong Kong y autor de varios libros sobre China. A continuación, presentamos la segunda parte de su análisis. En este link podrá encontrar la primera parte. Por gentileza de la Jamestown Foundation (Traducción de AsiaNews).

 

Fue quizás con el objetivo de pacificar a los principales clanes del partido que aún se muestran a favor del estilo de Deng, que Xi convocó al grandioso encuentro llevado a cabo en Beijing a fines de noviembre, orientado a conmemorar el 120º aniversario del nacimiento del difunto jefe de Estado Liu Shaoqi (RFA, 26 de noviembre, 2018). Muerto en 1968 a causa de la persecución de Mao Zedong, Liu y Deng fueron estrechos compañeros de armas en su misión de impulsar la liberalización orientada al mercado. En la elegía de Xi, cercana a los 7,000 caracteres, no se hizo ninguna alusión a la conexión entre Liu y Deng. Tampoco remarcó Xi las luchas que Lui libró con Mao en lo concerniente a la instauración de una economía completamente dominada por el Estado en la década de 1950 y a principios de los años ’60. Por el contrario, el discurso de Xi versó fundamentalmente sobre las cualidades morales de Liu como miembro del Partido Comunista, incluyendo su visión de que todos los miembros del Partido debían seguir, incuestionablemente, las instrucciones del zhongyang (中央), es decir, de la cúpula dirigente del partido. (Wenweipo.com [Hong Kong], 24 de noviembre; People’s Daily, 23 de noviembre).

Es aleccionador comparar el enfoque de Xi con aquél del ex presidente Hu Jintao con ocasión de la conmemoración del 110º aniversario del nacimiento de Liu, en el año 2008. En su discurso, Hu destacó que la “principal contradicción” en una sociedad no es el conflicto ideológico sino “la demanda del pueblo por un desarrollo acelerado de la economía y la cultura”. Hu citó a Liu en su apremiante llamado para que el Estado “se abocara a explotar el libre mercado y a valerse de las leyes de precios para regular la producción” (People’s Daily, 12 de noviembre, 2018). Por lo tanto, es harto dudoso que al elogiar las contribuciones de Liu, Xi fuera a ganarse el apoyo de los seguidores de Deng.

Asimismo, Xi está afrontando la oposición de los administradores locales, que temen que la guerra comercial pueda exacerbar la desocupación existente. Los problemas de empleo podrían trasladarse a las calles, con protestas que afectarían negativamente las posibilidades de promoción de los cuadros locales. Algunos analistas creen que la impopularidad de Xi entre los funcionarios regionales puede ser una de las razones por las que él ha decidido este año no convocar al Cuarto Plenario del Comité Central del Partido (Apple Daily, 5 de noviembre). Se fijó con mucha antelación una reunión plenaria en el mes de noviembre, para tratar la cuestión de la guerra comercial sino-estadounidense, pero una proporción considerable de los 204 miembros en total y de los 176 miembros alternativos del Comité Central son altos funcionarios de las provincias y ciudades (Hong Kong Economic Times, 22 de octubre; HK01.com, 16 de octubre).

Mientras en la vigilia del XIX Congreso del Partido Xi centró su atención en asegurar posiciones para sus protegidos y aliados en el más exclusivo Politburó y en su Comité Permanente, el Comité Central aún contiene un número considerable de miembros de la facción de la Liga de la Juventud Comunista, fundada por el ex secretario del Partido Hu Jintao (BBC China, 15 de octubre, 2017). Si se convocase a una sesión plenaria, Xi podría enfrentase a cuestionamientos por parte de los miembros del Comité, que plantearían interrogantes acerca de su capacidad para llevar adelante la Nueva Guerra Fría que se está gestando entre China y los EEUU. Es asimismo sintomático que varios líderes regionales aduladores que deben su ascenso a Xi –por ejemplo, los secretarios de Partido de Tianjin, Beijing y Shanghái (Li Hongzhong, Cai Qi y Li Qiang, respectivamente) se hayan mostrado extrañamente reticentes de alabar el manejo que ha tenido Xi de los asuntos internos y de la política exterior en el último tiempo. De hecho, Li Hongzhong prácticamente ha desaparecido de los medios oficiales desde la celebración del Congreso Nacional del Partido en el pasado mes de marzo, mientras que Li Qiang no aparece en los medios del Partido con alcance nacional desde el mes de julio pasado (Xinhua, 22 de julio; Xinhua, 15 de marzo).

Siendo un estudioso de Mao, Xi está totalmente familiarizado con uno de los dictámenes más citados del Gran Timonel: “El poder surge del cañón de una pistola”. Xi, que simultáneamente es Presidente de la Comisión Militar Central (CMC), ha sacudido el aparato de comando y control del EPL [Ejército Popular de Liberación] a través de una reestructuración profunda que se llevó cabo de diciembre de 2015 a enero de 2016. El comandante en jefe aprovechó la reorganización para instalar a sus protegidos en posiciones clave a nivel de cuarteles generales, mientras planificaba extensas purgas entre los sostenedores de los dos ex vice presidentes del CMC, los Generales Guo Boxiong y Xu Caihou (Xilu.com [Beijing], 15 de agosto). Desde el año pasado, Xi también ha tratado de apartar a dos importantes designados de Hu Jintao, a saber, el ex Jefe del Estado Mayor, el General Fang Fenhui y el ex Jefe Comisario Político, el General Zhang Yang  Liberty Times [Taipéi], 16 de octubre). Habida cuenta del exclusivismo que rige en el ELP, él se las arregló para ofender a cuatro camarillas de las fuerzas armadas. Tampoco ha favorecido en nada que el grueso de los oficiales que han recibido rápidos ascensos bajo el gobierno de Xi tengan en su pasado el haber prestado servicios en la ex Región Militar de Nanjing (RMN), que abarca Fujian y Zhejiang, precisamente donde Xi trabajó desde 1985 hasta el 2007.

A modo de ejemplo, el actual Jefe del Departamento de Trabajo político, el General Miao Hua, el Comandante de las Fuerzas terrestres, el General Han Weiguo y el Comandante y el Comisario de la Policía Armada del Pueblo, el General Wang Ning y el General Zhu Shengling respectivamente son todos graduados del ex 31er Grupo Armado , que era una unidad del NMR con base en Xiamen, Fujian (Ming Pao [Hong Kong], 22 de octubre; Radio French International Chinese Service, 14 de octubre, 2017). Es posible que las purgas despiadadas de Xi, llevadas a cabo entre poderosos camarillas de las fuerzas armadas, sumado al favoritismo con que ha tratado a ex cargos de la NMR, puedan generar resentimiento entre los oficiales del ELP.

Algunos de los intelectuales más prominentes de la nación también se sienten irritados bajo el riguroso control que Xi ha venido a instalar sobre la libertad de expresión. En el mes de julio, un grupo de académicos audaces, entre ellos, Xu Zhangrin de la Universidad de Tsinghua, el veterano experto en Relaciones Internacionales, Zi Zhongyun y el columnista financiero He Jiangbing, pusieron en riesgo sus carreras al endosar a la actual administración de gobierno un “resurgimiento total de la política totalitaria” y la tendencia a “abrazar la barbarie y a renunciar a la civilización”  (China Brief, 1º de agosto; Theinitium.org, 24 de julio; Chinesepen.org, 20 de julio). Desde entonces, las críticas de los intelectuales dirigidas a Xi parecen haberse enmudecido, posiblemente debido a advertencias puntuales provenientes de la administración de Xi dirigidas a los hombres de letras. En el mes de agosto, el Departamento de Organización y el Departamento de Propaganda del Partido dieron el extraño paso de librar un comunicado conjunto titulado “Circular sobre la puesta en marcha de la campaña para difundir el ‘espíritu de las luchas patrióticas y perseguir los logros de la nueva era entre las grandes masas de intelectuales” (关于在广大知识分子中深入开展“弘扬爱国奋斗精神、建功立业新时代”活动的通知”; Xinhua, 11 de agosto), un claro tiro de advertencia dirigido a los miembros mal predispuestos de las clases educadas.   

La popularidad de Xi entre la pujante clase media china –estimada en torno a los 400 millones de personas- también podría verse en riesgo habida cuenta de la marea creciente de señales de advertencia en el plano económico, que incluyen la caída de inversiones por parte del gobierno, un endeble gasto por parte de los consumidores y una deuda rampante generada entre los gobiernos locales (Cn.reuters.com, 19 de octubre; Marketwatch.com, 18 de octubre).  Mientras la administración de Xi está ansiosa por promover el consumo como nuevo pilar del crecimiento, el poder adquisitivo de la clase media se ha visto restringido debido a las altas cuotas hipotecarias, y  la gente común y corriente trata de generar consumos a base de un creciente endeudamiento. Como resultado de ello, la proporción de la deuda interna con respecto al PIB ha llegado a su pico máximo de todos los tiempos, tocando un 49.1 % en el 2017, marcando un incremento cercano a los 20 puntos en los últimos cinco años (Financial Review, 19 de octubre; South China Morning Post, 15 de octubre; Financial Times,, 27 de septiembre). Si Beijing no logra ganar tiempo para poner en orden su economía doméstica, negociando para ello un acuerdo relativamente favorable con los EEUU, Xi verá erosionado su apoyo por parte de este sector, quizás, el más poderoso del pueblo. Y a pesar de que su deseo es extender su período de servicio como Secretario del Partido Comunista a más del tradicional término de diez años, sus detractores y enemigos podrían unirse y denegarle su tan anhelado “largo reinado y perenne estabilidad”. 

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