16/04/2014, 00.00
MYANMAR
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Benedict Rogers: mi Pascua en Myanmar, tierra en la cual me hice católico

de Francis Khoo Thwe

Dirigente para Asia del Christian Solidarity Worldwide, él nos cuenta su unión especial con la tierra birmana y con el arzobispo de Yangon. El agua como elemento de purificación, une a católicos y budistas que en 2014 celebran juntos las principales festividades. La universalidad de la Iglesia "no quiere decir uniformidad", sino valorizar la cultura local. La Iglesia birmana es "una Iglesia viva".


Yangon (AsiaNews)- La "simbología del agua" es un elemento que une católicos y budistas birmanos los cuales, en este 2014, celebran en la misma semana las dos citas más importantes del año litúrgico: la Pascua cristiana y el "Thingyan", el Nuevo año budista, mejor conocido como la "Festival del agua". Para los católicos el agua bautismal retorna "cada vez que nos hacemos el signo de la Cruz con el agua santa", mientras que para los seguidores de Buda esa representa "la purificación de los pecados, el lavar los errores cometidos en el año precedente, renacer". Es lo que nos relata a AsiaNews, Benedict Rogers, periodista y activista por los derechos humanos, originario de Londres, dirigente para el Este de Asia del Christian Solidarity Worldwide (Csw), que justamente el año pasado 8en la foto) y en Myanmar- en ocasión del domingo de Ramos- ingreso en la Iglesia catolica. "Este es un interesante elemento en común para los budistas y católicos- agrega- si bien partiendo de prospectivas religiosas diversas".

Gra experto de cuestiones birmanas, él quiso que la ceremonia se desarrollase en Yangon y fuese presidida por el arzobispo local. De hecho fue mons. Charles Bo quien tuvo un rol fundamental en la decisión de adherir al catolicismo, madurada en el tiempo después de un largo período de estudios y de reflexiones. En la ceremonia estaban presentes católicos, protestantes, agnósticos, ateos y budistas, demostrando la profunda unión instaurada con la población local.

En los años de misión en varios Países de Asia, encontró personalidades de primer plano del panorama católico, entre los cuales Shahbaz Bhatti, ministro de las minorías religiosas en Paquistán, masacrado por los fundamentalistas islámicos por su firme oposición a las famosas leyes sobre la blasfemia. Sobre su decisión de convertirse tienen mucho que ver sus meditaciones y lecturas, entre ellas libros de von Balthasar, de Lubac y las encíclicas de Benedicto XVI, en particular "Caritas in veritate". Su historia se vuelve testimonio concreta de como un País aún tierra de misión, pueda en cambio transformarse en ocasión para encontrar a Cristo, de anuncio del Evangelio, de redescubrimiento de una fe católica que Europa y el Occidente parece que hayan abandonado.

En estos días de acercamiento a la Pascua, Benedict Rogers quiso volver a Myanmar para celebrar su primer año de católico y tomar parte de un rito espiritual en preparación de la Semana Santa. Él cuenta que también los birmanos, como los fieles del todo el mundo, se acercan a la Confesión, participan en la Adoración eucarística, rezan, ayunan y hacen la Via Crucis. "Esto me sorprende- cuenta- es que la universalidad no signifique uniformidad". En el curso del último año, "he participado de celebraciones en el reino Unido, en Italia, Suecia, Indonesia, Myanmar y EEUU- agrega- pero en ningún ángulo del mundo la misa refleja la cultura local y la lengua del lugar". Por ejemplo, en la ex Birmania el signo de la paz no se hace estrechándose las manos, sino "saludándose el uno al otro con las manos recogidas, como se usa hacer en Asia como gesto de paz".

La Iglesia birmana, nos dice, es una "Iglesia viva" y a menudo "bromeo diciendo que soy un "católico birmano" más que "católico romano". La comunidad local, continúa es activa en el sector humanitario, en la asistencia a los marginados, de los pobres, de los evacuados a causa de la guerra, de las víctimas de los conflictos y de los perseguidos, en este aspecto se agrega también la importancia del "catecismo y el compartir práctico de cada aspecto de la fe".

El tiempo de Pascua, subraya el activista, es un momento privilegiado para "recordar y reflexionar sobre el dolor y los sufrimientos", pero al mismo tiempo una "fuerte esperanza", de alegría. Junto a las "verdades espirituales" encerradas en la muerte y resurrección de Jesús, él recuerda el "simbolismo" que une la fiesta al reciente pasado de Myanmar, signado por decenios de dictadura; una "crucifixión" para la nación y el pueblo, pero que parece se dirija hacia la "propia resurrección". "Existen temores que se trate de un alba ilusoria", subraya Benedict Rogers, retomando la palabra del arzobispo de Yangon, , pero "espero que no sea así y que la promesa de "resurrección" se realice plenamente en Birmania". "Para mí la Pascua srá siempre un momento privilegiado para recordar mi viaje personal de fe y mi ingreso en la Iglesia católica- concluye el activista, con un afecto particular. La Pascua representa muchísimo en el plano personal, en todos los niveles, sobre todo si para celebrarla estoy aquí en Myanmar". 

 

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