29/06/2018, 11.05
SIRIA
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Cristianos y musulmanes sirios: de las heridas en común, un futuro de paz

de Sandra Awad*

Un almuerzo abierto a los fieles de todas las religiones, para responder a la campaña de Caritas Internationalis “Share the Journey”. De la desconfianza inicial, al testimonio recíproco de los sufrimientos padecidos en el conflicto. La esperanza de una reconciliación futura que pueda abrazar a “todo el país”. La historia de una anciana de Homs y su hijo raptado.

Damasco (AsiaNews) – Un almuerzo que une a cristianos y a musulmanes y que se vuelve una ocasión para compartir las experiencias vividas en la guerra, los sufrimientos, las divisiones. Descubrir que no hay familia que se haya salvado del conflicto, que a pesar de partir de credos distintos estamos unidos en el dolor, y que juntos se puede emprender un camino de reconstrucción capaz de edificar puentes sobre las ruinas y lograr una paz que deriva de lo profundo del corazón. Es lo que surge del testimonio que le confía a AsiaNews Sandra Awad, la responsable de Comunicación de Caritas Siria, una mujer de 40 años, casada y madre de dos hijos, cuando se refiere a la iniciativa “Share the Journey”, lanzada por Caritas Internationalis. Un desafío para un país que ya ha llegado a su octavo año de guerra, pero que deja de esperar una “reconciliación·” que sepa “abrazar a todo el país”-.

A continuación, transcribimos el testimonio de la responsable de Caritas. Traducción de AsiaNews:

 

Cuando recibimos el mail en el cual se detallaba el tema de la nueva campaña de Caritas Internacional y de otras ONG sobre el tema “Compartir el viaje” (#sharejourney), que alienta a las comunidades locales a acoger  integrar a los refugiados, nos sentimos confundidos. ¿Cómo podemos adoptar esta campaña aquí, en Siria? ¿Qué parte de la sociedad podría ser considerada huésped? ¿Quiénes debieran ser incluidos en la categoría de recién llegados? En Siria no tenemos refugiados.

Todos somos una sola sociedad, que ha sufrido mucho durante la guerra, y no hay ninguna familia que haya quedado a salvo de su nefasto impacto. Consideramos que esta campaña no podía funcionar bien para los sirios e hicimos un gran esfuerzo para sumarnos a ella, hasta el día en que recibimos un mail de Caritas Internacional, en el que se invitaba a compartir una comida con los refugiados.

Al final decidimos participar en esta iniciativa organizando una comida para algunos desplazados a los cuales garantizamos ayuda, que son de religiones distintas, y fijamos la fecha del 23 de junio pasado. El evento se llevó a cabo en un salón del complejo de la iglesia ortodoxa de la Santa Cruz (Damasco). Además de las personas asistidas, también estuvieron presentes obispos y sacerdotes de la Iglesia católica.   

En un primer momento, estábamos muy preocupados por el éxito del evento. ¿Cuál sería la reacción de los obispos católicos, al ver que los habíamos invitado a una iglesia ortodoxa? ¿Cómo habrían de interactuar los beneficiarios durante el evento? Ellos son una mezcla (y un espejo) de la sociedad siria: musulmanes, cristianos, alauitas, drusos… Somos una nación que sufre desde hace casi ocho años a causa de la guerra; la distancia y la separación entre las personas se han vuelto cada vez más profundas. Todos sufren, y los corazones están llenos de odio y dolor.

A pesar de nuestras preocupaciones, organizamos el lugar para alojar al mayor número de familias posible, de credos distintos, una junto a otra, en la misma mesa.

Podía ser una decisión arriesgada, pero no había otro modo de hacerlo, y nuestras preocupaciones terminaron mostrando ser infundadas. Cuando las familias comenzaron a llegar a la sala, había un clima sumamente tenso;  una señora anciana se acercó a una de nuestras operadoras y le pidió si podían evitar ponerla al lado de los musulmanes, porque fueron ellos quienes le secuestraron al hijo.

Por pura casualidad, mi lugar estaba al lado del de esta mujer, que, por cierto, no parecía estar feliz. Comencé a hablarle, para hacerla sentir lo más a gusto posible. Y supe que era una desplazada proveniente de Homs. Cinco años atrás, unos grupos armados irrumpieron en su distrito, y golpearon a su hijo mayor hasta dejarlo inconsciente. Hoy, este hijo sufre problemas mentales, provocados por ese incidente. El hermano menor recibió más de 10 disparos en su pierna derecha, y esto le produjo una discapacidad permanente. El tercero fue secuestrado junto a su esposa y al hijo de un año, y desde entonces, no tuvo más noticias de ellos.  

“Hubiera deseado tanto que estos me llevaron un ojo, un riñón, o hasta mi corazón, pero no que se llevaran a mi hijo…” me contaba la señora en un mar de lágrimas.

Apoyé la mano sobre su brazo y traté de consolarle el corazón herido, con cuidado y atención. Luego de que se calmó un poquito, le dije: “Cada familia de este país ha sufrido mucho. ¿Ve usted a esta mujer con el velo, que se sienta en nuestra mesa? Ella perdió a su marido, fue muerto hace un año por un disparo de mortero; el hijo perdió una pierna. Ahora ella debe ocuparse de cuatro hijos, uno de ellos es discapacitado, y lo hace sola, sin ninguna fuente de ingresos segura”

La mujer miró a la viuda y sus ojos se llenaron de lágrimas, luego agregó: “Sí, hemos sufrido todos por esta guerra, y cada uno tiene su propio dolor”.

Lo que ocurrió con la mujer anciana fue escuchado por todos los presentes; de aquí surgió la invitación a compartir el relato de la experiencia personal de cada uno durante la comida. Un hombre contó que lo secuestraron y que fue torturado durante dos años por los grupos armados, hablando de su tragedia frente a todos. Pidió a los presentes rezar por su hermano que fue raptado junto a él y de quien no tuvo más noticias. Luego de que este valiente hombre habló, mucha gente  -hombres y mujeres- compartieron su historia con los demás. Al final de la jornada, y bajo la guía de los obispos que estaban allí presentes, rezamos todos juntos, cristianos y musulmanes, pidiendo a Dios la paz, el perdón y que el amor pueda llenar los corazones de todos los sirios.

La devolución que hemos tenido del evento y los comentarios que todavía recibimos de las personas invitadas, nos muestra que no sólo podemos saciar a las personas hambrienta con una sabrosa comida, sino que también podemos tocar sus corazones en lo profundo, para iniciar un camino de perdón y de reconstrucción de los lazos entre la gente. A su modo, Caritas Siria pudo participar en la campaña “Share the Journey”, pero de una manera especial, bajo el signo de la “reconciliación”. Esperamos que este evento sea el primer paso de un camino de reconstrucción que sea capaz de construir puentes sobre las ruinas, y de ayudar a alcanzar una paz que deriva de lo profundo del corazón, que sepa abrazar a todo el país.

 

* Responsable de Comunicación en  Caritas Siria

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