15/06/2018, 13.52
BANGLADÉS
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El sufrimiento incesante de los rohinyás: los campos de refugiados, inundados

de Sumon Corraya

En la última semana murieron tres personas. Los refugiados huyeron del país vecino, Myanmar, donde son perseguidos. Suman más de 3.000 las viviendas destruidas, y los pozos y sanitarios han quedado inutilizables. En los campamentos se propagan enfermedades e infecciones. La Medialuna Roja suspende las vacaciones de los empleados musulmanes por la fiesta de Eid-ul-Fitar.

Cox’s Bazar (AsiaNews) – El sufrimiento no se aplaca para los musulmanes rohinyás, que desde el año pasado viven en los campos de refugiados de Cox’s Bazar (en el sur de Bangladés). Largamente anunciado, finalmente el monzón hizo su arribo, y con él, la muerte y la destrucción. En los últimos cinco días murieron cuando menos tres personas a causa de las inundaciones y aludes, provocados por las fuertes precipitaciones.  

Según la unidad dedicada a los rohinyás del Ministerio para la Mitigación y Gestión de desastres, casi 700.000 desplazados huyeron de Myanmar desde el 25 de agosto de 2017, cuando se reanudó la violencia entre los militantes musulmanes del Arakan Rohingya Salvation Army (ARSA) y las tropas del ejército.

En un comunicado de prensa, la “Inter Sector Coordination”, una alianza de ONGs que trabajan con los refugiados, publica los números de la devastación del monzón: “Las lluvias y tormentas han afligido duramente la vida de 28.373 personas. De éstas, 32 resultaron heridas y dos muertas, incluyendo un niño. Otros 6.023 refugiados fueron afectados [por los efectos] de las avalanchas. Al mismo tiempo, las precipitaciones han dañado 3.302 viviendas, 22 pozos y 298 sanitarios”.

En la sola jornada de ayer, se informaron daños en 108 viviendas y 4 retretes. Las consecuencias peores de las lluvias se registran sobre todo en los alojamientos construidos sobre las pendientes de las colinas. Moniruzzaman Islam, un refugiado, afirma: “Vivimos con miedo. Si la lluvia continúa por una semana más, seremos incluso más duramente afectados. Rogamos a Alá para que nos salve”.

La Organización Mundial de la Salud alerta sobre la posible propagación de enfermedades infecciosas. Las pésimas condiciones de higiene y salud en que viven los rohinyás, sumado al estancamiento de las aguas, podrían desencadenar verdaderas epidemias de dengue, chikungunya, tifus, hepatitis E y malaria. A esto se suman los problemas respiratorios, las infecciones y la disentería. La Sra. Jorunia Akter contrajo tifus hace una semana. “Tengo fiebre –cuenta-, no puedo trabajar y me siento muy débil. He perdido la esperanza de vivir”.

Frente a esta emergencia, muchas asociaciones han suspendido las vacaciones de los voluntarios musulmanes por la fiesta de Eid-ul-Fitar, con la cual se concluye el mes sagrado de Ramadán. Un funcionario de la Medialuna Roja  (Red Crescent Society) declara: “No permitiremos que nuestro personal deje los campos. Los rohinyás necesitan de nuestra asistencia”.

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