03/04/2017, 14.24
IRAK
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En Mosul, la Iglesia acude para ayudar a miles de refugiados musulmanes. Mar Sako: unidos contra Daesh

Esta mañana, el primado caldeo visitó dos campos de refugiados situados en los alrededores de la metrópoli. En Hammam al Halil se hospedan 25.000 personas. La delegación del patriarcado ha entregado ayudas y dinero. “No somos Kuffar, infieles –dijo el primado caldeo-, queremos salvar el mosaico de Irak”. 

 Erbil (AsiaNews) - “Les hemos dicho que queremos mantenernos unidos, que queremos ayudarlos, que no somos infieles…. ‘Kuffar’ [incrédulos]. Es por eso que debemos insistir sobre esta palabra, deben entender que no somos infieles”. Es lo que afirmó ante AsiaNews el patriarca caldeo mar Louis Raphael Sako, luego de haber visitado dos campos de refugiados situados en la periferia de Mosul - los cuales acoge solamente a familias musulmanas- y de haber distribuido ayudas y dinero que fueron colectados por la Iglesia iraquí en las últimas semanas.  “Estas personas –prosigue su beatitud- han respondido que los verdaderos ‘kuffar’ son los del Estado islámico (EI), puesto que son ellos los incrédulos que han manchado el nombre del islam”.  

Esta mañana, el primado caldeo atravesó las puertas del campo de refugiados de Hammam al Halil, situado a 15 minutos de los suburbios de Mosul, la metrópoli del norte y bastión del EI en Irak, donde están alojados 25.000 refugiados musulmanes. En nombre de los católicos iraquíes, el patriarca ha entregado ayudas para unas 3.000 personas.

Acto seguido, la delegación de la Iglesia iraquí visitó un segundo campo de refugiados, a 20 minutos de Mosul, en el cual se hospedan cuando menos 11.000 personas, todos musulmanes. También en este caso, fueron distribuidas ayudas para un millar de familias, además de dinero en efectivo para la compra de medicamentos y de otros artículos de primera necesidad.

“Los dos campos de refugiados -cuenta a AsiaNews mar Sako- se encuentran poco distantes de Mosul.  Hubiéramos querido llegar hasta los alrededores de la ciudad para ver en persona cuál es la situación. Sin embargo, no hemos podido hacerlo, porque se están desarrollando bombardeos y tremendos enfrentamientos” entre el ejército iraquí y las milicias yihadistas enrocadas en el sector occidental.  

En febrero, las fuerzas del gobierno lograron expulsar a los milicianos de Daesh [acrónimo árabe para el EI] de la zona oriental de Mosul, sobre la margen derecha del Tigris, luego de meses de intensos combates. La ofensiva se inició el 17 de octubre, y se requirieron casi cinco meses para vencer a la resistencia yihadista en el área. Ahora, el objetivo es asumir el control total de la segunda ciudad más importante del país, si bien sigue siendo prioritario el problema de la seguridad de la población civil que ha quedado involucrada en la ofensiva.

En la Ciudad Vieja de Mosul, en el sector occidental, se erigen las iglesias más antiguas de todo Irak, y algunos de los monasterios más importantes. Edificios que se remontan a los siglos quinto, sexto y séptimo de la era cristiana, y que constituyen un verdadero y auténtico patrimonio no solamente religioso, sino también histórico y cultural para el país.

La ofensiva militar en acto ha causado cuando menos 4.000 víctimas en la zona oeste, además de la destrucción de unas 10.000 viviendas, en la que muchos activistas y religiosos del lugar definen como una “verdadera tragedia”. Estos nuevos refugiados, víctimas de la ofensiva, se vienen a sumar a los evacuados que huyeron en un primer momento. En todo el país, hay un total de aproximadamente 3,5 millones de desplazados, y el número está destinado a elevarse, considerando que aún quedan 400.000 personas en el oeste de Mosul.

Al describir la situación del campo de refugiados de Hammam al Halil, mar Sako habla de que la “situación es terrible, hay personas por el suelo, los hombres y las mujeres sufren y se desesperan”. “Hemos venido aquí –prosigue el patriarca caldeo- para decirles que estamos cerca suyo, para mostrarles nuestra solidaridad, que creemos en el mismo Dios”. Estos refugiados nos han dicho que volvamos a Mosul, que la ciudad no es la misma sin los cristianos”. Dejando el campo de refugiados a sus espaldas, el patriarca caldeo cuenta que vio llegar “otros cuatro pulman que llevaban a bordo” decenas de familias, todas ellas huyendo de la violencia que se está consumando en Mosul. “Se necesita reconstruir una confianza –concluye mar Sako- salvar el mosaico religioso, étnico y cultural iraquí. Y son gestos como este los que nos ayudan a reconstruir la confianza, que sirven para dar alivio a personas que se sienten humilladas, arrasadas”.  (DS)

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