17/02/2021, 15.46
ARGELIA - ISLAM
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La 'santa inquisición' islámica: el caso del estudioso argelino Saïd Djabelkhir

de Kamel Abderrahmani


En el mundo musulmán, la libertad de expresión está muriendo. La caza de aquellos que quieren desviarse del pensamiento único. Yihadismo judicial basado en la Constitución y leyes liberticidas, y los "locos de Alá", en la represión de la disidencia. La imposibilidad de someter al Islam a un "cuestionamiento de la razón".

 

Argel (AsiaNews) - Hace un año escribí un artículo titulado "La libertad de expresión está muriendo, bajo los golpes de la Inquisición islamista" (1) en el que denunciaba la presión que sufren los intelectuales, pensadores y ciudadanos que se atreven a oponerse a la opinión mayoritaria del Islam y el islamismo, o que se atrevan a ofrecer una mirada diferente, independiente del pensamiento dominante. La libertad de expresión, digámoslo con todas las letras, está muriendo en el mundo musulmán.

No se puede decir nada con libertad. De manera más o menos implícita a todos y cada uno se les dice que no se desvíen del pensamiento único, y como esta forma de pensar es mayoritaria, cualquier forma de rebelión se considera como predicar en el desierto o, lo que es más grave, susceptible de recibir las flechas de la inquisición. Y cuando se trata de religión, las presiones se multiplican, se intensifican y el debate se vuelve, si no imposible, al menos muy difícil de avanzar, fagocitado por el pensamiento religioso y los servicios del Estado que le han jurado fidelidad.

En otras palabras, amordazar las voces que piensan diferente o son críticas a los ojos de la religión parece ser una forma de actuar que se puede comparar con el "yihadismo judicial". Es decir, llevar a juicio a una persona cuyos dichos, ideas y opiniones critican, desenmascaran y desmitifican la naturaleza violenta de los seguidores de una religión que, a pesar de todo, quiere ser religión de paz. Pero de todos modos pretende amordazar y silenciar a sus críticos.

"Jihadismo judicial". ¿Les sorprende conocer su existencia? Esta forma de "jihad" no existe sólo en la práctica, sino que también cuenta con el respaldo de varios, por no decir todos los Estados musulmanes, entre ellos Argelia. Esta última se basa en una Constitución y en leyes liberticidas institucionalizadas (2) y ofrece en bandeja de plata a los "locos de Alá" la posibilidad de silenciar por vía judicial las voces críticas, los intelectuales, pensadores e islamólogos que contextualizan las ciencias humanas y sociales en la interpretación del texto coránico con el objetivo de modernizar el Islam. Y de liberar los espíritus del dogma, favorecido por el tradicionalismo y el islamismo como ideología.

"Los locos de Allah" son los partidarios de la interpretación literal de los textos religiosos y de la práctica sectaria y estricta del Islam. No son necesariamente islamistas, sino tradicionalistas, porque su proyecto es islamizar la sociedad instrumentalizando la religión, utilizándola, básicamente, como baluarte contra la modernidad en marcha, o como barrera y contracorriente a la expansión inherente al progreso potencial de la sociedad argelina. Y lo hacen por medio de la difusión del "temor de Allah". Un miedo capaz de paralizar los espíritus y aniquilar cualquier deseo de emancipación y que por lo tanto permite manipular a la sociedad no solo para ajustarla a lo que ellos llaman "la ley de Allah", sino también para someterla al gobernante de turno: "El mensajero de Allah nos ha llamado y nosotros le hemos prometido fidelidad. Él aceptó nuestro juramento, que decía que debemos escuchar y obedecer, tanto en lo que amamos como en lo que no deseamos; en las dificultades como en la comodidad, y aunque nos concedamos privilegios en esta vida que van en detrimento nuestro, no impugnamos el mando de quien lo detenta. [...] "Excepto en el caso en que veáis un Koufr (signos claros de incredulidad), contra el cual tenéis una prueba procedente de Allah" (3).

El poder argelino ha jugado la carta del islam moderado, pero híbrido - tolerante e intolerante al mismo tiempo - desde que Bouteflika llegó al poder en 1999. Lo hizo para debilitar a los partidarios de la "jihad militar", sobre todo al sanguinario Frente de Salvación Islámica. Para ello, el Estado ha favorecido dos versiones contradictorias del Islam, en particular el wahabismo - salafismo y sufismo - una corriente ascética y mística del Islam que tiende al puro amor a Dios. Sin embargo, las dos corrientes son unánimes cuando se trata de violencia, ambas la prohíben. Así que ambas actuaron como freno al movimiento islamista - los Hermanos Musulmanes y el FIS, que tienen un proyecto político bien conocido - que propugna la militancia armada. Sin embargo, el Estado también tenía otro objetivo, asegurar su sostenibilidad mediante el dogma pro poder del wahabismo y un cierto sufismo "politizado" que con su discurso mantiene al ciudadano en la somnolencia y el entumecimiento intelectual. Para darle más credibilidad y fuerza a sus fuerzas oscurantistas, el Estado institucionalizó una ley liberticida, el famoso artículo 144 bis 2: "Será castigado con prisión de tres (3) a cinco (5) años y multa de cincuenta mil (50,000) DA a cien mil (100,000) DA, o solo una de estas dos penas, cualquiera que ofenda al profeta o a los mensajeros de Dios o denigre el dogma o los preceptos del Islam, ya sea mediante escritura, dibulo, declaración o cualquier otro medio".

Al mismo tiempo, la disolución del FIS a principios de la década del ‘90 permitió a las autoridades contrarrestar el ascenso del movimiento islamista, o en otras palabras, del islam político, marginando a todos los partidos islamistas creados después del FIS, como el MSP. La mayoría de los salafistas quietistas que ocupan la escena doméstica, incluidos los imanes, se mantienen bien alejados de la política. Su único objetivo es mantener un cierto conservadurismo social en las costumbres y no en las instituciones políticas, pero sin caer en el extremismo religioso, como en la década negra que provocó la muerte de casi 500.000 argelinos. ¿Este hecho nos permite llegar a la conclusión de que los responsables argelinos prefieren desviar el control religioso de la vida política en beneficio de la vida social, a fin de contener su poder de manera duradera, incluso si eso significa sostener esta estrategia con textos jurídicos contrarios a la voluntad de "emancipación y apertura" promovida por Bouteflika desde 1999?

Si el Estado maldice el islamismo, el conservadurismo está más que promovido. Goza de un marco oficial e institucional, es amparado y difundido por los imanes de la República, por los programas escolares aprobados y por discursos religiosos televisados. Lo ponen en práctica los representantes de la autoridad pública, los medios de comunicación, los diversos ministerios y el poder judicial. En otras palabras, es el Islam oficial, como dice el artículo 2 de la Constitución argelina "El Islam es la religión del estado" (4) y no el "yihadismo islámico", ya que este último está oficialmente prohibido. Así que la honestidad intelectual y el deseo de ver a Argelia - así como al mundo musulmán - en un estado mejor del que está ahora, me obligan a llamar al mal por su nombre (sin miedo a ser un día objeto de una fatwa): se trata de la inquisición islámica y no la inquisición islamista.

Para justificar la etiqueta de "inquisición islamista", intelectuales y periodistas acusan a Ibn Taymiya y Mohamed Ibn Abdelwahhab de ser la fuente del terrorismo islamista. Sin embargo, me pregunto si estas acusaciones se basan en una falta de comprensión del tema o en el deseo de purificar el Islam y convertirlo en una religión inmaculada. La inquisición islámica ha existido desde el nacimiento del Islam y siempre se ha practicado contra los que sostienen tesis distintas a las dominantes. Por tanto, resulta esencial y urgente desmontar el mito de una religión "racional y pacífica" y esta es la tarea que se han propuesto los intelectuales contemporáneos, como Mohamed Abdou, Mohamed Arkoun, Sayyed Al-Qimni, Hassan Farhan al-Maliki , Mohamed Shahrour, que son ellos mismos objeto de esta inquisición. Una de sus formas más tempranas surgió durante las guerras de Ridda (5) lideradas por el primer califa (6). Incluso aquellos que se consideran más "racionales y pacíficos", en este caso los mu'tazilitas, durante su enfrentamiento con la ortodoxia sunita entre el 833 y el 848, quisieron imponer sus tesis por la fuerza bajo el reinado del califa Al Ma 'mun y persiguieron a los eruditos sunitas (7). ¡Y ellos a su vez terminaron siendo perseguidos y asesinados!

La historia musulmana es cíclica, se repite una y otra vez. En el siglo XXI, los intelectuales, islamólogos, pensadores y activistas seculares son perseguidos por atacar al Islam. Algunos han sido encarcelados, como Islam Bouhayri en Egipto y Hassane Ferhane Al Maliki en Arabia Saudita, otros acosados y exiliados como Hamed Abdel-Samad y el que era Mohammed Arkoun. Sus obras están prohibidas, como en el caso de Mohammed Shahrour. Hombres de ciencia que fueron relegados al estatus de "innovadores", mientras los charlatanes disfrutaban del estatus de "eruditos". Es decir, oscurantismo y todo aquello que alimenta el espíritu extremista y alienta la sagrada ignorancia.

Cualquier intelectual con un discurso racional y crítico respecto del pensamiento religioso único y dominante - el sunita - es llevado ante la justicia por "haber atacado al Islam". Esto es lo que enfrenta actualmente el islamólogo argelino Saïd Djabelkhir. Este investigador del sufismo comparecerá el 25 de febrero ante el tribunal de Sidi M’hemed. Dicho tribunal aceptó la denuncia que presentó cierto profesor universitario por "desprecio por el Islam, violación y burla de los auténticos hadiz de la Sunnah del Profeta Mahoma, el pilar del Hajj (peregrinación) y el sacrificio ritual de la ovejas en el Eid". De lo cual debemos deducir que el demandante, así como sus abogados, le reprochan su deseo de someter el Islam a un "cuestionamiento de la razón" y a una interrogación constante y crítica para acercar a los musulmanes, víctimas del dogmatismo, a la luz del conocimiento.

Sin embargo, se pueden plantear muchas preguntas en relación con este proceso. Por ejemplo, ¿quién representará a "Allah" en la audiencia? ¿Está Saïd Djabelkhir realmente en contra de "Allah" o en realidad se opone a aquellos que, por la fuerza de la ley, difunden a través de la escuela y la mezquita una percepción peligrosa de Allah que consiste en presentar a una persona diferente como enemiga de Allah? ¿Cómo se puede llevar ante la justicia a un investigador por los resultados de su investigación? ¿Acaso investigar no significa aportar algo nuevo, algo más, algo inédito? En otras palabras, cuando los guardias del templo se sienten amenazados, se permiten a sí mismos todas las formas de jihad.

(1)  http://asianews.it/news-en/Freedom-of-expression-is-dying-under-the-blows-of-the-Islamist-Inquisition-49131.html

(2) Será castigado con prisión de tres (3) a cinco (5) años y multa de 50 a 100 mil dinares, o solo una de estas dos penas, cualquiera que ofenda al profeta o a los mensajeros de Dios o denigre el dogma o los preceptos del Islam, ya sea mediante escritura, dibulo, declaración o cualquier otro medio.

(3)  https://www.salafidemontreal.com/doc/Obeir_aux_dirigeants.pdf

(4)  https://www.joradp.dz/hfr/consti.htm

(5) Guerras contra los apóstatas

(6)https://www.islamweb.net/fr/article/144499/Les-guerres-d%E2%80%99apostasie-et-compilation-du-Coran

(7) Los 101 grandes momentos del Islam, Renaud K. édition Sarrazins

 

 

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