23/02/2019, 22.12
VATICANO
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La celebración penitencial delante de una víctima de abuso.

En la Sala Regia del Palacio Apostólico, la solicitud de perdón del Papa y de los miembros del encuentro sobre "La protección de los menores en la Iglesia". La homilía dada por Mons. Philip Naameh, arzobispo de Tamale y presidente de la Conferencia Episcopal de Ghana.

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) - "Dios de la misericordia" nos dé "el coraje de decir la verdad y la sabiduría para reconocer dónde hemos pecado", "llenarnos con sincero arrepentimiento y otorgarnos el perdón y la paz". Así, el Papa Francisco presentó la celebración penitencial, esta tarde en la Sala Regia en el Vaticano, al concluir el tercer día del encuentro sobre "La protección de los menores en la Iglesia".

La homilía de la liturgia, un comentario sobre la Parábola del hijo pródigo, estuvo a cargo de Monseñor Philip Naameh, arzobispo de Tamale y presidente de la Conferencia Episcopal de Ghana.

En una comparación con lo que sucedió en estos días, con la solicitud de romper el silencio y actuar ante de los abusos, dice: "Su situación [del hijo pródigo] cambia cuando se reconoce a sí mismo y admite que cometió un error, lo confiesa a su padre, le habla abiertamente y está listo para sufrir las consecuencias. De esta manera, el Padre experimenta la gran alegría por el regreso de su hijo pródigo y facilita la aceptación de los hermanos".

Pero el punto más dramático de la celebración fue el momento en que una víctima de abuso (latinoamericano) ofreció su testimonio que publicamos aquí en su totalidad. Después de este testimonio, la misma persona tocó con un violín una música de J.S. Bach, casi un signo de una existencia que retoma el vivir.

 

El abuso, de cualquier tipo, es la mayor humillación que un individuo puede sufrir. Uno debe enfrentarse al hecho de tener conciencia de no poder defenderse de la fuerza superior del agresor. No se puede escapar de lo que sucede, pero se debe soportar, no importa lo feo que sea.

Cuando se experimenta el abuso, se querría poner fin a todo. Pero no es posible.

Se querría escapar, así sucede que uno deja de ser uno mismo. Se querría huir tratando de escapar de uno mismo. Así es que, con el tiempo, uno se queda completamente solo. Estás solo, porque te has retirado a otra parte y no puedes, o no quieres, volver a ti mismo.

Cuanto más a menudo sucede, tanto menos regresas a ti mismo. Eres otra persona, y siempre seguirás siendo otra persona. Lo que llevas dentro es como un fantasma, que los demás no pueden ver. Nunca te verán ni te conocerán completamente. Lo que más duele es la certeza de que nadie te comprenderá. Esa certeza permanece contigo por el resto de tu vida.

Los intentos de volver al yo más verdadero, y participar en el mundo “precedente”, como antes del abuso, son tan dolorosos como el abuso mismo. Se vive siempre en dos mundos al mismo tiempo. Desearía que los agresores pudieran entender que son capaces de crear esta división en las víctimas. Por el resto de nuestras vidas.

Cuanto mayor es tu deseo y tus intentos de reconciliar estos dos mundos, más dolorosa es la certeza de que no es posible. No hay sueño sin recuerdos de lo que ha sucedido, ningún día sin recuerdos (flashbacks)

Ahora puedo manejar mejor esta situación, aprendiendo a vivir con estas dos vidas. Intento centrarme en mi derecho divino de estar vivo. Puedo y debo estar aquí. Esto me da coraje. Se acabó ahora. Puedo seguir Tengo que seguir Si me rindiera ahora o me detuviera, dejaría que esta injusticia interfiriera en mi vida. Puedo evitar que esto suceda aprendiendo a controlarlo y aprendiendo a hablar de ello.

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