27/10/2019, 12.29
VATICANO
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Papa: Desde el Sínodo amazónico, el grito de los pobres es el grito de esperanza de la Iglesia

En la misa conclusiva del Sínodo sobre Amazonía, el Papa Francisco muestra los 3 posibles estilos de oración: la del fariseo, la del publicano y la del pobre. Además de los padres sinodales, estaban presentes los representantes de las comunidades indias amazónicas, con los rostros pintados de fiesta, tocados con plumas multicolores, collares muy elaborados. Hay personas que se definen “cristianos y humanos”. “Somos un poco publicanos...y un poco fariseos”.

 

Ciudad del Vaticano (Asianews)- “En este Sínodo tuvimos la gracia de escuchar las voces de los pobres y de reflexionar sobre la precariedad de sus vidas, amenazadas por modelos de desarrollo depredador. No obstante, justamente en esta situación, muchos nos han testimoniado que es posible mirar a la realidad en un modo distinto, recibiéndola con las manos abiertas como un don, habitando lo creado no como un medio para explotar sino como una casa que hay que cuidar, confiando en Dios… Cuántas veces, también en la Iglesia, las voces de los pobres no son escuchadas y quizás vienen burladas o puestas a callar porque son incómodas. Recemos para pedir la gracia de saber escuchar el grito de los pobres: que es el grito de esperanza de la Iglesia. Haciendo nuestro el grito de ellos, también nuestra oración atravesará las nubes”.

Así el Papa Francisco concluyó su homilía pronunciada durante la misa celebrada hoy den la basílica de san Pedro al final del Sínodo especial sobre la Amazonía. En la misa participaron todos los padres sinodales y los auditores. Entre los fieles, estaban los representantes de las comunidades indias amazónicas, con los rostros pintados de fiesta, con tocados de plumas multicolores, collares muy elaborados. Algunos de ellos han participado en la procesión de las ofertas de los dones al altar.

En su homilía, refiriéndose a la liturgia del domingo (30ma del año, C), el pontífice mostró los diversos tipos de oración sugeridas por las lecturas.

Está ante todo “la oración de fariseo (v. Evangelio, Lucas 18, 9-14), que “al final, en vez de rezar, se elogia a sí mismo. De hecho al Señor no le pide nada, porque no se siente en la necesidad o en deuda, sino en crédito. Está en el templo de Dios, pdero practica la religión del yo. Y además que a Dios se olvida del prójimo, es más lo desprecia: para él, esto es, no tiene precio, no tiene valos. Se considera mejor que los otros, que llama literalmente, “lo que queda, los restantes” (“loipoi”. Lc 18,11). O sea, son “inventarios”, descartes de los cuales hay que estar bien lejos”.

Estas “presuntas superioridades, que se tramutan en opresiones y explotaciones” están presente “también hoy” y “los hemos visto en el rostro marcado de la Amazonía”. Con intervenciones libres el Papa subraya a menudo que hay personas que se definen “católicos”, pero que en realidad son seguaces de la “religión del yo”, que se han olvidado de ser “cristianos y humanos”.

Luego presentó “la oración del publicano”: “Él no comienza por sus méritos, sino por sus faltas; no de su riqueza, sino de su pobreza: no una pobreza aconómica-los publicanos eran ricos y ganaban también inicuamente, a expensas de sus connacionales-sino una pobreza de vida, porque en el pecado no se vive jamás bien… Y se ‘golpea el pecho’ (cfr, v. 13), ñporque en el pecho está el corazón. Su oración nace del corazón, es transparente: pone delante de Dios el corazón, no las apariencias. Rezar es dejarse mirar por dentro por Dios sin finciones, sin excusas, sin justificaciones. Porque del diablo vienen la opacidad y la falsedad, de Dios la luz y la verdad. Fue bello, y os soy grato, queridos Padres y Hermanos sinodales, el haber dialogado en estas semanas con el corazón, con sinceridad y franqueza, poniendo delante de Dios y a los hermanos fatigas y esperanzas. Hoy, mirando al publicano, redescubrimos de dónde repartir: del creernos necesitados de salvación, todos. Es el primer paso de la religión de Dios, que es misericordia hacia quien se reconoce miserable”.

“Si nos miramos para adentro con sinceridad- explicó el Papa Francisco- vemos en nosotros a ambos, al publicano y la fariseo. Somos un poco publicanos, porque somos pecadores y un poco fariseos, porque somos presuntuosos, capaces de justificarnos a nosotros mismos, ¡muestras en el justificarnos hábilemente! Co los otros a menudo funciona, pero con Dios no… Recemos para pedir la gracia de sentirnos necesitados de misericordia, pobres por dentro”.

Al final está “la oración del pobre”. “Esta, dice el Eclesiatés, “atraviesa las nubes” (35.21). Mientras que la oración de quien se presume justo permanece en la tierra, aplstada por la fuerza de gravedad del egoísmo, la del pobre sube derecho a Dios. El sentido de la fe del Pueblo de Dios vio en los pobres a ‘los porteros del Cielo’, aquel sensus fidei que faltaba en la Declaración final. Son ellos que nos abrirán o no las puertas de la vida eterna, ellos que no se consideraron los dueños en esta vida, que no pusieron a sí mismos delante de los otros, que tuvieron sólo en Dios su propia riqueza. Ellos son íconos vivos de la profecía cristian”. 

 

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