28/06/2018, 20.48
VATICANO
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Papa: a los nuevos cardenales, en la Iglesia la autoridad es servir a los otros

Celebrando el Consistorio ordinario público, Francisco dijo que “Jesús nos enseña que la conversión, la transformación del corazón y la reforma de la Iglesia es y será siempre en clave misionera, porque presupone que se cese de ver y cuidar los propios intereses para mirar y cuidar los intereses del Padre”. Tres de los nuevos purpurados son asiáticos y con ellos los “electores” asiáticos son 17.

Ciudad dl Vaticano (AsiaNews)- En la Iglesia “la única autoridad creíble es aquella que nace del ponerse en los pies de los otros para servir a cristo” y “Jesús nos enseña que la conversión, la transformación del corazón y la reforma de la Iglesia es y será siempre en clave misionera, porque presupone que se cese de ver y cuidar los propios intereses para mirar y cuidar los intereses del Padre”. Son los principios recordados por el Papa Francisco en ocasión de la celebración dl Consistorio ordinario público en el curso del cual él creó 14 nuevos cardenales.

Tres de los nuevos purpurados son asiáticos: son Louis Raphaël I Sako, patriarca de Babilonia de los Caldeos, (Irak); Joseph Coutts, arzobispo de Karachi, (Pakistán) y Thomas Aquinas Manyo, arzobispo de Osaka, en Japón. Los otros nuevos cardenales son: Luis Ladaria, prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe; Angelo De Donatis, vicario general de Roma; Giovanni Angelo Becciu, Substituto para los asuntos generales de la secretaría de Estado y delegado especial junto a la Soberana Orden de Malta; Konrad Krajewski, limosnero apostólico; Antonio dos Santos Marto, obispo de Leiria-Fátima (Portugal); Pedro Barreto, arzobispo d Huancayo, (Perú); Desiré Tsarahazana, arzobispo de Toamasina (Madagascar) y Giuseppe Petrocchi, arzobispo de Aquila (Italia). Junto a éstos Francisco creó  tres con más de 80 años: Sergio Obeso Rivera, arzobispo emérito di Xalapa; Toribio Ticona Porco, prelado emérito de Corocoro y al padre Aquilino Bocos Merino, claretiano.

Con ellos, el Colegio sube a 227 cardenales, 125 de los cuales son “electores” (o sa, teniendo menos de 80 años podrían entrar al cónclave y 102 no electores. Los electores asiáticos son 17, los otros provienen de Europa (53), América del Norte (17), América Central (5), América del Sur (13), África (16) y Oceanía (4). Con la elección de los 14 nuevos cardenales el Papa Francisco confirma el criterio de la universalidad: los nuevos electores representan a 9 países diversos. Y con los nuevos nombramientos el Colegio cardenalicio es siempre más “bergogliano”: de hecho son 59 los “electores creados por Francisco, 7 creados por Benedicto XVI y 19 por Juan Pablo II.

A los nuevos purpurados, partiendo del pasaje de Marcos (Mc 10,32) “Mientras estaban n la ruta para subir a Jerusalén, Jesús caminaba delante de ellos”, Francisco recordó que el “Evangelista no teme revelar ciertos secretos del corazón de los discípulos: búsqueda de los primeros puestos, celos, envidias, intrigas, ajustes de cuenta y acuerdos; una lógica que no solo desgasta y corroe desde adentro las relaciones entre ellos, sino que además los cierra y los envuelve en discusiones inútiles y que valen poco. Pero, Jesús no se detiene en esto, sino que va adelante (los primerea) y con fuerza les dice. “Entre vosotros no es así; pero quien quiere sr grande entre ustedes será vuestro servidor” (Mc 10,43). Con tal actitud, el Señor trata de hacer volver la mirada y el corazón de sus discípulos, no permitiendo que las discusiones estériles y auto-referenciales encuentren espacio en el seno de la comunidad. ¿A qué sirve ganar l mundo entero si se es corroído desde adentro? ¿Para qué sirve ganarse el mundo entero si se vive todos aferrados por intrigas asfixiantes que nos vuelven áridos y convierten al corazón y la misión estériles? En esta situación-como alguno observó-se podrían ya entrever las intrigas de palacio, también en las curias eclesiásticas”.

“La conversión de nuestros pecados, de nuestros egoísmos-dijo después- no es y no será jamás el fin hacia sí misma, sino que mira al crecer en fidelidad y disponibilidad para abrazar la misión. Y esto de tal modo que, en la hora de la verdad, especialmente en los momentos difíciles de nuestros hermanos, estemos bien dispuestos y disponibles para acompañar a acoger a todos y a cada uno y no nos transformemos en óptimos rechazadores y por estrechez de mirada o peor aún, porque estamos discutiendo y pensando entre nosotros quién será el más importante. Cuando nos olvidamos de la misión, cuando perdemos de vista el rostro concreto de los hermanos, nuestra vida se encierra en la búsqueda de nuestros propios intereses y de nuestras propias seguridades. Y así comienzan a crecer el resentimiento, la tristeza y el disgusto. Poco a poco disminuye el espacio para los otros, para la comunidad eclesial, por los pobres, para escuchar la voz del Señor. Así se pierde la alegría y el corazón termina por volverse árido (Cfr. Exhort. Ap. Evangelii gaudium, 2)”.

“¡Queridos hermanos Cardenales y nuevos-Cardenales! Mientras vamos por la ruta hacia Jerusalén, el Señor camina delante de nosotros para recordarnos una vez más que la única autoridad creíble es la que nace del ponerse dentro de los pies de los otros para servir a Cristo. S la que viene del no olvidar que Jesús, antes de reclinar la cabeza en la cruz, no tuvo miedo en inclinarse delante de sus discípulos para lavarles los pies. Este es el más grande honor que podemos obtener, la mayor promoción que se nos puede conferir: servir a cristo en el pueblo fiel de Dios, en el hambriento, en el olvidado, en el encarcelado, en el enfermo, en el drogadicto, en el abandonado, en personas concretas con sus historias y esperanzas, con sus esperas y desilusiones,  sufrimientos y heridas”. “Ninguno de nosotros debe sentirse ‘superior al otro’, ni a ninguno. Ninguno de nosotros debe mirar desde lo alto al alto a ninguno. Podemos mirar así a una persona sólo cuando la ayudamos a levantarse”.

Al final Francisco citó una parte del testamento espiritual de San Juan XXIII, en la cual dice: “Nacido pobre” y “particularmente alegre de morir pobre”. “agradezco a Dios por esta gracia de la pobreza del cual hice voto en mi juventud, pobreza de espíritu, como Cura del S. Corazón y pobreza real y que me sostuviese a no pedir nunca nada, ni puestos, ni dinero, ni favores, jamás ni para mí, ni para mis parientes o amigos”. (29 de junio de 1954)”.

La “creación” de los cardinales continuó con el Papa que a cada uno de los nuevos purpurados (el color significa la disponibilidad al martirio), arrodillados delante de él, les “impuso” el solideo y la birreta, y les entregó el anillo y asignó una iglesia de Roma como signo de participación en la solicitud pastoral del obispo de Roma.

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