20/05/2018, 15.24
VATICANO
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Papa: el 29 de junio habrá 14 nuevos cardenales, y tres de ellos son asiáticos

En el Regina Caeli,  Francisco volvió a pedir el diálogo en Tierra Santa. Un llamamiento para que ya no haya más violencia en Venezuela, especialmente hacia los detenidos. “Desde aquél día de Pentecostés, y hasta el final de los tiempos, esta santidad, cuya plenitud es Cristo, es donada a todos aquellos que se abren a la acción del Espíritu y se esfuerzan en ser dóciles”.  

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – El 29 de junio, el Papa creará 14 nuevos cardenales. Así lo anunció Francisco al término del Regina Caeli, ocasión en la cual también hizo un llamamiento por Venezuela y expresó su participación en la vigilia de oración por la paz, celebrada anoche en Jerusalén.

Tres de los nuevos purpurados son asiáticos: ellos son Su Beatitud Louis Raphaël I Sako, patriarca de Babilonia de los Caldeos (Irak); Mons. Joseph Coutts, arzobispo de Karachi, (Pakistán) y Mons. Thomas Aquinas Manyo, arzobispo de Osaka, en Japón. Los otros futuros cardenales son: Mons. Luis Ladaria, prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe; Mons. Angelo De Donatis, Vicario general de Roma; Mons. Giovanni Angelo Becciu, Sustituto en Asuntos generales de la secretaría de Estado y delegado especial en la Soberano militar orden de Malta; Mons. Konrad Krajewski, Limosnero apostólico; Mons. António dos Santos Marto, obispo de Leiria-Fátima (Portugal); Mons. Pedro Barreto, arzobispo de Huancayo, (Perú); Mons. Desiré Tsarahazana, arzobispo de Toamasina (Madagascar) y Mons. Giuseppe Petrocchi, Arzobispo de L’Aquila (Italia). Junto a ellos, Francisco también nombrará a tres octogenarios: Mons. Sergio Obeso Rivera, arzobispo emérito de Xalapa; Mons. Toribio Ticona Porco, prelado emérito de Corocoro y al padre Aquilino Bocos Merino, Claretiano.

Previo a ello, el Papa se había dirigido a las 30.000 personas presentes en plaza San Pedro para el rezo de la oración mariana, recordando que con Pentecostés “culmina el tiempo pascual, centrado en la muerte y resurrección de Jesús. Esta solemnidad nos hace recordar y revivir la efusión del Espíritu Santo sobre los Apóstoles y los demás discípulos, reunidos en oración junto a la Virgen María, en el Cenáculo (cfr. Hechos 2,1-11). En aquél día tuvo su inicio la historia de la santidad cristiana, porque el Espíritu Santo es la fuente de la santidad, que no es privilegio de unos pocos, sino vocación de todos”.

“En efecto, por el Bautismo, todos somos llamados a participar en la misma vida divina de Cristo y, con la Confirmación, a volvernos testigos en el mundo. «El Espíritu Santo derrama santidad por todas partes, en el santo pueblo fiel de Dios » (Exhort. ap. Gaudete et exsultate, 6). Como afirma el Concilio Vaticano II, «Fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo, que le confesara en verdad y le sirviera santamente.» (Cost. dogm. Lumen gentium, 9)”.

“Desde aquél día de Pentecostés, y hasta el final de los tiempos, esta santidad, cuya plenitud es Cristo, es donada a todos aquellos que se abren a la acción del Espíritu Santo y se esfuerzan en ser dóciles. En efecto, otro aspecto fundamental de la santidad es ser fruto por excelencia del Espíritu Santo. Cuando nos abrimos al Espíritu y nos dejamos conducir por Él, entonces nos encaminamos por el camino de la santificación, que consiste en vivir de manera digna de Dios, y que nos hace experimentar una alegría plena. El Espíritu Santo, al venir a nosotros, derrota la aridez, abre los corazones a la esperanza, estimula y favorece la maduración interior en la relación con Dios y con el prójimo. Es cuanto dice San Pablo: «El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, magnanimidad,  benevolencia, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí» (Gal 5,22)”.

Luego del Regina Caeli, Francisco dijo que “Pentecostés nos lleva, con el corazón, a Jerusalén. Anoche estuve unido espiritualmente a la vigilia de oración por la paz que tuvo lugar en esa ciudad, que es santa para los judíos, cristianos y musulmanes. Y hoy, continuemos invocando el Espíritu Santo, para que suscite voluntades y gestos de diálogo y de reconciliación en Tierra Santa y en todo el Oriente Medio”.  

El llamamiento por la “querida Venezuela” fue el último pensamiento expresado por el Papa. “Que el Espíritu Santo otorgue a todos la sabiduría, a personas, a gobernantes, a todos”. “Ruego también –concluyó- por los detenidos muertos ayer”.

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