10/07/2018, 10.53
RUSIA
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Rusia después del Mundial: una nueva imagen, pero también una nueva conciencia crítica

de Vladimir Rozanskij

Para Putin, el Campeonato mundial de fútbol hizo que se cayeran varios estereotipos, presentado un “país acogedor”. Para Vitalij Portnikov, en Rusia la fase “crimea” está superada, así como la división entre liberales y patriotas. Pero aquí y allá aparecen críticas debido al uso del Mundial como “narcótico”. Las promesas belicosas de  Aleksandr Naval’nyj.

Moscú (AsiaNews) – Rusia es “un país acogedor, que muestra una buena disposición hacia todos los que la visitan”: es lo que afirmó, con satisfacción, el presidente Putin, al reunirse en el Kremlin, el 6 de julio pasado, con leyendas del fútbol como Van Basten, Forlan, Rio Ferdinand y Peter Schmeichel, mientras observaba que el campeonato de fútbol actualmente en curso ha permitido superar muchos estereotipos sobre Rusia.

Según Putin, han contribuido a la caída de los estereotipos “los llamados periódicos populares, que operan justamente a través de las redes sociales”. Éstos serían los que habrían difundido una imagen mucho más positiva de Rusia, en comparación a lo que habitualmente puede leerse en la prensa oficial de todo el mundo.  

Los hinchas rusos, por su parte, habrían favorecido que el clima del mundial deviniera una verdadera y auténtica fiesta de la amistad, permitiendo a los huéspedes sentirse como en casa y haciéndoles conocer las tradiciones y la cultura de Rusia (sobre todo, las crónicas hacen referencia a colosales tragos bebidos en forma colectiva). Pero lejos de ceñirse a ello, los rusos han logrado “poner a los extranjeros en contacto con costumbres de varios pueblos que componen este gran país”, gracias al hecho de que las partidas se llevaron a cabo en regiones tan distintas, en toda Rusia.  

Algunos observadores de autoridad, como Vitalij Portnikov en el sitio web grani.ru, definen el clima que se ha venido a instalar en Rusia durante este último mes como la superación de la “fase crimea” de la política nacional, entendiendo con dicho término el exceso de nacionalismo producido tras la anexión de Crimea en el año 2014. En efecto, la pasión en común de los rusos al seguir el buen desempeño de la selección nacional, hasta su eliminación por obra de Croacia el 7 de julio pasado, hizo que se olvidaran el rencor y la polémica surgida entre “liberales” y “patriotas” que dividieron al país y a las mismas familias rusas en los últimos años.  

De hecho, luego de las primeras victorias, las discusiones a nivel social parecían reflotar los prejuicios de quien no tenía intenciones de animar al “seleccionado de Putin”, o por el contrario, de quien acusaba de traición la falta de participación de algunos,  situación que luego fue superada por el entusiasmo general. Portnikov observa, refiriéndose a la copa mundial europea de 2012, que hasta en Ucrania había parecido que el país era capaz de superar las divisiones internas las cuales, por el contrario, estallaron un año después; y hay muchos que se preguntan si en el caso de Rusia, a la euforia imperante habrá de seguir una fase de nueva conciencia, o, quizás de nuevas tensiones.

Hasta ahora, los éxitos deportivos han servido de narcóticos para aplacar las protestas populares contra la nueva ley de jubilaciones, o las continuas polémicas en torno a la corrupción de los poderosos y la opresión de las libertades civiles. Precisamente, la “superación de los estereotipos”, de la cual se jacta Putin, podría terminar revelándose como un despertar del sopor, luego de 20 años de poder absoluto.

Dos ejemplos: ayer, 9 de julio, en Samara, una de las ciudades donde se jugaron las partidas del “mundial” se llevó a cabo una manifestación sin autorización previa, para protestar contra el aumento de la edad jubilatoria. Un pequeño grupo -sólo unas pocas decenas de personas- se reunió bajo la guía de un activista local del Partido Comunista ruso, cuyo nombre –significativo- es Damir Stalin, el fundador del movimiento opositor al gobierno “Iniciativa Civil”. Los pocos valientes que salieron a las calles, según el líder del grupo, han querido denunciar los abusos de las autoridades: “Durante el Mundial de fútbol han asustado a la gente” –declaró Stalin- “amenazando con mandar a todos los agitadores a hacer trabajos forzados, o con aplicarles multas de millones de rublos. Queremos ayudar a la gente a vencer el miedo”. Incluso el principal opositor público,  Aleksandr Naval’nyj, a pesar de unirse a los elogios a favor de la selección nacional, expresó sus intenciones belicosas contra el régimen.

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