03/12/2016, 10.55
CHINA – EEUU - TAIWAN
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Tsai Ing-wen telefonea a Trump. Beijing, irritada

Intercambio de congratulaciones entre los dos presidentes; diálogo acerca de “las estrechas relaciones económicas, políticas y de seguridad entre Taiwán y los Estados Unidos”. Un hecho que no sucedía desde hace 40 años. Trump se defiende: “Los EEUU venden a Taiwán millardos de equipamientos militares, pero yo no debiera aceptar una llamada de congratulaciones”. Hipótesis que se barajan ante el cambio de política de los EEUU respecto a Beijing. 

Taipéi (AsiaNews) – Rompiendo una tradición diplomática de casi 40 años, Donald Trump, que acaba de ser electo presidente de los EEUU, tuvo una conversación telefónica con su homóloga taiwanesa, la Sra. Tsai Ing-wen. El hecho es absolutamente inusual, puesto que desde 1979 los Estados Unidos reconocen a la República Popular China y, al menos oficialmente, no tienen relaciones diplomáticas con Taiwán.  

El gesto irrita a Beijing, dado que parece poner en crisis la política de “una sola China”, con la cual China popular obliga a quienes la reconocen a romper relaciones con la “isla rebelde”, que es como define a Taiwán su gigantesco vecino.

Wang Yi, ministro chino de Relaciones Exteriores, arrojó agua al fuego de manera inmediata, declarando que la llamada telefónica fue un “pequeño truco” de Taiwán. La política de “una sola China”, agregó, es “la piedra angular” de las relaciones entre China y los Unidos”.

La llamada fue realizada anoche, alrededor de las 11 (hora de Taiwán). Según la oficina de la presidencia de Taipéi, la conversación afrontó “las estrechas relaciones económicas, políticas y de seguridad entre Taiwán y los Estados Unidos”. La oficina de Trump confirmó la conversación sobre los mismos temas, expresando las congratulaciones por la elección de Tsai como presidenta de Taiwán.

Frente al estupor difundido por los medios, el flamante presidente publicó un tweet en el cual dice: “Es interesante que los EEUU vendan a Taiwán millardos de equipamientos militares, pero que yo no debiera aceptar una llamada de congratulaciones”.

Enseguida de darse la llamada, Ned Price, el vocero del Consejo Nacional de Seguridad, quiso tranquilizar a la opinión pública mundial declarando que “nuestro interés fundamental es un vínculo pacífico y estable entre los dos lados del Estrecho [entre Taiwán y China]”; los EEUU se mantienen “firmemente comprometidos con la política de una sola China”.

El gesto inusual de Trump demuestra, una vez más, su impasibilidad en lo que respecta a una diplomacia convencional. Hasta ahora, Washington se había mantenido en un reconocimiento diplomático de Beijing, no teniendo relaciones diplomáticas con Taiwán, pero al mismo tiempo garantizándole a ella la protección militar necesaria en caso de darse un ataque directo por parte de China.

Beijing, que desde 1949 – desde la huida de Chiang Kai-shek a Taipéi – considera a Taiwán como una “provincia rebelde” – ha dispuesto sobre las costas chinas cientos de misiles, listos para atacar la isla en caso de que ésta se declare independiente.  Tras décadas de tensión, en los últimos años, gracias a la política del presidente taiwanés Ma Ying-jeou, los dos lados del Estrecho han colaborado en el campo de las comunicaciones, los negocios y el turismo. En enero pasado, las elecciones presidenciales en Taiwán fueron ganadas por Tsai Ing-wen, del Partito demócrata del progreso, cuyos miembros son más propensos a la independencia o al menos a la no reunificación. Debido a esto, Beijing ha congelado muchos vínculos económicos y de comunicación.

Cuando los Estados Unidos reconocieron a China, rompiendo relaciones diplomáticas con Taiwán, se volcaron a favor de la reunificación de las dos entidades, aunque de manera pacífica.

Aún no queda claro si esta llamada telefónica es un signo de cambio de política de los EEUU en relación a China. Durante la campaña electoral, Trump a menudo ha criticado a Beijing, acusándola de destruir la industria americana y de ser una “manipuladora de monedas”, facilitando así sus exportaciones.

Ciertos analistas piensan que el gesto puede ser una especie de extorsión dirigida a Beijing, para recibir concesiones económicas, teniendo en cuenta que China es el país extranjero acreedor de una importante tajada de la deuda externa de los EEUU: cerca del 10%, lo cual equivale a 1240 millardos de dólares.  

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