16/04/2026, 14.32
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'Asia conoce bien el precio de la guerra': el llamamiento a la paz de la FABC

La Federación de las Conferencias Episcopales del continente se hace eco de León XIV: "Sus palabras no son partidismo político, sino liderazgo moral fiel al Evangelio". "El diálogo no es un signo de debilidad". Desde Asia llega la lección de que "la paz nunca se alcanza mediante la dominación". La misión de la Iglesia no es "ejercer el poder", sino "mantener viva la esperanza de que la paz es posible".

 

Roma (AsiaNews) - “Asia conoce bien el precio de la guerra”. En estos días de “creciente inquietud”, los obispos de Asia reiteran: “Bienaventurados los que trabajan por la paz” (Mt 5,9). Es el título del comunicado difundido ayer por la Federación de Conferencias Episcopales de Asia (FABC). Un llamamiento “pastoral a la paz, la justicia y la responsabilidad moral”, que la presidencia dirige “a todas las personas de buena voluntad”, y en particular a los que son responsables “en las naciones”, en comunión con el sucesor de Pedro, León XIV, y haciendose eco de sus incansables y urgentes llamamientos por una paz “desarmada y desarmante”. A continuación, presentamos el texto íntegro firmado por el Card. Felipe Neri Ferrao, presidente de la Fabc, el Card. Pablo Virgilio S. David, vicepresidente, y el Card. Isao Kikuchi, secretario general.

En estos días de creciente inquietud global y escalada de violencia, nosotros, los abajo firmantes, responsables de la Federación de Conferencias Episcopales de Asia (FABC), deseamos expresar nuestra solidaridad en la oración con Su Santidad el Papa León XIV, y hacernos eco de su urgente llamado a la paz.

Nos inspiramos en las palabras del Señor en el Sermón de la Montaña: "Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios" (Mt 5,9). Esta bienaventuranza no es un ideal piadoso. Es un imperativo moral.

En una época en que la fragilidad del derecho internacional y el debilitamiento de las instituciones globales resultan cada vez más evidentes, es fuerte la tentación de recaer en la lógica del poder: de la fuerza, de la intimidación y del dominio. Sin embargo, el Evangelio nos llama a un camino diferente: el camino de la justicia, del diálogo y de la paz que tiene su raíz en la dignidad humana.

Hemos escuchado con claridad la voz del Papa León, que recuerda al mundo que la violencia jamás puede ser el fundamento de una paz justa y duradera, y que invocar a Dios para justificar la guerra es una distorsión de la fe. Sus palabras no nacen de un partidismo político, sino de un liderazgo moral y espiritual, ejercido en fidelidad al Evangelio.

Hacemos, por tanto, este sentido llamamiento:

• Poner fin a las hostilidades en curso y detener la espiral de violencia que sigue cobrando víctimas inocentes;

• Volver a la mesa de negociaciones, con sinceridad y valentía, reconociendo que el diálogo no es un signo de debilidad, sino la forma más alta de responsabilidad;

• Respetar el derecho internacional y las normas humanitarias, que existen para salvaguardar la dignidad de cada persona humana, especialmente de las más vulnerables;

• Emprender el camino de la diplomacia moral, fundada no en intereses nacionales estrechos, sino en el bien común de la familia humana.

Asia conoce bien el precio de la guerra, las heridas de la división y el largo camino hacia la reconciliación. De nuestras historias hemos aprendido que la paz nunca se alcanza mediante el dominio, sino mediante el diálogo paciente, el respeto mutuo y el difícil trabajo de la justicia.

Como Iglesia llamada a ser signo e instrumento de unidad para toda la humanidad, creemos que no podemos permanecer en silencio. Nuestra misión no es ejercer el poder, sino formar las conciencias, decir la verdad y mantener viva la esperanza de que la paz es posible.

Invitamos a todos los fieles y a todas las personas de buena voluntad a unirse a nosotros en la oración y en la acción, por un mundo donde los conflictos se resuelvan no con las armas, sino con la sabiduría; no con el miedo, sino con la confianza.

Que el Señor, que es nuestra paz, guíe a las naciones lejos de los caminos de la destrucción y hacia los caminos de la reconciliación.

Con estima fraterna y en comunión con el Sucesor de Pedro,

Cardenal Filipe Neri Ferrao (presidente Fabc)

Cardenal Pablo Virgilio S. David (vicepresidente Fabc)

Cardenal Isao Kikuchi, SVD (secretario general)

 

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