09/04/2018, 01.47
EDITORIAL
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“Gaudete et exsultate”, un diálogo familiar e íntimo para la santidad y la misión

de Bernardo Cervellera

La nueva Exhortación apostólica “sobre la llamada a la santidad en el mundo contemporáneo” tiene un carácter espiritual y confidencial. Esta hace superar las barreras entre el egoísmo y lo cotidiano, consagrados y laicos, católicos y otros cristianos. Las Bienaventuranzas como el camino a contracorriente para testimoniar la fe en el mundo moderno. Agnosticismo y neo-pelagianismo, presentes en la Iglesia. Los tradicionalistas y los progresistas “bergoglianos”. El diablo no es un mito, sino alguien  que envenena “con el odio, con la tristeza, con la envidia con los vicios”.

Roma (AsiaNews)- La nueva exhortación apostólica es toda para leerla, hoy fue presentada. “Gaudete et exsultate”, la nueva exhortación apostólica del Papa Francisco (GE) que, explica el subtítulo, es “sobre la llamada a la santidad al mundo moderno y contemporáneo”. Es como meditar como en el pasado se hacía con los libros “de perfección”, la “Imitación de Cristo o la “Filotea” de san Francisco de Sales. Como estos, la GE tiene un ritmo lento y analítico, espiritual y confidencial: muy a menudo el Papa escribe dando del tú al lector, como en un diálogo familiar e íntimo.

Al mismo tiempo, su meditación tan personal, lleva más allá de todo confín: la santidad no está sólo en los grandes modelos, pero es para todos en la simplicidad de la vida de todos los días, no sólo para curas o monjas, sino para los laicos y (sobre todo) mujeres; no sólo para los perfectos , sino también para los pecadores, no sólo para los católicos, sino para los ortodoxos y los protestantes y por ciertos aspectos-como en el caso de “buscar la justicia con hambre y sed” (n.79)- hay una santidad de los “cristianos anónimos”.  

Con esto, la propuesta no es para una santidad aguada, laica, secularizada, que es bueno para todos. Por el contrario, quien no quiere vivir en la mediocridad, debe hacerse encender por la presencia de Dios, recibir de Él la misión y caminar en el camino que Él mismo traza en nuestra vida (N. 19,24).

Y después de haber hecho caer algunos esquemas como la oposición entre acción y contemplación, silencio y actividad, Francisco propone la santidad “ordinaria” de las bienaventuranzas: pobreza, humildad, el llorar, el sr pacíficos…hasta la persecución, que es martirio de sangre, pero también soportar el ser ridiculizados (n. 91).

La propuesta de las bienaventuranzas es genial: por un lado retoma la enseñanza tradicional de la Iglesia que en el pasado le enseñaba a sus catecúmenos; por otro lado ellas son las más contracorrientes haya respecto a la mentalidad contemporánea. Vivir las bienaventuranzas en el mundo moderno significa ir contra el deseo de posesión, de aparecer, de indiferencia hacia los otros, de violencia o de opresión de los otros.

Un punto sobre el cual el pontífice se confirma es el de aquel aquello sobre las tentaciones del agnosticismo y del pelagianismo y del nuevo neo-pelagianismo. Esta reflexión suya retoma en parte el documento “Placuit Deo” de la Congregación para la Doctrina de la fe. Pero, el Papa más que aplicarlo a la mentalidad contemporánea del mundo, lo aplica dentro de la Iglesia (n 39), subrayando que también entre los católicos existe el “agnosticismo”, o sea un ideología que le basta un análisis y palabras, sin considerar la “carne” del mundo y de la Iglesia que ve la salvación en la comprensión racional u omnicomprensiva de la fe, hasta hacerla “una doctrina monolítica… sin matices” (n. 43). De modo que tal confesión sofoca el misterio de Dios, que siempre es más grande de nuestras explicaciones y está presente en el mundo y en la Iglesia más allá de nuestras medidas.

El nuevo pelagianismo es en cambio el subrayar la voluntad humana como capaz de alcanzar la salvación (n. 47-siguietes) Tal “herejía” se convierte sin misericordia para los pecadores. Sobre todo porque olvida que es la misericordia de Dios la que dona la santidad. En este “auto-complacencia egocéntrico” (n.57), se olvida la misión de “comunicar la belleza y la alegría del Evangelio y de buscar a los lejanos en las inmensas multitudes sedientas de Cristo”

En estas 2 herejías es fácil ver las tentaciones d los dos opuestos extremismos que están sofocando a la Iglesia: aquella de los tradicionalistas, de los ritualistas, de la doctrina clara y distinta y aquella de los “progresistas” (que a menudo se despachan como “bergoglianos”, manipulando frases del Papa) volviéndose ya como los nuevos inquisidores.

El pontífice subraya  a menudo que los discursos, las fórmulas, los programas son siempre un intento de acercarse a la experiencia de f. Pero la fe es siempre (y solo) la caridad hacia Dios y hacia el prójimo (n. 60-61).

Llama la atención el subrayar sobre el diablo como un “mito”, pero como una presencia que llva a la destrucción  personas y comunidades no con el “poseer” un poco espectacular, pero envenenándonos (en manera lenta) “con el odio”, con la tristeza, con la envidia, con los vicios” (n.161).

Delante del triste testimonio de cristianos sin alegría, tibios, acidiosos, gastados, distraídos, individualistas, el Papa espera “que estas páginas san útiles para que toda la Iglesia se dedique a promover el deseo de la santidad. Pidamos que el Espíritu Santo infunda en nosotros un intenso deseo de ser santos para la mayor gloria de Dios y alentémonos unos a otros en este propósito” (n.177).

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