'Yo, misionera india, entre los olvidados de Jersón'
Desde Ucrania, el testimonio de la hermana Ligy Payyappilly, religiosa de Kerala, sobre un viaje que realizó a las zonas más cercanas al frente de la guerra con Rusia. "Hemos estado junto a personas para quienes la guerra no es una noticia, sino una batalla cotidiana por la supervivencia. El desafío de ofrecer una oportunidad a los niños que viven aquí".
Mumbai (AsiaNews) – La guerra en Ucrania se ha intensificado gravemente en las últimas semanas. Publicamos el testimonio que ha enviado a la India desde Ucrania la Hna. Ligy Payyappilly, originaria de Kerala, que vive su apostolado en el oeste de Ucrania como religiosa de San José de San Marcos, una congregación fundada en Francia en 1845 por el padre Pierre Paul Blanck. La Hna. Ligy relata lo que vio durante el viaje que hizo a las “posiciones cero”, las más cercanas a la línea del frente. Publicamos a continuación amplios extractos del texto difundido por su congregación.
Hay viajes después de los cuales una persona ya no puede mirar el mundo de la misma manera. Así fue el viaje de la Hna. Ligy y la Hna. Laura por el centro, el este y el sur de Ucrania: Kiev, Járkov, Sumy, Dnipro, Zaporiyia y Jersón. No fueron como simples observadoras, sino como testigos: para ver, escuchar y estar junto a las personas para quienes la guerra dejó hace tiempo de ser una noticia y se convirtió en una batalla cotidiana por la supervivencia.
Las religiosas estuvieron en lo que se denomina "posiciones cero", los lugares más cercanos posible a la línea del frente, donde la distancia entre la vida y la muerte no se mide en kilómetros, sino en segundos. No hay pausas entre una alarma aérea y otra: los bombardeos se producían cada hora, y cada hora se convertía en una prueba, no solo física, sino también espiritual. Vivir a este ritmo, donde el peligro no deja espacio al descanso ni siquiera de noche, es una experiencia que no se puede transmitir plenamente con palabras a quienes no la han vivido.
Jersón: una ciudad al borde del abismo
La impresión que dejó Jersón fue especialmente dura. Casi todos los edificios de la ciudad han sido destruidos: la guerra ha dejado su huella en cada calle. Una parte de la ciudad todavía sigue ocupada e incluso la parte liberada tampoco ha encontrado la paz: no hay agua. La causa es una tragedia que conmocionó al mundo entero: la destrucción de la presa sobre el Dnipro, que dejó muchísimas víctimas mortales, cuyos cuerpos todavía están en el agua. Por eso el sistema de abastecimiento de agua de la ciudad no se puede utilizar y se ha convertido en una fuente no de vida, sino de peligro.
Esta es una de las paradojas más dolorosas de la guerra: la liberación no siempre significa un retorno a la normalidad. Las personas recuperan la libertad de movimiento, pero pierden las cosas más esenciales: agua limpia, una vivienda segura y la certeza de que mañana será como hoy.
La situación en la parte ocupada de la ciudad es una herida abierta, aún más profunda. Las personas que se quedaron allí están viviendo algo que, en el siglo XXI, parece imposible: las autoridades de ocupación no permiten que la ayuda humanitaria llegue a la población, y la propia Rusia no proporciona ninguna ayuda. Para sobrevivir, la gente come ratas, palomas y cuervos. Desde hace cinco años no tienen ni electricidad ni agua: condiciones que nosotros damos por sentadas como esenciales se han convertido allí en un lujo inalcanzable.
Los supervivientes del cautiverio
Las religiosas hablaron con hombres y mujeres que sobrevivieron al cautiverio. Conversaciones de este tipo requieren una delicadeza y una paciencia muy especiales: el trauma del cautiverio perdura mucho tiempo en el cuerpo y en la memoria, y cada testimonio supone un gran sacrificio para quien lo relata. El solo hecho de que estas personas hayan encontrado el valor para hablar es, en sí mismo, un acto de extraordinaria valentía.
Uno de los hombres con los que habló la religiosa contó una historia que revela otra dimensión de esta guerra: el uso de la humillación como herramienta de presión. Contó que los soldados rusos detuvieron el autobús en el que viajaba y obligaron a todos los pasajeros a hablar exclusivamente en ruso. Luego los obligaron a desnudarse por completo en medio de la carretera. No era simplemente un acto de crueldad: es el testimonio de que la ocupación intenta quebrar a una persona no solo físicamente, sino también interiormente, privándola de las cosas más fundamentales, como el derecho a su propia lengua, a su propio cuerpo y a su propia dignidad.
Una de las historias que dejaron huellas muy profundas en la religiosa es la de una mujer de cincuenta y seis años que ahora aparenta muchas más décadas. La brecha entre su apariencia y su edad biológica es un testimonio silencioso de lo que la guerra le ha hecho. Sufrió una gravísima herida por la explosión de un misil y, sosteniendo con sus manos sus propios órganos abdominales, llegó sola hasta un médico. Es difícil encontrar palabras adecuadas para describir una experiencia semejante. Es una historia no solo de sufrimiento físico, sino también de una voluntad tan fuerte que mantuvo el cuerpo en movimiento incluso cuando moverse parecía imposible.
Devolver a los niños la posibilidad de estudiar
Entre las personas con quienes estuvieron las religiosas hay una familia con dos hijos de once y trece años, ambos gravemente heridos. En el lugar donde viven actualmente es imposible asistir a la escuela: no hay seguridad ni condiciones adecuadas. Al escuchar su historia, decidimos ofrecer a estos niños una oportunidad e invitamos a la familia a vivir con nosotras. Esta decisión no es simplemente un acto de misericordia. Es el reconocimiento de que la educación y el futuro de un niño no deberían depender de dónde se encuentre, en ese momento, la línea del frente.
Uno de los detalles más significativos de este viaje es una advertencia que la religiosa recibió y experimentó personalmente: en la ciudad hay que caminar con extremo cuidado, porque hay minas terrestres escondidas por todas partes. Dicha con naturalidad, esta frase describe una realidad completamente transformada: un espacio que antes era una ciudad normal, con aceras, patios y parques, ahora requiere una vigilancia constante. Incluso un simple paseo se convierte en una decisión que exige una evaluación continua del riesgo.
Qué hacer con lo que se ha visto
El regreso a casa no puso fin a esta historia. Al contrario, se convirtió en su continuación. Después de haber visto con sus propios ojos cómo viven las personas prácticamente en la posición cero, la Hna. Ligy —junto con todas las religiosas que quedaron en casa, que rezaron y esperaron su regreso— comprendió que limitarse a contar lo que había visto no era suficiente.
Entonces se tomó una decisión: orientar todos nuestros esfuerzos a ayudar a las familias que viven prácticamente en la línea del frente y no tienen ninguna posibilidad de trasladarse a un lugar más seguro. Son personas que, por diversas razones, no pueden irse: algunos no tienen adónde ir, otros no tienen los medios para marcharse y otros están simplemente tan agotados que ya no tienen fuerzas para afrontar otro traslado hacia lo desconocido.
Es cierto que también nosotras, a veces, sufrimos bombardeos, y que esto deja sus heridas. Pero es imposible comparar nuestra experiencia con lo que sucede en la línea cero, en la Jersón devastada o en los lugares de los que las personas salen después del cautiverio. La diferencia es demasiado grande para que nuestras pruebas puedan considerarse equivalentes.
Precisamente por eso nuestro deber es no guardar silencio sobre lo que hemos visto, sino actuar: buscar donantes, construir viviendas y ofrecer a las familias una posibilidad real de trasladarse a un lugar donde los bombardeos constantes no formen parte de la vida cotidiana. Cada casa construida es más que un simple techo. Es la posibilidad de que un niño vuelva a la escuela, de que los padres dejen de contar los minutos entre una alarma aérea y la siguiente. De que una familia vuelva a vivir en vez de limitarse a sobrevivir.
21/06/2022 11:44
01/09/2014
20/08/2024 12:36
15/04/2022 12:38
