Así adoctrina Beijing a los niños de preescolar para borrar la identidad tibetana
Un nuevo informe de Human Rights Watch denuncia los métodos utilizados por la República Popular para promover la identidad han desde el jardín de infantes. El documento señala que no se imparte enseñanza en tibetano y que se obliga a enviar vídeos para demostrar que también en casa se habla chino. Entre las consecuencias se encuentran el distanciamiento de los ancianos y la creciente percepción de que la identidad local es algo inferior.
Milán (AsiaNews/Agencias) – Desde el jardín de infancia, se obliga a los niños a hablar el "idioma nacional chino" y se prohíbe el tibetano. Y en algunos casos, incluso a enviar vídeos a los docentes que demuestren que ocurre lo mismo en casa con sus padres. La asimilación forzada y el adoctrinamiento ideológico mediante los cuales Beijing borra la identidad local se está extendiendo ya a los más pequeños en la Región Autónoma del Tíbet, constata un nuevo informe que difundió hoy Human Rights Watch, titulado “Start with the Youngest Children: China Uses Preschools to ‘Integrate’ Tibetans”.
El estudio se basa en el análisis de las leyes y documentos políticos chinos, así como en entrevistas con siete testigos y académicos con conocimiento reciente y directo de las condiciones de vida en las zonas tibetanas. En un análisis de 72 páginas, el informe documenta que, a partir de una directiva específica de 2021 del Ministerio de Educación chino —el “Plan de armonización del lenguaje de los niños”—, hoy se limita severamente la enseñanza en lengua tibetana en una etapa crítica para la adquisición del lenguaje y la formación de la identidad, acelerando así la desaparición de la lengua y la cultura locales.
“Al centrarse en los niños en edad preescolar, el gobierno chino está acelerando su campaña para privar a los niños tibetanos de su lengua materna y de su cultura e identidad”, denuncia Maya Wang, subdirectora para Asia de Human Rights Watch. “Esta política no tiene que ver con la calidad de la educación, sino sobre la asimilación forzosa de los tibetanos desde una edad temprana en una identidad nacional centrada en la cultura de la etnia han”. Human Rights Watch ha constatado que muchos niños tibetanos terminan la escuela infantil sin poder o sin querer hablar tibetano, ni siquiera con los miembros de su familia. Los padres han informado que, a las pocas semanas o meses de empezar el preescolar, los niños pasan casi por completo al chino.
El Plan de Armonización de 2021 fue la culminación de décadas de cambios políticos que han reducido la enseñanza en lengua materna para las minorías. Desde la ley de 1984 sobre la autonomía regional nacional, China ha pasado por cinco fases hacia una educación obligatoria en chino a edades cada vez más tempranas. Si bien este proceso ya se había completado en las escuelas primarias y secundarias, los jardines de infancia habían quedado durante mucho tiempo como el último contexto donde el tibetano todavía podía usarse como lengua principal de enseñanza.
En 2021, el Ministerio de Educación ordenó a todos los jardines de infancia en zonas de minorías usar la “lengua común nacional”, es decir, el chino estándar, para todas las actividades de enseñanza y cuidado infantil. Las referencias oficiales a la “educación bilingüe” han desaparecido de los documentos políticos. Una serie de sentencias, leyes educativas y políticas gubernamentales también eliminaron el espacio legal y político que aún se mantenía para la enseñanza en lenguas minoritarias, al tiempo que integraban el adoctrinamiento político y cultural en todo el sistema escolar, incluyendo el nivel preescolar. Esto culminó en la ley de 2026 sobre la promoción de la unidad y el progreso étnico, que impone sanciones legales a cualquiera que “obstaculice” el aprendizaje y el uso del chino.
Aunque teóricamente la educación preescolar no es obligatoria en China, Human Rights Watch ha constatado que en la práctica lo es en las zonas tibetanas. Las escuelas primarias en las áreas urbanas exigen cada vez más el certificado de asistencia al preescolar para la inscripción, y dejan a los padres pocas alternativas más que enviar a sus hijos al preescolar en lengua china. Las autoridades también exigen a los maestros que animen o presionen a padres e hijos para que hablen chino en sus hogares y que envíen vídeos que lo demuestren. Inspectores designados por el gobierno han evaluado las competencias en mandarín de los niños en edad preescolar mediante entrevistas y observaciones, a pesar de que los reglamentos prohíben oficialmente los exámenes y otras formas de presión académica en los jardines de infantes.
La política lingüística también va acompañada de un intensificación del adoctrinamiento político y cultural. Los programas preescolares en las zonas tibetanas hacen cada vez más hincapié en la “educación patriótica”, la lealtad al Partido Comunista de China y la identificación como miembros de la “nación china”. A los niños se les enseña a celebrar las festividades han, recitar clásicos chinos, cantar canciones patrióticas y participar en actividades que ensalzan al ejército y la historia revolucionaria. El budismo tibetano y las prácticas culturales locales están ausentes del currículo.
La pérdida acelerada de la lengua entre tibetanos cada vez más jóvenes tiene profundas consecuencias culturales, explica Human Rights Watch. Entre ellas se encuentran el debilitamiento de la comunicación entre niños y ancianos, la alteración de las dinámicas familiares, la reducción en la transmisión de conocimientos religiosos y culturales y la creciente percepción entre los niños de que el idioma y la identidad tibetana son algo inferior.
“No se trata solo de no enseñar la lengua tibetana —comenta una fuente tibetana entrevistada por Human Rights Watch—. Es una estrategia cuidadosamente diseñada para manipular la forma de pensar y creer de los niños. (...) La plataforma de la escuela infantil está diseñada para favorecer la nacionalidad china han: la manera de hablar, los temas, cómo reconocer los objetos, todos los conocimientos que se introducen. No hay ni el más mínimo rastro de la forma de pensar tibetana. El resultado es que los niños que salen a los 6 años del jardín de infancia, aunque ambos padres sean tibetanos, piensan que son chinos. En una o dos décadas, tal vez la cultura desaparezca y quede solo en un museo”.
21/03/2017 10:18
