Aumentan los llamamientos para la liberación de Aung San Suu Kyi. Su hijo: «No sé si sigue viva»
Aumenta la presión internacional sobre la junta militar birmana para que aporte pruebas verificables sobre el estado de salud de la líder democrática, recluida en régimen de aislamiento desde 2021, a través de la campaña «Proof of Life». Desde hace años no se tienen noticias fiables sobre ella. Su hijo, Kim Aris, a AsiaNews: «El pueblo birmano quiere a mi madre tanto como yo».
Yangón (AsiaNews) - En vísperas de su 81.º cumpleaños, crece la presión internacional sobre la junta militar de Myanmar para que proporcione una prueba verificable de que Aung San Suu Kyi sigue viva y en buen estado. En los últimos días, con motivo del Año Nuevo budista, los militares birmanos han concedido la liberación de miles de presos políticos, incluido el expresidente de Myanmar, U Win Myint, estrecho aliado de la líder democrática.
Sin embargo, no hay información fiable sobre Aung San Suu Kyi. Por ello ha surgido la campaña «Proof of Life», promovida por el movimiento All In One Piece y respaldada también por altos cargos de la ASEAN y de las Naciones Unidas.
«La campaña Proof of Life es, en esencia, una petición sencilla y profundamente humana», declaró a AsiaNews Kim Aris, hijo menor de la Premio Nobel de la Paz. «Como hijo, aún no tengo noticias sobre el estado o el paradero de mi madre. Estoy profundamente preocupado y me pregunto si seguirá viva, dado que las autoridades militares siguen guardando silencio», continuó. «Soy muy consciente de que el pueblo birmano quiere a mi madre tanto como yo y comparte mis mismas preocupaciones. «Este no es solo un llamamiento personal, sino colectivo, por parte de muchas familias que viven en la incertidumbre respecto a sus seres queridos».
Durante el golpe de Estado del 1 de febrero de 2021, Aung San Suu Kyi fue detenida y condenada a 27 años de prisión sobre la base de 19 cargos fabricados ad hoc por la junta militar. Han pasado casi 1900 días desde su detención sin que haya surgido información fiable sobre su estado. Ya hace dos años, Kim Aris declaró que solo había recibido noticias fragmentarias, acompañadas de señales preocupantes de un posible empeoramiento de la salud de su madre.
«La población de Birmania y de todo el mundo, incluidos los líderes mundiales, comprende que mi madre puede desempeñar un papel fundamental en cualquier proceso hacia la reconciliación nacional», añadió Kim Aris. «Su continua ausencia y su aislamiento no hacen más que acentuar la incertidumbre que rodea el futuro de Birmania. Pedir una prueba de vida es el llamamiento más elemental en favor de la dignidad, la transparencia y la responsabilidad. Mientras no haya información clara y creíble, seguiremos pidiendo».
La junta birmana no ha vuelto a hacer declaraciones oficiales sobre el estado de la exconsejera de Estado tras la conclusión de los juicios, celebrados a puerta cerrada en la capital militar, Naypyidaw. Las autoridades justifican el silencio afirmando que, al haber sido condenada, no puede recibir visitas internacionales ni participar en encuentros diplomáticos.
Sin embargo, esta postura ya ha demostrado sus límites después de que, en julio de 2023, el entonces ministro de Asuntos Exteriores tailandés, Don Pramudwinai, pudiera reunirse con ella en prisión. La noticia de la visita no salió a la luz hasta más tarde, durante una reunión de la ASEAN. Desde entonces, toda la información sobre su estado proviene exclusivamente de fuentes militares. Incluso el lugar exacto de su detención sigue siendo secreto.
El silencio de la junta ha suscitado repetidos llamamientos a la transparencia. Las Naciones Unidas y la ASEAN —la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, cuya presidencia rotatoria este año corresponde a Filipinas— han pedido la liberación incondicional de todos los presos políticos. El secretario general de la ONU, António Guterres, ha pedido en repetidas ocasiones la liberación inmediata de Aung San Suu Kyi. También la Unión Europea, aunque ha acogido con satisfacción una reciente amnistía vinculada al Año Nuevo birmano Thingyan, ha reiterado la petición de una liberación total.
La iniciativa «Proof of life» coincide con el nombramiento como presidente del general Min Aung Hlaing, tras unas elecciones carentes de legitimidad que se celebraron mientras en diversas zonas del país sigue imperando la guerra civil. Varias zonas permanecen bajo el control de los grupos armados que componen la resistencia y que, en algunos casos, están creando administraciones locales independientes.
El 17 de abril, Min Aung Hlaing, junto con el anuncio de una amnistía para más de 4.500 detenidos, decretó también una reducción de una sexta parte de la pena de Aung San Suu Kyi, equivalente a cuatro años y medio. Las organizaciones de derechos humanos denuncian que se trata de un enésimo intento por parte de la junta militar de obtener mayor legitimidad internacional y no de un intento real de reconciliación. De hecho, solo el 14 % de las personas liberadas en los últimos días pertenece a la categoría de presos políticos. El propio U Win Myint, una vez liberado, preguntó inmediatamente por Suu Kyi, admitiendo que no tenía ninguna información sobre ella.
Desde 2021, el ejército birmano ha intentado borrar el legado político de Aung San Suu Kyi. Su partido, la Liga Nacional para la Democracia, ha sido disuelto; las autoridades han intentado confiscar su histórica residencia en Yangón y le han impuesto un aislamiento casi total. Una dureza que refleja los temores del ejército hacia su figura, a quien la mayoría de la población sigue teniendo en gran estima. Mientras tanto, la situación derivada de la guerra civil sigue siendo dramática, con decenas de miles de personas asesinadas, más de 22.000 presos políticos y unos cinco millones de desplazados internos.
01/09/2021 15:28
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