16/06/2021, 16.43
G7-CHINA
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B3W: muchos obstáculos para la alternativa occidental a la Belt and Road de Beijing

de Emanuele Scimia

El objetivo es cerrar la brecha de infraestructura en los países en desarrollo, lo que requiere 40 billones de dólares. Una iniciativa transparente y respetuosa del medio ambiente, a diferencia de lo que han hecho los chinos. Problemas: presupuestos debilitados por la lucha contra el covid; la resistencia de inversores privados y países que ya tienen estrechos vínculos con China. El peligro de subvencionar indirectamente al gigante asiático.

Roma (AsiaNews) - No será fácil para EE. UU. y los países del G7 hacer que la Build Back Better World (B3W) se convierta en una alternativa real a la Belt and Road Initiative de China (BRI), el plan de infraestructura que puso en marcha Xi Jinping para convertir a Beijing en el eje del comercio mundial.

El G7 lanzó el B3W - promovido por Joe Biden - durante la cumbre del 11 al 13 de junio en Gran Bretaña. Como anticipó la Casa Blanca, debería cerrar la brecha de infraestructura en los países en desarrollo para 2035. Washington y sus aliados quieren implementar un instrumento diferente al BRI (las nuevas Rutas de la Seda), basado en el respeto de estándares financieros, ambientales y sociales precisos, y en una correcta administración.

La Belt and Road Initiative ha sido acusada de financiar estructuras contaminantes, como plantas de carbón, por las licitaciones opacas, que favorecen a las empresas chinas, y por el desplazamiento forzado de poblaciones para hacer lugar a las nuevas infraestructuras. Sin embargo, la acusación más dura es la de hacer que los países deudores dependan cada vez más del acreedor chino.

Evan Ellis, profesor de investigación en asuntos latinoamericanos del Instituto de Asuntos Estratégicos de la Escuela de Guerra del Ejército de EE. UU., considera que el B3W es un paso en la dirección correcta: una alternativa transparente, basada en reglas compartidas y una buena gestión, a la Belt and Road Initiative, sobre todo a su rama "digital".

Sin embargo, el proyecto presenta muchos desafíos. El G7 ha prometido cientos de miles de millones de dólares para nuevas infraestructuras en países de ingresos bajos y medianos. La cifra está muy lejos de los 40 billones necesarios, una cantidad estimada por las mismas siete democracias más ricas del mundo. Según Refinitiv, los proyectos desarrollados entre 2013 y 2020 en el marco del BRI tienen un valor de 3.700.000 millones de dólares; el China Global Investment Tracker reduce la suma a 763 mil millones de dólares.

Los países del G7 tendrán dificultades para reunir los fondos necesarios. Sus finanzas ya están bajo la presión de los estímulos internos para combatir la crisis del covid. En realidad el plan B3W se propone conseguir capital al margen del presupuesto público. "Queda por ver si los inversores privados están dispuestos a comprometerse en proyectos que tienen limitaciones ambientales, sociales, etc. significativas", dijo Ellis a AsiaNews.

También se plantea el problema de desarticular una relación que se ha estructurado a lo largo del tiempo. Ellis señala que muchos países latinoamericanos privilegian los préstamos y proyectos chinos porque Beijing no les impone condiciones fiscales y financieras, ni problemáticos controles de gestión y transparencia.

"Un ejemplo - observa el investigador estadounidense - es la reciente negativa de Trinidad y Tobago a aceptar un préstamo del Fondo Monetario Internacional [FMI] a una tasa de interés del 1%, para tomar uno de China al 2%, con el compromiso adicional de destinar el 15% del monto obtenido a productos chinos”. El gobierno de Trinidad, señala Ellis, ha preferido los costos y condiciones adicionales de Beijing para evitar la supervisión del FMI.

Ante las limitaciones asociadas al B3W, incluyendo las que se refieren al respeto del medio ambiente y los beneficios para los grupos desfavorecidos, es probable que las élites de muchos países en desarrollo sigan recurriendo a China: "De esa manera - agrega Ellis - pueden embolsar más sobornos y gastar dinero sin tener que rendir cuentas".

También existe el peligro de que la iniciativa del G7 favorezca indirectamente al gigante asiático. "Al dirigir los fondos de B3W a la energía renovable, que las empresas chinas dominan en sectores como los paneles eólicos y solares, se corre el riesgo de subvencionar en vez de esquivar a Beijing", dice Ellis. La misma cuestión se plantea para las inversiones en telecomunicaciones, dado que muchos países en desarrollo usan tecnología de las empresas chinas Huawei y ZTE, a menos que Estados Unidos y sus aliados obliguen a los países asociados a prohibir los gigantes de alta tecnología de Beijing.

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