Beirut desafía a Teherán expulsando al embajador, pero agrava la ruptura con los chiítas
Analistas y expertos hablan de una situación “deprimente y grave” dentro del país. Las acusaciones de traición de Hezbolá y su desafío abierto al Ejecutivo, amenazan con exacerbar aún más la tensión interna. La llegada a la región de los Marines de EE. UU. alimenta los temores de escalada. Mientras tanto, Israel continúa avanzando más allá de la frontera en el sur.
Beirut (AsiaNews) - “Es deprimente y grave”, son las palabras que utiliza Scarlett Haddad para describir a AsiaNews la “podredumbre” interna en el Líbano, refiriéndose específicamente a la declaración de persona non grata del ministro de Asuntos Exteriores libanés, Joe Raggi, respecto del embajador iraní en Beirut. El diplomático tiene hasta el 28 de marzo para abandonar el país. Y muchos comentaristas y analistas consideran que este es un punto de inflexión. Rechazada por Hezbolá, por el movimiento Amal y por el Consejo Superior Islámico Chiíta —que han invitado al diplomático de la República Islámica a permanecer en la capital—, la decisión de Raggi es el desafío oficial más importante que se ha lanzado a Teherán en años.
Si se confirma, podría suponer la retirada de los ministros de Hezbolá del Gobierno. Hoy se ha convocado un Consejo de Ministros para decidir cuáles serán los pasos a seguir. Sin embargo, sea cual sea el resultado, el poder central saldrá debilitado, en un momento de ya grave incertidumbre para toda la nación. En caso de dar marcha atrás, se trataría, de hecho, de una impugnación al ministro de Asuntos Exteriores, representante del partido Fuerzas Libanesas. Por el contrario, si la decisión fuera confirmada, el Gobierno perdería —junto con la facción— su “legitimidad chiíta”.
Esta decisión agrava aún más el nivel de tensiones y divisiones políticas internas, lo que podría desembocar en una “deflagración”, advierten los observadores. Según L’Orient-Le Jour (LOJ) “la polarización ha alcanzado su punto máximo: el más mínimo incidente podría precipitar la situación en escenas de violencia, algo que las diversas fuerzas todavía intentan evitar”.
Lo que emerge hoy del asunto de la expulsión del embajador —más allá del aspecto diplomático— es la afirmación de dos fuentes de autoridad rivales en el Líbano, que se acusan mutuamente de “traición”: una por haber pactado con “el enemigo israelí”, la otra por haber “vendido el Líbano a Irán”. La fractura se agudiza en el seno de la población y vuelve a aparecer el fantasma de la guerra civil. En este turbulento panorama también entra en juego el frente mediático. “Los canales de televisión ya no son medios de comunicación, sino barricadas”, confiesa un ex miliciano. Los partidos que representan a los cristianos también barajan una tercera vía: el "divorcio", en forma de una descentralización extrema que fragmentaría el País de los Cedros en zonas predominantemente homogéneas desde el punto de vista comunitario y confesional.
En cualquier caso, ¿Samir Geagea ha rechazado de forma intencionalmente irrefutable la creación de un centro de acogida en Qarantina, un antiguo campo de refugiados palestinos que fue desmantelado, reconvertido en mercado cubierto y después abandonado, en la entrada este de Beirut? Al fin y al cabo, este espacio por sí solo simboliza la guerra civil. “Mientras Hezbolá posea armas, este espacio podría convertirse en una nueva zona de ilegalidad, tanto a la entrada de las ‘regiones cristianas’ como a la de los barrios cristianos de Beirut. Las dos rutas hacia el aeropuerto y el puerto —explica Amine Iskandar, intelectual y profesor en Kaslik— quedarían así bajo control”.
La degradación va en aumento
“El deterioro se acelera día a día”, prosigue Scarlett Haddad, en su reflexión para AsiaNews. “El rechazo por parte de Irán del plan de paz del presidente [de EE. UU. Donald] Trump, su insistencia en la unidad de los frentes iraní y libanés y la llegada a la región de los Marines estadounidenses refuerzan la convicción de que nos encaminamos hacia una escalada”. En el plano humano, la población se encuentra al mismo tiempo “desorientada y dividida, víctima no sólo de los conflictos, sino también de un notable empobrecimiento y de un grave deterioro económico”. La guerra ha sumido al país en una grave crisis, con un millón de desplazados sobre una población de 5,5 millones.
Agrupados por familias o vecindarios, cerca de los comercios, los residentes expulsados de los suburbios del sur han invadido con sus automóviles algunas de las principales calles de Beirut. En la calle Hamra, el estacionamiento a ambos lados ha transformado lo que antes era una elegante avenida en un estrecho corredor, similar a un zoco por donde solo puede avanzar un coche a la vez. A los agentes de tráfico no se les ocurrió nada mejor que intervenir con severidad. “Es absurdo”, protesta el propietario de un coche, remolcado por un camión del Ayuntamiento a una zona de estacionamiento gratuito. “¡Mi familia está allí, pero si necesito el coche, se encuentra a kilómetros de distancia!”. Los desplazados de la periferia, todavía sometida a bombardeos esporádicos, regresan a su casa durante las horas de tregua para asegurarse de que estas siguen en pie, ducharse, y luego vuelven a partir con algunos efectos personales y provisiones. En este momento son las estaciones de servicio “Al-Amana”, una red de Hezbolá, las que son blanco de la aviación israelí, que emite órdenes de evacuación día y noche. La guerra ya ha causado, hasta la fecha, más de 1.000 muertos y más del triple de heridos.
Invasión israelí
Sobre el terreno, Israel sigue expandiendo su ofensiva terrestre: su ejército avanza de manera horizontal para dispersar a los combatientes de Hezbolá y fragmentar el territorio. En este contexto, con el fin de aislar a los combatientes del movimiento proiraní de su retaguardia, se han atacado todos los puentes sobre el Litani. Por otra parte, la estrategia de fragmentación del sur forma parte de un plan más amplio. El objetivo es controlar una vasta área al sur del Litani y transformarla en una zona de amortiguación prohibida para la población. Esto ya se traduce en la destrucción sistemática de las aldeas fronterizas y de las infraestructuras civiles.
Consciente de que Teherán considera este frente como parte integrante del suyo, Tel Aviv prevé un conflicto prolongado, destinado a intensificarse. Algunos ministros israelíes, como el titular de Finanzas Bezalel Smotrich, han llegado incluso a plantear la idea de una anexión. Su homólogo de Defensa, Israel Katz, ha afirmado claramente que no se permitirá a los residentes regresar al norte del Litani hasta que Hezbolá sea desmantelado. A esto se debe añadir, según los altos mandos del Estado hebreo, la conclusión de un acuerdo que garantice la seguridad de Israel y, al mismo tiempo, abra el camino para negociaciones que podrían conducir a un acuerdo de paz.
Según algunos indicios, el objetivo de la ofensiva terrestre sería establecer un control duradero sobre el sur del Litani, para imponer luego condiciones tales como la creación de una milicia local según el modelo del Ejército del Sur del Líbano, encargada de impedir cualquier acción armada contra Israel. Según esta lógica, el Estado judío intentaría influir en la naturaleza de la fuerza militar desplegada en el sur, los tipos de armamento autorizados e incluso los nombres de los oficiales. Paralelamente, varios países europeos piden que se despliegue una fuerza internacional o multinacional encargada de supervisar el desarme del Partido de Dios. Muchos consideran, en efecto, que Israel no será capaz de desmantelar completamente su infraestructura militar, ni de desarmarlo. Y que, en caso de ocupación, Hezbolá continuaría —y legitimaría— la resistencia para liberar el territorio. A las reiteradas propuestas del presidente Joseph Aoun, con el apoyo de Francia, Tel Aviv ha respondido exigiendo como condición previa el desarme de Hezbolá, lo que equivale a una negativa encubierta.
Le Drian: 'en peligro de muerte'
Muy cercano al Líbano, al que viaja a menudo, el enviado del presidente Emmanuel Macron y exministro de Asuntos Exteriores, Jean-Yves Le Drian, ha expresado en los últimos días su profunda preocupación por el deterioro de la situación en Oriente Medio. En una entrevista al Tribune alertó sobre el hecho de que “el Líbano está en peligro de muerte”. Para el exministro, el Líbano se ha convertido en “el campo de batalla del enfrentamiento entre Israel e Irán” y en este momento es “crucial” recurrir a negociaciones con Hezbolá, haciendo hincapié en la importancia del diálogo para desactivar la crisis. Le Drian ha advertido sobre “la posibilidad de un incendio regional”, insistiendo en la necesidad de que la respuesta israelí sea “selectiva y proporcionada”. El objetivo de la diplomacia es evitar una escalada incontrolable que podría desestabilizar toda la región y arrastrar consigo al Líbano, a pesar de todos los esfuerzos del Vaticano para impedir esta catástrofe.
17/12/2016 13:14
