Cáritas: 'Nos quedamos en Gaza, somos parte de su gente'
Inicialmente Cáritas Jerusalén estaba incluida en la lista de ONG que Israel quería someter a un nuevo registro, con el riesgo de que fuera suspendida. Ha obtenido la anulación de la medida y hoy continúa (y amplía) sus actividades en la Franja. El secretario general Anton Asfar y la joven operadora Fatena Mohanna describen el costo humano de la guerra y la resiliencia de los que se quedan: "Es la pequeña cruz de los cristianos de Tierra Santa".
Milán (AsiaNews) – Cuando Israel publicó en diciembre de 2025 una lista de 37 ONG que debían suspender sus actividades en la Franja de Gaza, fue un “shock” para Cáritas Jerusalén, cuenta Anton Asfar, secretario general de la organización, invitado por Cáritas Ambrosiana a un encuentro público titulado "Reconstruirán sobre las ruinas" que tuvo lugar el 11 de febrero en Milán. “El registro de las organizaciones internacionales pasó del Ministerio de Políticas Sociales al Ministerio para la Diáspora y la Lucha contra el Antisemitismo, y en esa lista estaban incluidas Cáritas Internacional y Cáritas Jerusalén", explica Asfar a AsiaNews.
“Pero hoy puedo anunciar que la comisión interministerial israelí ha vuelto a estudiar la situación y todo ha quedado anulado”. La decisión implica que no habrá nuevos procedimientos de registro, y de esa manera pone fin a cualquier incertidumbre administrativa. Cáritas, el brazo social, humanitario y de desarrollo de la Iglesia católica en Tierra Santa, seguirá operando en la Franja de Gaza, como ha hecho siempre desde 1967.
En Gaza, Cáritas “presta servicios de atención primaria de la salud y servicios de emergencia”, explica el secretario general, nacido en Jerusalén y con formación en economía y finanzas. Desde el 7 de octubre de 2023 “nunca hemos interrumpido las actividades. Pero formamos parte de la población local y nuestro propio personal también ha sido desplazado internamente de un lugar a otro”. La organización tiene ocho unidades médicas (una con base permanente en la ciudad de Gaza) y dos unidades de apoyo psicosocial. En la Franja cuenta con 127 operadores, y en Cisjordania 28. En el encuentro se explicó que en 2024 y 2025 emitió dos llamamientos de emergencia por 7,5 millones de euros y ha propuesto uno por 8 millones de euros para 2026, mientras que Cáritas Ambrosiana ha desarrollado varios proyectos bilaterales por un millón de euros.
Antes de mayo de 2024 Cáritas trabajaba también en Rafah “en tiendas de campaña improvisadas”, aclara Asfar, pero “después de la invasión de Rafah, en mayo de 2024, nos vimos obligados a trasladarnos más al norte e instalarnos en Jan Yunis, Balata y Nuseirat”. Y añade: “En julio del año pasado hubo una operación militar en Deir al-Balah y tuvimos que evacuar nuestro punto médico en la zona de Al Bureij… después volvimos”.
“En septiembre – sigue contando – comenzó la invasión y evacuación de la ciudad de Gaza”. En ese momento Cáritas tenía 125 personas en servicio, y “102 fueron obligadas a evacuar de nuevo hacia el sur. Imaginen la presión sobre la salud mental de nuestros equipos, sus familias y sus hijos. Tenían que cuidar de sus familias y al mismo tiempo prestar servicios vitales a la comunidad”. Cuando pudieron volver a sus hogares, sin embargo, no terminaron sus sufrimientos. Después que se anunció el alto el fuego el 10 de octubre, los que regresaron a la ciudad de Gaza encontraron “barrios arrasados, casas dañadas e infraestructuras totalmente destruidas”.
Cáritas también tuvo que afrontar la muerte de dos operadores: “Recuerdo a una extraordinaria compañera nuestra, Viola, técnica de laboratorio, y su hija recién nacida. Fueron alcanzadas por las bombas mientras estaban buscando refugio. Perdieron la vida Viola, su marido, la recién nacida de dos meses, su hermana y sus hijos: doce víctimas de la misma familia”, dice Asfar. Y también otro caso: “Un compañero farmacéutico, debido a una orden de evacuación tuvo que trasladarse con su familia a un edificio con treinta personas que después fue bombardeado. Solo sobrevivió una hija de tres años. Todo esto fue desgarrador para nosotros, y profundamente traumático”.
Después de estas noticias “no sabíamos qué hacer”, prosigue el secretario general, que asumió el cargo en septiembre de 2022 tras ser nombrado por el cardenal Pierbattista Pizzaballa. “Rezamos para encontrar la fuerza interior, entender qué estaba pasando y seguir adelante”. Y añade: “En ese momento comprendí lo que significa la cooperación fraterna: recibimos muchísimos mensajes, oraciones, misas celebradas por nosotros en todo el mundo. No subestimen el valor de sus oraciones y sigan apoyándonos: para nosotros significa mucho”.
Junto a Anton Asfar se encuentra Fatena Mohanna, originaria de la ciudad de Gaza, que forma parte del personal local. Hace pocos meses llegó a Siena, en Italia, donde está estudiando el idioma para poder inscribirse en un máster en la misma universidad. “Cáritas está formada por personas que provienen de la comunidad a la que ayudamos: vivimos los mismos sufrimientos, pero ¿quién ayuda a los que proporcionan las ayudas?”. Su respuesta es un reconocimiento al personal: “Estoy convencida de que el personal de Cáritas está formado por héroes”.
“Estar en Italia para mí es como un sueño – sigue diciendo a AsiaNews –. Todavía estoy en shock. Todos los días me despierto y pienso: ¿cómo he llegado hasta aquí? Camino normalmente por la calle, hay naturaleza a mi alrededor y cuando necesito algo voy al supermercado y todo es fácil”, dice. “Psicológicamente me resulta más difícil, porque mi familia sigue en Gaza. Cada vez que bebo o como o incluso simplemente duermo en mi cama, me siento culpable. Al principio no podía dormir porque me parecía que aquí hay demasiado silencio, después de dos años de bombardeos. Todavía tengo problemas por haber comido comida enlatada, y he bebido agua limpia por primera vez en dos años”.
Anton Asfar explica que, debido a la destrucción de las infraestructuras, el suministro de agua limpia sigue siendo uno de los mayores desafíos en la ciudad de Gaza. “Actualmente la capacidad es de solo de 6.000 metros cúbicos sobre un total de 14.000”. A pesar del alto el fuego, la ayuda sigue llegando de forma intermitente. Sin embargo, ha habido “chispazos de esperanza”, continúa. “Estábamos aterrorizados por la propagación de la hambruna y trabajamos mucho para brindar ayuda a los niños. El 12 de octubre logramos que entraran 10.000 latas de leche para bebés, que se distribuyeron en toda Gaza”. Pero mientras tanto las nuevas clínicas móviles ya ensambladas “todavía no han recibido autorización para entrar en Gaza”.
Por eso, explica Fatena Mohanna, ingeniera informática, la población sigue estando exhausta, y "el sufrimiento persiste a pesar del alto el fuego. Pero no pierdo la fe. Nuestro pueblo es fuerte: son personas sencillas que aman el arte, la vida, la música y quieren una vida normal”. Debido a la prohibición de ingreso a los periodistas extranjeros, su trabajo audiovisual ha sido utilizado por algunos medios internacionales y le ha valido dos reconocimientos periodísticos.
Sin embargo, ella considera que las imágenes no alcanzan a decir todo: “No pueden capturar los sentimientos de las personas. Se ven niños haciendo cola para recibir agua y comida, pero la imagen no dice que hasta hace dos años esos niños iban a la escuela. Se ven ancianos y jóvenes, pero no se pueden transmitir los sueños rotos de los que tenían un trabajo, una casa, una ciudad y ahora han perdido todo. Las imágenes no pueden transmitir el sentimiento de pérdida y el profundo dolor de estos dos años”.
Anton Asfar, por su parte, explica de dónde nace la motivación para quedarse: “Es parte del ADN de Cáritas”, que hoy está concentrada en proporcionar atención médica y asistencia de urgencia, pero también trabaja por la paz y la reconciliación. Próximamente se ampliará en Gaza un centro de salud materno infantil, porque muchas madres han quedado solas debido a la guerra..
El horizonte político del conflicto entre israelíes y palestinos es el más problemático: “Las sociedades están desgarradas y paralizadas por los extremismos”, comenta Asfar. Pero también hay “pequeños grupos que trabajan por el diálogo y la reconciliación”, algo así como “salmones que nadan contracorriente”. Pero para una solución a largo plazo hace falta una clase dirigente capacitada, que ayude a dar un “salto hacia la reconciliación, la igualdad, la justicia y la paz”.
La presencia de la Iglesia es fundamental: “Las actividades de diálogo no resuelven el conflicto, pero permiten volver a plantar semillas de esperanza. Mi amor por Jerusalén y por Tierra Santa me ha hecho quedarme. No es fácil vivir allí, formar una familia y criar hijos. La gente a menudo no comprende todas las 'gracias' que tiene en su vida y tiende a darlas por sentadas. Los cristianos de Jerusalén nos sentimos honrados de vivir en los lugares donde nació la cristiandad, pero eso también supone una carga pesada. Es nuestra pequeña cruz”.
16/05/2018 20:38
10/12/2016 13:33
