25/05/2026, 15.52
TURQUÍA - GOLFO
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Del uso intensivo de drones a la OTAN islámica, el activismo turco agita las aguas del Golfo (e Israel)

de Dario Salvi

El eje entre Israel (y EE. UU.), Emiratos Árabes Unidos y la India se enfrenta a un bloque que une a Ankara, Riad e Islamabad. Turquía vuelve a proponer la idea de una alianza de países musulmanes para minimizar la "dependencia del exterior de la región". En el frente interno, la disputa por el liderazgo del principal partido de oposición reabre viejas heridas.

Milán (AsiaNews) - En contraposición al eje formado por Israel, Estados Unidos, Emiratos Árabes Unidos y la India, se está consolidando un frente integrado por Arabia Saudita, Pakistán y Turquía que, a pesar de estar comprometido también en contrarrestar los ataques iraníes, se perfila como el gran rival por la hegemonía regional. Una lucha de poder que trasciende la rivalidad de décadas entre Riad y Abu Dabi para convertirse en un juego de intereses y alianzas más amplio que se extiende desde las costas orientales del Mediterráneo hasta las turbulentas aguas del océano Índico, e involucra a Delhi e Islamabad, dos potencias nucleares rivales. En este contexto, el gobierno turco y el presidente Recep Tayyip Erdogan, en nombre de una alianza musulmana común [véase también la idea que ha vuelto a proponer Islamabad de una «OTAN islámica»], pretenden desempeñar un papel cada vez más importante en el escenario medioriental y global. Esta ha sido la razón de la reciente visita del ministro turco de Relaciones Exteriores, Hakan Fidan, a Catar —hasta ahora el principal aliado de Ankara en la región— para mantener conversaciones de alto nivel que abarcaron desde la guerra con Irán y sus repercusiones en el Golfo, hasta los esfuerzos para garantizar una navegación segura en el estrecho de Ormuz.

Durante estos meses Turquía ha pedido el fin de la guerra y ha condenado los ataques en territorio iraní, pero también ha criticado los misiles y drones de los ayatolás en el Golfo, en un difícil intento por equilibrar la estabilidad regional, la diplomacia y las tensiones internas. El 21 de mayo, un tribunal destituyó a Ozgur Ozel, líder del principal partido de la oposición que había asumido el cargo en 2023, y dictaminó que la conducción del Partido Republicano del Pueblo (CHP) sea asignada a Kemal Kilicdaroglu, una figura controvertida. En los últimos dos años, el CHP, casi a la par con el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) del presidente, ha tenido que enfrentar una represión sin precedentes: desde finales de marzo de 2025, el principal rival de Erdogan, el alcalde de Estambul Ekrem Imamoglu, se encuentra en prisión y corre el riesgo de ser condenado a décadas de cárcel. Al igual que él, se han visto afectados cientos de administradores y funcionarios del partido, lo que plantea nuevas dudas sobre la calidad democrática. Ayer, la policía antidisturbios disparó gases lacrimógenos frente a la sede del CHP para romper el bloqueo montado por activistas y miembros del partido que se oponen al fallo judicial y están decididos a defender la conducción de Ozel.

Un "paraguas" turco para el Golfo

En este momento Estados Unidos y sus empresas asociadas enfrentan dificultades en la entrega de armas, y los países árabes y los del Golfo miran con creciente interés a Turquía para la compra de armamento. A pesar de contar con sólidos sistemas de defensa aérea que siguen siendo efectivos contra los misiles balísticos, Kuwait, los EAU, Qatar y Arabia Saudita tienen escasez de municiones ante las crecientes amenazas, sobre todo los drones de largo alcance de los ayatolás, que han logrado destruir varios sistemas de radar. Por eso las monarquías y emiratos intentan reforzar sus lazos con el gobierno y las empresas turcas firmando numerosos contratos.

"Los países del Golfo están comprando en forma intensiva e incluso están investigando los sistemas que ya utilizan las fuerzas militares en la región", afirmó a Middle East Eye (MEE) una fuente familiarizada con el Golfo. "Incluso Omán, que por tradición es neutral, está interesado", añade. Esta estrategia se hizo evidente durante la feria de armas en Turquía, Saha Expo, donde los países del Golfo y estados árabes como Irak estaban entre los más interesados. El ministro de Defensa de Kuwait firmó un memorando de venta intergubernamental con importantes empresas turcas, entre ellas Aselsan, Havelsan, el fabricante de drones Baykar, la empresa de vehículos blindados Otokar y el astillero Yonca.

Resultan de especial interés los drones Akinci de altitud media y gran autonomía de Baykar, así como los sistemas de defensa aérea Hisar —diseñados para amenazas a corta y mediana altura— y los sistemas antidrones con guía láser para montar en camiones pequeños. Un área en la que Ankara está desarrollando nuevos proyectos es la interceptación de misiles balísticos. Aunque cuenta con varios sistemas en fase de desarrollo, entre ellos el sistema de defensa de misiles de largo alcance Siper, se necesitarían otros cuatro o cinco años para adaptarlos eficazmente contra las amenazas en el Golfo. Una fuente interna de la industria de defensa turca añadió que los países de la región están interesados en los futuros sistemas porque las alternativas, sobre todo de EE. UU., registran retrasos de años en las entregas de los sistemas Patriot y THAAD, incluyendo sus municiones.

Diplomacia y cerco

En materia de política exterior, Turquía ha recibido últimamente a un número considerable de diplomáticos y representantes institucionales, un hecho inusual que confirma su creciente activismo en el escenario internacional. El primero fue el ministro de Relaciones Exteriores de Kuwait, Jarrah Jaber Al-Ahmad Al-Sabah, quien se reunió con su homólogo turco en Ankara para mantener conversaciones sobre el conflicto iraní, el bloqueo del estrecho de Ormuz y las relaciones bilaterales. Le siguió el canciller saudita, el príncipe Faisal bin Farhan, quien viajó a la capital turca para participar en la tercera reunión del Consejo de Coordinación Turco-Saudí sobre defensa, energía y finanzas. El propio Erdogan y el presidente argelino, Abdelmadjid Tebboune, supervisaron acuerdos de cooperación en finanzas, agricultura, transportes, telecomunicaciones, gestión de catástrofes y medios de comunicación. Cabe destacar que los tres visitantes procedían de países que mantienen relaciones turbulentas con Emiratos Árabes Unidos, aunque por diferentes motivos. Estos movimientos parecen confirmar un alineamiento turco con el frente opuesto a los Emiratos, a pesar de la sorpresiva visita del vicepresidente emiratí, el jeque Mansour bin Zayed Al Nahyan, a Estambul, en un delicado juego de equilibrios diplomáticos y comerciales entre ambas partes.

Analistas y expertos destacan el temor de Turquía de quedar "cercada", debido a su histórica rivalidad con Grecia, país que, mientras tanto, ha estrechado lazos con Israel. El gobierno de Atenas parece volcarse cada vez más hacia los países del Golfo y la India para fortalecer su posición en un entorno geopolítico inestable. La teoría del cerco no es nueva, ya que fue mencionada en el pasado por Fidan, quien hacía referencia a "áreas de alianza" en clave antiturca. En abril, el ministro explicó que "la cuestión de la tríada [Grecia, la administración grecochipriota e Israel], que está involucrada o da la impresión de estarlo en una operación destinada a rodear a Turquía en el Mediterráneo oriental, está siendo estrechamente controlada".

La preocupación de Ankara se debe al arco de cooperación que Grecia está construyendo con la ayuda de EE. UU. e Israel: analistas y académicos hablan de un puente que va desde Atenas hasta la India atravesando el Golfo y el Estado judío, con el respaldo fundamental de Washington a favor del eje. Al mismo tiempo, Ankara percibe (¿erróneamente?) este avance como un acto hostil de cerco y un ataque directo proveniente sobre todo de Israel, que busca debilitar la influencia diplomática turca para controlar mejor, si no dominar, Oriente Medio. Esta rivalidad entre Turquía e Israel también parece justificar la cooperación estratégica del gobierno griego con el Estado judío, cuyas políticas en la región nunca ha condenado ni criticado.

OTAN islámica

Una respuesta al desafío de las alianzas, retomado por el ministro de Defensa pakistaní, Khawaja Asif, pero respaldada por Turquía, es una «OTAN islámica», inspirada en el modelo de la Alianza del Atlántico Norte, actualmente en discusión bajo los embates del presidente estadounidense Donald Trump. En una entrevista con Hum News, Asif abrió la puerta al ingreso de Catar en un bloque que ya incluiría a Arabia Saudita y Pakistán, con conversaciones en curso y en fase avanzada con la propia Turquía. El ministro considera que este puente que va desde Ankara hasta Islamabad, pasando por Riad y Doha, sería la vía para reducir «al mínimo» la «dependencia del exterior de la región». La iniciativa dio sus primeros pasos en septiembre, en respuesta a los ataques con misiles de Israel contra objetivos de Hamás en Catar, ataques que pusieron en evidencia «vulnerabilidades estructurales» entre los Estados de mayoría musulmana del Golfo y la falta de un mecanismo de seguridad coordinado.

En respuesta a las incursiones, comenzaron los debates de alto nivel entre Arabia Saudita, Pakistán y Turquía para establecer un pacto de defensa conjunta. El resultado fue la alianza entre Riad e Islamabad que se firmó el año pasado, y que refleja en gran medida el artículo 5 de la OTAN, según el cual una agresión contra uno de los firmantes activaría la obligación de respuesta colectiva. Arabia Saudita aprovecha el paraguas nuclear de Pakistán y su considerable experiencia militar, mientras que Islamabad ha ganado una mayor influencia estratégica en el Golfo y ha reforzado sus relaciones de defensa con una gran potencia económica. A principios de 2026, según Bloomberg, Turquía habría maniobrado activamente para incorporarse a la alianza, aportando uno de los ejércitos permanentes más grandes del mundo musulmán, además de acceso a rutas marítimas críticas en Oriente Medio y el Mediterráneo oriental, y tecnología de defensa avanzada. A nivel global, esto introduce nuevas complejidades en los cálculos estratégicos: con la capacidad nuclear de Pakistán y el poderío militar turco, el bloque puede alterar los paradigmas de disuasión, obligando a las potencias tradicionales a reevaluar sus estrategias de intervención y alianzas.

 

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