Desde el sudeste asiático hasta Oriente Medio: los negocios de Islamabad (y Beijing) con los cazas de bajo costo
Desde Indonesia hasta Arabia Saudita, pasando por Sudán y Libia, Pakistán ha multiplicado en los últimos meses los acuerdos de defensa cuyo objetivo es vender los JF-17, aviones de combate que produce con China y que ya demostraron su versatilidad durante el conflicto con la India en mayo del año pasado. Son aeronaves económicas y cada vez más clave en la estrategia militar y diplomática de Beijing e Islamabad.
Islamabad (AsiaNews) - Indonesia se dispone a firmar con Pakistán un acuerdo de defensa que, según Reuters, también incluye la venta de drones y aviones de combate. Concretamente, Yakarta estaría evaluando la compra de hasta 40 cazas JF-17 Thunder, fabricados conjuntamente con China, y que demostraron su versatilidad (y letalidad) en el breve conflicto entre la India y Pakistán que estalló en mayo del año pasado. Según reconstrucciones pakistaníes y fuentes chinas, los jets de producción china habrían derribado en aquel momento al menos un Rafale de la Fuerza Aérea de la India, cosa que nunca fue confirmada por Delhi.
Desde entonces diversos países, además de Nigeria y Azerbaiyán que ya los habían adquirido, han comenzado a interesarse en la compra de JF-17. Reuters también dio la noticia de un acuerdo de 1,500 millones próximo a cerrar con el ejército de Sudán, involucrado en una guerra civil contra el grupo paramilitar de las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), que por su parte recibe apoyo militar de Emiratos Árabes Unidos.
En los últimos días Islamabad firmó asimismo un acuerdo de defensa con Marruecos, y en diciembre la fuerza aérea pakistaní había concluido otro acuerdo de 4,000 millones de dólares, en el que se incluyen 16 jets, con el ejército nacional libio que controla la parte oriental del país, a pesar de un embargo de las Naciones Unidas que prohíbe la venta de armas al país del norte de África. En algunas publicaciones en X del último mes, la Pakistan Air Force informó además que Irak y Bangladés también estarían interesados en los cazas ligeros.
Gran atención han recibido, por otra parte, los acuerdos de defensa mutua firmados con Arabia Saudita en septiembre. Ese mismo mes se supo que una deuda pakistaní de 2,000 millones de dólares podría ser transformada en un acuerdo para suministrar a Riad algunos JF-17. Varios analistas suponen que, en caso de confirmarse, el acuerdo supondría “una gran victoria” para Beijing, sobre todo considerando que el presidente estadounidense Donald Trump anunció que había autorizado la venta de varios F-35 a Arabia Saudita, el principal aliado de Washington en Oriente Medio jnto con Israel. Sin embargo, el ataque israelí contra la cúpula de Hamás en Doha, Catar (junto con la posibilidad de que el Congreso rechace la autorización de Trump) ha orientado a los países del Golfo hacia alternativas más confiables.
La popularidad del JF-17 se debe a su versatilidad y a los costos contenidos respecto a los cazas de producción occidental, como los Rafale franceses o los Eurofighter. Es un avión sencillo y ágil: tiene un solo motor, por lo que consume menos y es más fácil de manejar que los grandes cazas de dos motores, aunque su potencia es inferior. Sin embargo, el JF-17 no fue diseñado para operaciones intercontinentales, sino para conflictos regionales (cada vez más frecuentes) en los que es necesario defender el espacio aéreo nacional.
Por otra parte la aviónica, el “cerebro” del avión que comprende los sistemas electrónicos de a bordo, ha sido actualizada con tecnologías chinas de última generación, y la versión más reciente, conocida como Block III, incorpora un radar activo de barrido electrónico capaz de identificar y seguir múltiples objetivos incluso en condiciones difíciles. El piloto también dispone de pantallas digitales y de un casco que proyecta directamente la información ante sus ojos, lo que reduce la carga de trabajo y aumenta el soporte electrónico.
En cuanto a los armamentos, el JF-17 puede emplear misiles contra otros aviones, armas guiadas contra objetivos en tierra y misiles antibuque, lo que lo hace bastante flexible, aunque no alcanza el nivel de los cazas más avanzados. Su principal punto fuerte sigue siendo, en cualquier caso, el costo, que ronda los 25–30 millones de dólares por avión, frente a cifras tres o cuatro veces superiores para los Rafale o los F-35. A esto se añade un mantenimiento más sencillo, repuestos menos costosos y la posibilidad de realizar el ensamblaje a nivel local.
El JF-17 Thunder es el resultado de una colaboración industrial y estratégica entre Pakistán y China. El avión es construido por Pakistán en una planta estatal en Kamra, mientras que Chengdu Aircraft Industry Group se ocupa del diseño de base y de proporcionar el soporte tecnológico y los componentes clave. Desde el principio este caza fue diseñado para ser sencillo de producir y fácil de mantener y de actualizar, sin que sea necesario rediseñar todo el vehículo. En muchos sentidos, un enfoque opuesto a los programas occidentales, que están sometidos a controles más estrictos y requieren también más autorizaciones para ser exportados. Una cuestión sobre la que Beijing e Islamabad, por el contrario, no se hacen demasiados problemas.
06/03/2019 14:26
26/01/2024 21:03
