14/09/2023, 17.10
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Diez años de la Belt and Road Initiative: quién ganó y quién quedó atrás

de Alessandra De Poli

Se han producido muchos cambios desde 2013, explica a AsiaNews Hongyi Lai, profesor de la Universidad de Nottingham de origen chino. La "nueva ruta de la seda" se ha extendido a nuevos sectores y, aunque a un ritmo muy lento, prosigue la ejecución de varios proyectos de infraestructura. Pero las dificultades económicas que atraviesa China en este momento no se resolverán a corto plazo.

 

Milán (AsiaNews)- Este mes de septiembre se cumplen diez años del discurso del presidente chino Xi Jinping en la Universidad Nazarbayev de Astaná, Kazajistán, con el cual lanzó la "nueva ruta de la seda", ahora internacionalmente conocida como Belt and Road Initiative (BRI). Desde entonces, muchas cosas han cambiado. Varios países del mundo han entrado en distintos modos a formar parte (y Beijing lo celebrará con una gran cumbre el mes que viene). Algunos (como Italia) están intentando salir de ella, mientras que otros se han beneficiado enormemente, a pesar de que la economía china se enfrenta actualmente a dificultades cada vez mayores. Y estas, señala el profesor Hongyi Lai de la Escuela de Relaciones Internacionales de la Universidad de Nottingham, en el Reino Unido, no se resolverán pronto sino que, por el contrario, tendrán repercusiones a largo plazo. ¿Cuál es, entonces, el balance?

“El impacto de la Belt and Road Initiative en las economías individuales depende de cómo han sido clasificados los participantes dentro del proyecto”, responde Hongyi Lai. De hecho, la nueva Ruta de la Seda se describe a menudo como un único gran proyecto de infraestructura, pero es mucho más que eso, y comenzó "porque China necesitaba nuevos mercados y quería proponer una nueva imagen de sí misma, diferente de la que había creado la propaganda occidental", sigue diciendo el profesor, que ha estudiado en profundidad el impacto de las reformas políticas de Xi.

Aunque en chino ha conservado el nombre "One Belt, One Road" (un cinturón, una ruta, en mandarín: 一带一路), con el paso de los años las formas de cooperación con otros países se han ido multiplicando. Los cuatro pilares en los que se basa la iniciativa (conectividad política, infraestructural, financiera y facilitación del comercio) se han ampliado a otros sectores, de modo que a una ruta de la seda terrestre se ha sumado la marítima; después llegaron la sanitaria, la digital e incluso la espacial. Además del uso de monedas locales, se han creado mecanismos de préstamo como el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII) y el Fondo de la Ruta de la Seda; y también se puso gran énfasis en el intercambio cultural y entre personas individuales.

“El anuncio de la BRI fue acompañado por un gran entusiasmo hace diez años, pero ahora las cosas son mucho menos optimistas”, explica Lai. “Al principio parecía que China había logrado grandes resultados económicos en poco tiempo, y por eso había logrado involucrar en el proyecto, y sobre todo en el BAII, importantes economías europeas. Pero si miramos más de cerca lo que hace el BAII, las inversiones no siempre están directamente relacionadas con la BRI", y ofrece financiaciones que van desde el sector energético hasta el desarrollo agrícola, pasando por la protección ambiental, las telecomunicaciones y las estructuras higiénico sanitarias. Y en cualquier caso, prosigue el experto, "en los últimos años se han producido muchos cambios relacionados tanto con la propia iniciativa como con las relaciones exteriores de China".

El nivel de participación en la BRI se podría representar mediante una serie de círculos concéntricos, con Beijing en el centro: "Los países que más se han beneficiado de la iniciativa hasta el momento son los del Sudeste Asiático, geográfica y económicamente más cercanos a China, y los de Asia Central, si consideramos el conjunto de iniciativas puestas en marcha por Beijing. Las economías de algunos países aliados del sur de Asia, como Bangladés y Pakistán, también se benefician de la proximidad con China", mientras que su rival, India, había dejado claro desde el principio que no quería formar parte de la iniciativa y ahora, con la ayuda de Estados Unidos, intenta posicionarse como alternativa, sobre todo en Oriente Medio.

Pero todavía hoy, a pesar de que el entusiasmo ha disminuido, no hay duda de que en estas regiones se sigue trabajando lentamente en nuevos proyectos -que se llevarán a cabo, según una visión típicamente china, a largo plazo-. Desde el ascenso al poder de los talibanes en 2021, China se ha convertido en el primer país del mundo en instalar un nuevo embajador en Afganistán, una medida que, más que llenar el vacío que dejó Occidente, servirá para explotar los recursos minerales y energéticos afganos con la esperanza de poder conectar el corredor económico china-pakistán con Asia Central. Es un tema al que Beijing podría referirse durante el tercer Foro de la Belt and Road Initiative que se llevará a cabo en octubre, cumbre en la que también participará el presidente ruso Vladimir Putin. "En la última década el comercio energético entre Rusia y China ha crecido muchísimo y Beijing también ha invertido en el desarrollo del know-how ruso".

Geográficamente lejos de China, "África como continente también se ha beneficiado decididamente con la BRI en los primeros años, porque le permitió obtener rápidamente infraestructura económica, mientras que ahora existe una voluntad general (también dictada por las fuertes diferencias culturales con China) de desarrollar sus propios proyectos y su propio sector manufacturero utilizando sus propios recursos. No creo que este potencial se pueda interrumpir en el futuro, pero podría verse contrarrestado por iniciativas europeas y estadounidenses. En resumen, el nivel de participación en la BRI es muy desigual en todo el mundo”, concluye el experto.

Italia se encuentra en una situación particular: después de haber firmado un memorando de entendimiento en marzo de 2019, el gobierno que ahora encabeza la primera ministra Giorgia Meloni ha manifestado su voluntad de salir del pacto con Beijing. La decisión preocupa a los funcionarios italianos por el riesgo de represalias económicas. Pero, comenta Hongyi Lai, “China ha lanzado fuertes sanciones económicas contra Corea del Sur, Australia y en parte Japón -todos ellos países que junto con EE.UU. y otros aliados no participan en la BRI- porque suponen una amenaza militar para la seguridad nacional china. Y sin embargo, como son economías grandes, han logrado superar los bloqueos económicos. No creo que las consecuencias sean tan graves para Italia, incluso si es sometida a una fuerte presión por la Unión Europea y Estados Unidos, pero en este momento para China es más bien una cuestión de imagen".

Lo que, según Lai, debería guiar a los países a la hora de decidir si entran o no en la BRI, más que un criterio ideológico, "deberían ser los cálculos económicos a largo plazo", entre otras cosas para evitar caer en la "trampa de la deuda". "A menudo es fácil culpar a China por las propias deudas externas, pero sigue siendo una relación bidireccional. Sin duda es posible que el entusiasmo inicial no haya dejado pensar en las consecuencias a largo plazo. Un ejemplo evidente es el caso de Sri Lanka, que hoy se ve obligado a pagar sus deudas a varios acreedores diferentes, no sólo a China, y eso pesa muchísimo en su economía".

Para aquellos que se encuentran en esta situación, las consecuencias económicas resultan más críticas, porque la economía china ya no es la misma que diez años atrás, cuando su mercado interno estaba saturado y necesitaba nuevas salidas. Hoy "debido a las decisiones que se tomaron durante la pandemia de Covid y a un gobierno cada vez más personalista, diferente del liderazgo colectivo e institucional que caracterizaba a China antes de Xi Jinping, reina un clima de gran incertidumbre", sigue explicando el profesor. “Es sabido que algunos sectores han sufrido mucho debido a las decisiones unilaterales de Xi, y el hecho de que una sola persona tome las decisiones crea una enorme ansiedad entre los inversores extranjeros. La pérdida de inversiones ha sumido la situación en una espiral económica descendente que se está afirmando sobre sí misma. Eso significa que es muy difícil volver atrás. Hu Jintao (el líder anterior) también había pasado por un momento de grandes cambios, pero fue mucho más cauto en sus decisiones económicas." Por eso, afirma Lai, es poco probable que la situación actual se resuelva en el corto plazo.

 

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