30/03/2026, 16.46
SIRIA
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Domingo de Ramos en ‘silencio’ contra los ataques a los cristianos sirios. Mons. Mourad: 'clima de injusticia'

de Dario Salvi

Las celebraciones del comienzo de la Semana Santa se han desarrollado en un tono menor en respuesta a las recientes agresiones. En Suqaylabiyah, grupos extremistas atacan negocios cristianos y hostigan a jóvenes que caminan por la calle. El arzobispo de Homs afirma que la situación “ahora está tranquila”, pero los problemas siguen sin resolverse. Considera un error confiar las armas y la seguridad únicamente a los suníes, porque genera un “círculo vicioso de venganza” que se consuma “en el silencio”.

 

Milán (AsiaNews) - “Ahora la situación está tranquila, pero aún no se ha resuelto” porque “los ánimos todavía no se han calmado” y persiste un clima de “tremenda” tensión con “agresiones y violencia verbal” cuya raíz, especialmente “en la zona de Homs”, es el deseo de “venganza”, explica a AsiaNews monseñor Jacques Mourad, arzobispo siro-católico de Homs, Hama y Dabek, comentando la violencia de los últimos días en algunas zonas de Siria. Por eso ayer los líderes eclesiásticos de Damasco decidieron celebrar un Domingo de Ramos silencioso y en tono menor. Los ataques y abusos contra la comunidad cristiana, sigue diciendo el prelado, “se producen en distintas zonas del país” y son “fruto de una injusticia” relacionada con la decisión de los nuevos líderes de “quitar las armas” a los grupos minoritarios para confiarlas “a los suníes”, que actualmente son responsables de la seguridad. “A eso se debe —advierte— el deseo de venganza” de otros sectores, lo que termina alimentando las tensiones.

Tensiones confesionales, ataques contra las minorías (desde la masacre de los alauitas en marzo del año pasado hasta las agresiones contra los cristianos, como el ataque suicida contra la iglesia de Mar Elias en Damasco) y una violencia generalizada marcan el difícil camino hacia el renacimiento de la “nueva” Siria. Desde hace más de un año, el poder está en manos de Ahmed al-Sharaa y las milicias de Hayat Tahrir al-Sham (Comité para la Liberación del Levante, HTS), que en pocas semanas, entre finales de noviembre y diciembre de 2024, derrocaron el régimen de décadas de Bashar al-Assad.

El exdictador huyó al exilio en Moscú, mientras el país árabe iniciaba un lento y fatigoso proceso de regreso al panorama político, diplomático y económico internacional. Sin embargo, la cancelación de las sanciones occidentales y la acogida brindada en la Casa Blanca por Donald Trump al actual presidente interino -quien nunca ha renegado del islamismo radical- no han sido suficientes para garantizar la estabilidad y la seguridad dentro de las fronteras nacionales. Desde los alauitas hasta los kurdos, pasando por los cristianos y los drusos, los frentes de conflicto son múltiples e irresueltos, mientras bandas vinculadas a las milicias en el poder cometen abusos y crímenes a menudo con total impunidad.

El último episodio ocurrió la semana pasada en Suqaylabiyah, un centro en el valle del Orontes, en la gobernación de Hama, donde viven unas 250,000 personas de mayoría musulmana suní, a excepción de la pequeña ciudad donde se produjeron los incidentes, habitada principalmente por cristianos greco-ortodoxos. El detonante del enfrentamiento fue una disputa en una tienda de licores regentada por cristianos, en un país donde recientemente se ha prohibido la venta de alcohol en la capital (salvo en zonas restringidas). Por otra parte, el tema de las bebidas alcohólicas —prohibidas por el islam— no es solo uno de los frentes de conflicto, sino también un índicador de hasta qué punto pretende imponer su ley el sector musulmán radical.

Volviendo a los hechos, el altercado en la licorería atrajo a grupos de jóvenes radicalizados de otras aldeas de la zona que, a su paso, provocaron destrozos, llegando incluso a derribar una estatua de la Virgen en una plaza. Una parte de los atacantes, procedentes de la cercana localidad de Qalaat al-Madiq, también intentó agredir a un grupo de jóvenes cristianas y amenazó a los habitantes con nuevas —y aún más graves— incursiones. A la mañana siguiente, el 28 de marzo, jóvenes cristianos salieron a las plazas para protestar contra los ataques y exigir justicia.

Este episodio confirma lo que activistas cristianos y expertos han denunciado repetidamente: que Siria todavía está lejos de garantizar la igualdad y la justicia para todos sus componentes y que el presidente interino al-Sharaa no tiene (al menos plenamente) el control de las milicias. El sistema judicial, explica monseñor Mourad, “no funciona en absoluto” porque no hay una clara división de poderes y quienes cometen delitos difícilmente son juzgados conforme a derecho. A esto se suman tensiones confesionales nunca apaciguadas, cuando no alimentadas por un nuevo liderazgo incapaz de traducir en hechos las promesas de igualdad y derechos. “No es la primera vez —recuerda el prelado— que jóvenes musulmanes [en Suqaylabiyah] atacan o usan palabras ofensivas contra las jóvenes que caminan libremente por la calle, provocando la reacción de sus pares cristianos, a veces incluso violenta”.

Esta vez, continúa el obispo, los agresores “se presentaron en gran número, en motocicletas y armados, y comenzaron a destruir coches y tiendas, disparando al aire y generando un clima de miedo y terror”. “Los responsables de la seguridad —relata— no llegaron de inmediato. Además, entre los propios atacantes había miembros de la seguridad y policías que participaron activamente en esta persecución. Ahora la situación está en calma, pero todavía no se ha resuelto”. “En Homs —concluye— casi todos los días hay asesinatos”, especialmente entre los alauitas, pero “nadie dice nada, nadie escucha el grito de sufrimiento de las madres ni hace nada para detener este círculo de venganza; pocos tienen el valor de denunciar. Esto es una injusticia”.

En respuesta a las tensiones de los últimos días, durante el fin de semana las iglesias de rito occidental en Damasco, que iniciaron la Semana Santa decidieron celebrar servicios religiosos "limitados" y en tono menor, sin ritos solemnes ni actos al aire libre por motivos de seguridad. En un comunicado, el patriarca greco-melquita Joseph Absi explicó que “dadas las desalentadoras circunstancias actuales, hemos decidido, en coordinación y de común acuerdo con todas las iglesias, que las celebraciones de Semana Santa se limiten únicamente a las oraciones dentro de los templos”. Esta medida confirma aún más el clima de tensión en la capital, donde crece desde hace días el descontento de la minoría cristiana por algunas medidas controvertidas y discriminatorias que han tomado las autoridades, como la prohibición del alcohol en nombre de la religión islámica.

Una fuente católica de AsiaNews, que trabaja en el ámbito eclesiástico, relata bajo condición de anonimato: “Cuando una persona cree, en silencio o abiertamente, que es el único custodio de la verdad, que tiene derecho a juzgar a los demás, clasificarlos, excluirlos o incluso imponerles un estilo de vida que considera correcto, la cuestión de la fe pasa de ser un elemento de luz a una cuestión de poder. De fuente espiritual se convierte en instrumento de control”; y esto “lo vemos claramente hoy a nuestro alrededor, en las decisiones que se toman con el pretexto de ‘organizar la sociedad’ pero que, en realidad, ocultan el intento de imponer una única imagen de Dios a todos”. Esto, advierte, se aplica a las bebidas alcohólicas y, en la “dirección opuesta”, cuando “la decisión de usar el niqab se considera ‘retrógrada’. En ambos casos, hay alguien que cree que posee la verdad y otros deben seguirla. Sin embargo, a pesar de las diferentes imágenes que tenemos de Dios, la verdad sigue siendo sencilla y más profunda: Dios nos hizo diferentes; no se puede reclamar la propiedad de Dios y —concluye— no se puede hablar en su nombre”.

 

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