12/02/2022, 12.52
MUNDO RUSO
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El África rusa, las iglesias y los cañones

de Stefano Caprio

Parece ser imparable la hemorragia de sacerdotes "alejandrinos" que deciden pasarse al Patriarcado ruso. Hoy, la verdadera "guerra canónica" en el seno de la Ortodoxia se juega en África. Allí, Moscú tiene todo tipo de intereses en simultáneo: tanto espirituales como materiales, pastorales y políticos, litúrgicos y militares.

Continúa generando gran revuelo la "invasión rusa" del Patriarcado de Alejandría, titular del cristianismo bizantino en todo el continente africano. La ruptura se produjo tras un episodio en principio menor: en una remota isla del Mediterráneo, concelebraron el patriarca alejandrino Teodoro II (Choreutakis), homónimo griego del "papa" copto, y el metropolitano de Kiev Epifanyj (Dumenko). Los rusos consideran que se trata de una cortina de humo frente a la autocefalia concedida por el patriarca ecuménico Bartolomé (Archontonis), el gran adversario de Moscú en la primacía universal ortodoxa.

La hemorragia de sacerdotes "alejandrinos" que se unen al patriarcado ruso parece imparable: el 10 de febrero otros 15 se encomendaron al exarca para África designado por Moscú, el metropolitano Leonid (Gorbačev), de 54 años. Fiel colaborador del patriarca Kirill (Gundyaev), desde hace más de una década Leonid se desempeña como representante de Moscú en el patriarcado de Teodoro -tanto es así, que en 2009 organizó su encuentro en El Cairo con el presidente Dmitri Medvédev. Sirvió durante mucho tiempo en el ejército y la fuerza aérea de Rusia, y anteriormente fue subdiácono y colaborador patriarcal. Su doble función -militar y eclesiástica- fue clave en su carrera profesional-ministerial.

El nuevo exarca ha contribuido a la integración orgánica de las capellanías ortodoxas en el ejército ruso, y ha desempeñado funciones diplomáticas en todas las latitudes: además de ser representante patriarcal en Argentina, recientemente fue nombrado exarca de Armenia. Desempeña su labor en los territorios caucásicos más cercanos a Moscú y coincide con el katholikos de la Iglesia Apostólica Karekin II. Siguió los asuntos de la Iglesia de Etiopía y el diálogo bilateral entre la Ortodoxia Rusa y la Iglesia Malankar de la India, lo que finalmente le permitió obtener el título de Vicario Patriarcal como Obispo de Klin, localidad de la Provincia de Moscú. Todos estos títulos y encargos se han acumulado frenéticamente y "a los tirones", como es típico en el accionar de la gestión patriarcal de Kirill, que mueve a sus colaboradores más cercanos como peones de un videojuego cuando tiene que encontrar una solución a los asuntos más candentes.

Leonid dio la bienvenida a los nuevos sacerdotes ruso-africanos durante una "asamblea pastoral" en la ciudad de Meru, en el este de Kenia. Allí, la mayoría del clero ortodoxo de la eparquía de Nyeri ha decidido pasarse a Moscú, a pesar de las súplicas y amenazas de excomunión del obispo Neofit (Kongai), un keniano criado por griegos. Los sacerdotes procedentes de lejanas parroquias viajaron en motocicleta para acudir al encuentro. Se presentaron vistiendo únicamente el podrjasnik, la bata bajo la sotana, en parte por razones climáticas y en parte por la falta de fondos, que Moscú promete garantizar con generosidad.

La versión del patriarcado ruso, de hecho, es que "no podíamos dejar de responder a la petición de tantos sacerdotes africanos", deseosos de unirse a Moscú por el inaceptable escándalo del "cisma ucraniano". Como comentó hace unos días el metropolita Hilarión (Alfeyev), "los cristianos de África necesitan la protección de Rusia, y no por voluntad propia, sino por la situación que se ha producido. Creamos el Exarcado para ofrecer un refugio canónico a los sacerdotes africanos que no tienen intenciones de seguir a Alejandría en la legitimación del cisma ucraniano". Cabe mencionar que ya hace tiempo que los rusos enviaban misioneros para servir a los fieles de habla rusa en los países africanos. Ahora, se están reorganizando en eparquías y estructuras de "acogida canónica".

Moscú ya ha declarado en varias oportunidades que "se verá obligado" a abrir parroquias rusas incluso en Turquía, en el territorio de Bartolomé, donde la presencia rusa es bastante numerosa. Hasta ahora, no ha ido más allá de unas pocas capillas en los territorios consulares. Por el momento, la amenaza no afecta a Grecia, donde el arzobispo de Atenas, Jerónimo II (Liapis) ha reconocido a su vez la sede del metropolitano de Kiev. Por este motivo, los rusos han decidido romper oficialmente las relaciones con las comunidades monásticas del Monte Athos, donde residen muchos monjes rusos. 

Por el momento, se mantienen neutrales los otros dos patriarcas de la tradicional y antigua "pentarquía", a la que Moscú se incorporó en la era moderna en lugar de la "herética" Roma. El Patriarca de Jerusalén, Teófilo III (Janopoulos) sólo puede intentar salir del paso, ya que debe acoger en Tierra Santa  las estructuras canónicas cristianas de todo tipo. Es diferente la situación del Patriarca de Antioquía, Ioannis X (Yazigi), quien siempre ha estado al lado de Moscú, tanto por razones personales (se crió en la época soviética junto con quien sería el futuro Patriarca Kirill), como por razones territoriales objetivas, ya que Siria está muy cerca de Rusia y ahora también bajo su protección política y militar, tras la guerra con el ISIS.

Por todas ello y otras razones, la verdadera "guerra canónica" en el seno de la Ortodoxia se juega en África. Si bien están bajo la mirada atenta de Moscú, las tierras griegas y de Oriente Medio seguirán siendo bastante independientes aún sin levantar barricadas canónicas. Pero el continente negro es demasiado vasto, demasiado complejo y demasiado importante para dejarlo en manos de los adversarios. En este caso, la Iglesia rusa no actúa sólo por compasión hacia los sacerdotes que rechazan la herejía y quizás esperan recibir dietas. Tampoco lo hace por una cuestión de puntillosidad jurídico-eclesiástica en la disputa sobre la autocefalia y los territorios canónicos. El hecho es que los intereses rusos en África son tanto espirituales como materiales, pastorales y políticos, litúrgicos y militares, todo al mismo tiempo.

 

El mercado de los cañones

África es uno de los principales territorios para la exportación de armas rusas, y en muchos países persisten fuertes lazos, que nunca se cortaron del todo tras el fin de la URSS. Todo ello empuja a Rusia a competir con China, que tiene una fuerte presencia en el continente desde hace muchos años. Es sintomática la situación en Burkina Faso, donde el 24 de enero se produjo un golpe militar que los rusos observan con especial interés. En Uagadugú, la capital del país, los militares tomaron el poder y arrestaron al presidente Marc Kabore, disolviendo el gobierno y el parlamento.

Los periodistas presentes se sorprendieron bastante cuando, inmediatamente después del golpe, multitudes de partidarios de los militares se volcaron a las calles para exigir un cambio en la política exterior del país: ondeaban banderas tricolores rusas, pidiendo que se eligiera a Moscú en lugar de París. Rápidamente, los expertos de las fuerzas armadas rusas se acercaron a los militares de la ex colonia francesa, evocando las operaciones conjuntas de la época soviética.

La URSS fue muy activa en África, y todavía hoy, muchos africanos viven y trabajan en Rusia, donde nunca se han cerrado las becas y los institutos especializados. En plena Guerra Fría, en 1960, se inauguró en Moscú la Universidad para la Amistad entre los Pueblos, que lleva el nombre del "mártir socialista" congoleño Patrice Lumumba, y a la que todavía asisten muchos estudiantes extranjeros, principalmente africanos. Muchos de ellos participan activamente en la vida de las parroquias católicas rusas, y uno de ellos, el ingeniero Corentin Ntontas, originario de Ponte-Noire, enseña Sagrada Escritura en el seminario de San Petersburgo.

En aquél entonces, el adversario era Estados Unidos, y el fin del comunismo obligó a los rusos a dejar el campo libre a los chinos, pero hoy parece haber llegado el momento de la revancha contra ambos adversarios. Antes de la pandemia, en 2019, se celebró en Sochi una gran cumbre "Rusia-África", a la que asistieron delegaciones de 54 países del continente, tres de ellos considerados socios estratégicos privilegiados. Nos referimos a Argelia, Egipto y Sudáfrica, que mantienen lazos económicos y militares muy estrechos e ininterrumpidos con Rusia. Ahora Moscú intenta ampliar estas relaciones a países menos desarrollados y más pobres, prometiendo ayuda en materia de seguridad y la defensa de intereses particulares, como en Burkina Faso.

Las armas, las tecnologías y las habilidades de los expertos militares son las mejores cartas de los rusos. Ahora se añaden, con gran eficacia, las bendiciones canónicas, unidas simbólicamente en la persona del exarca y coronel Leonid. Las exportaciones de armas a África representan entre el 30 y el 40% del total  de exportaciones de armamento ruso, como declaró oficialmente el director del Servicio Federal de Cooperación Técnico-Militar, Dmitrij Šugaev, en agosto de 2021. Y el presupuesto total se estima en 14.000 millones de dólares al año.

En los países africanos, la ayuda militar y económica que brinda Rusia cambia de un país a otro. A veces proviene de acuerdos entre gobiernos; otras, de mercenarios, como en Malí y Libia. El primer país al que llegaron los miembros de la infame "Compañía Wagner" fue la República Centroafricana, en 2018, para apoyar a la presidenta en aprietos, Faustine-Archange Tuadera. Los combatientes de Wagner son financiados por el oligarca petersburgués Evgenij Prigožin -al que los medios de comunicación llaman "el cocinero de Putin"-,  muy interesado en la extracción de piedras preciosas en países africanos.

Muchos otros ejemplos podrían confirmar el interés ruso por África, pero cabe mencionar un factor más: los votos de los países africanos representan el 25% de la Asamblea General de la ONU, y son tradicionalmente votos leales a Rusia. Ninguno de los países africanos ha firmado sanciones contra Moscú. En el ámbito eclesiástico, ahora los africanos votan a favor del patriarcado de Moscú en detrimento del de Constantinopla, para afirmar la supremacía rusa, también, en el continente negro.

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