18/10/2017, 15.03
IRAK
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El Kurdistán iraquí, entre la muerte de Talbani y el suicidio político de Barzani

de Pierre Balanian

La toma de Kirkuk por parte del ejército iraquí marca un punto de inflexión. Y seguramente esto ha agudizado la división entre los partidarios de Talbani y los de Barzani. Turquía e Irán aplauden ante el fin del sueño independentista. 

Kirkuk (AsiaNews)-  Lo ha dicho ayer el premier iraquí Haidar Al Abadi: “El referéndum del Kurdistán ya forma parte del pasado”, subrayando que, ciertamente,  la reconquista de Kirkuk ha marcado un punto de inflexión.  Por otro lado, Brham Saleh, que recientemente se apartó del Partido de la Unión Nacional del Kurdistán de Talbani y ha creado una coalición por la democracia y la justicia que él lidera, desde Suleimaniyeh ha invitado a todos a recobrar la razón y a poner fin a la política de los “hechos consumados” (en una clara crítica al referéndum propuesto por Barzani), recordando que “los conflictos armados no han hecho más que poner a Irak en aprietos” y ha declarado que “el referéndum por la independencia del Kurdistán ha generado muchos problemas”,  y que era necesario prestar oídos a la “iniciativa del ayatolá chiita Al Sistani”. Brham luego admitió que los fautores de la política del Kurdistán “deben rever sus análisis [de la situación], que han resultado equivocados”, agregando  que “los ciudadanos del Kurdistán están descontentos por la política emprendida, que se necesitan reformas al respecto” y que “hay muchas divisiones nuevas, y nuevas alianzas dentro del Kurdistán”.

En Kirkuk, la vida del primer día bajo la soberanía de la República de Irak ha sido normalísima, y ha visto flamear muchas banderas iraquíes, un despliegue inmenso de medidas de seguridad, negocios, instituciones públicas y escuelas abiertas y la gente, en el centro de la ciudad, alegre y tranquilizada.  El terror de una guerra en Kirkuk puso a las almas de los ciudadanos locales en un estado de perturbación durante meses, y al final, la tempestad y el riesgo de una devastación pasaron de un modo mucho mejor de lo previsto y anunciado por las voces pesimistas, que algunos sectores, temerosos de perder sus beneficios, venían difundiendo desde hace tiempo. El gobernador, que ha desaparecido de la nada, ha sido sustituido por su vice, Rakan Al Jbouri, que, desde ayer, se ha convertido en el nuevo gobernador de Kirkuk, quien, en una conferencia de prensa celebrada ayer, invitó a los exiliados de Kirkuk a regresar a su tierra para “conservar y proteger sus propiedades”, en tanto al jefe de la policía de Kirkuk, Khattab Omar, se le impidió responder en lengua kurda a las preguntas que los periodistas kurdos le dirigían durante la misma conferencia de prensa.

La caída o liberación de Kirkuk seguramente haya profundizado la división entre los partidarios de Talbani y los de Barzani, que siempre han estado en desacuerdo con respecto a cómo debe gestionarse aquél que para ambos debiera ser un Kurdistán autónomo. En los últimos meses, temerosos del creciente poder de Barzani, que llegó a ser casi divinizado por los kurdos por el hecho de que parecía haber “transformado en realidad un sueño de siglos”, surgieron voces y críticas sobre el imperio económico creado por Massud Barzani gracias a los 26 años de dirigencia de la Región autónoma del Kurdistán y a la gestión de la venta del petróleo sin pasar por Bagdad. Rumores y acusaciones que, prescindiendo de su veracidad o no, se piensa fueron difundidas por el partido de Talbani.  

Después de la muerte de Talbani, sucedida algunos días atrás, y de la política suicida de Massud Barzani, que se ha jugado el todo por el todo, el Kurdistán aparece dividido en dos. Talbani, que no estaba en contra del referéndum, veía el mismo como una palanca de presión orientada a obtener mayores ventajas para los kurdos, si bien permaneciendo dentro del país; mientras que para Barzani, se trataba del primer paso hacia la total independencia y secesión. Hoy son muchos los que piensan que el Kurdistán iraquí se parece más bien a un emirato del Golfo en manos de un solo clan, los Barzani, que irrita a quienes les son ajenos así como a las miríadas de pequeños partidos de oposición kurda. La situación interna podría ulteriormente empeorar con el agudizarse de la crisis económica debida al bloqueo impuesto por Irak, Turquía e Irán. Un peshmerga retirado ha referido a AsiaNews que algunos kurdos de Kirkuk partidarios de Barzani los han invitado a resistir y a combatir, en vez de huir”. La pérdida de Kirkuk “marca, sin lugar a dudas, el fin del sueño de un Kurdistán iraquí independiente”, ha dicho el jefe del grupo paramilitar chiita Al Hashd el Shaabi (Fuerzas de Movilización Popular, ndt).

En las últimas dos semanas, se ha operado mucho a fin de evitar el estallido de un conflicto armado entre los kurdos y el ejército iraquí, o en realidad, entre kurdos y Hashd el Shaabi, que podría haber dejado a Barzani en el lugar de víctima y generar un consenso internacional en torno a la independencia del Kurdistán. Según muchos analistas locales, ésta era una carta que Barzani tenía en mente utilizar, y que las jugadas diplomáticas y legales del gobierno central de Bagdad han hecho fracasar gracias al apoyo de Irán y Turquía. En Kirkuk se corre la voz de que hay un actor fundamental que ha operado desde las sombras para evitar la guerra kurdo-iraquí: se trata del general  Qasem Soleimani, el jefe de la Unidad de Al Qods de la Guardia revolucionaria iraní, única persona designada con nombre y apellido por el vocero del ISIS  Abu Mohammad El Adnani como enemigo jurado del Califato islámico, pero también de los Estados Unidos, que lo consideran “jefe terrorista”.

El general Soleimani fue visto en Erbil en varias oportunidades en los últimos días, a pesar de que Irán haya impuesto el cierre de los pasos fronterizos terrestres y aéreos. Todo rema contra Massud Barzani, cuya decepción se ha acentuado ulteriormente luego de los comentarios en caliente de sus aliados, como los pronunciados por el presidente americano que ha declarado que “no me pondré de parte de Irak ni de parte del Kurdistán”, a pesar de que Barzani tenía su esperanza depositada en el lobby judío en los EEUU, tantas veces expresada durante la campaña por el referéndum, durante la cual flameaba la bandera israelí. También Arabia Saudita, tras un largo silencio, ha reafirmado con un mensaje del rey Salman, en ocasión de la “reconquista de Kirkuk” que apoya “la unidad territorial de Irak” y manifestó “rechazar los efectos del referéndum”. Y finalmente, Barzani recibió el tiro de gracia de Tel Aviv, donde la cancillería del premier Netanyahu difundió una declaración según la cual Israel no intervendrá en relación al referéndum en el Kurdistán. A esta altura, Massud ha quedado completamente aislado.

Pero entre los júbilos más sinceros seguramente ha de citarse el de Turquía, cuyo Parlamento ha decidido “entregar el paso fronterizo de Khabur (con el Kurdistán iraquí) a las autoridades iraquíes”, dando a Irak la posibilidad de percibir tasas aduaneras millonarias que hasta ahora iban a las arcas de Erbil. Y también el gozo de Irán, desde donde Ali Akbar Vilayati ha declarado, el pasado lunes, que con la reconquista de Kirkuk, “las Fuerzas iraquíes le han quebrado la columna al traidor Massud Barzani”, agregando que de esta manera fracasaba el complot para dividir el territorio de Irak y terminaba el contrabando del “90 por ciento del petróleo del Norte que iba directo a Turquía y de allí a Israel”, a través de “sociedades extranjeras compuestas en un 70% por israelíes”. El segundo canal televisivo israelí confirmó por su cuenta esta noticia en el día de ayer, martes, informando que la toma de Kirkuk por parte de las tropas del gobierno iraquí “interrumpe el arribo de petróleo proveniente de Kirkuk, que llega a Israel a través de Turquía”.

Los hombres de Barzani refieren, por su lado,  que ha habido alta traición de los Peshmerga del Partido nacional del Kurdistán de Talbani, el cual ya es gestionado por su viuda, que “se han puesto de acuerdo con los iraníes y han vendido la causa”, según dijo a AsiaNews un responsable de Erbil, que optó por mantenerse en el anonimato. En tanto, con un comunicado difundido en el día lunes, el Comando de los peshmerga de Erbil ha amenazado con que “la toma de Kirkuk le costará cara al Gobierno iraquí”. No es casual que la TV iraní transmitiera inmediatamente después, en directo desde Kirkuk, el hallazgo, por parte de las fuerzas iraquíes, de una fábrica de explosivos para auto-bombas en un cementerio, la cual pertenecería a los Pershmerga, mientras la TV iraquí mostraba imágenes de un hallazgo similar en un local manejado por los peshmerga en Bagdad.  

Massud Barzani, quien también está a la búsqueda de un chivo expiatorio en vista de sus fracasos,  ha declarado en un discurso televisivo que “lo que ha ocurrido en Kirkuk es el resultado de decisiones unilaterales tomadas por algunos sectores kurdos”. Lo que ahora se teme no es tanto una guerra civil entre iraquíes y kurdos, como pensaban muchos analistas, sino un enfrentamiento, en todos los campos,  entre los partidarios de Barzani y sus rivales, cuyas filas se han incrementado luego de la decepción sufrida por los kurdos con la pérdida de su sueño de independencia. 

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