09/02/2022, 11.48
RUSIA
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El 'No al Pase Sanitario’, la verdadera oposición en Rusia

de Vladimir Rozanskij

Se incumplen sistemáticamente las normas que establecen la presentación del pase sanitario con código QR. El gobierno, impotente, no logra contener los contagios de Covid-19. Las restricciones relativas al coronavirus han despertado a la población "apolítica", más que las campañas anticorrupción de Navalny.

Moscú (AsiaNews) - Las normas que establecen la presentación del Qr-Code (Green Pass) en Rusia están siendo sistemáticamente ignoradas, lo que impide al país reaccionar adecuadamente ante la nueva ola de Covid-19 debido a la variante Ómicron. Más de 20.000 personas han sido hospitalizadas en las últimas 24 horas, el doble que el día anterior, lo que agrava la emergencia por la pandemia. El gobierno, impotente, no logra contener esta nueva forma de protesta masiva.

La pandemia ha transformado a millones de rusos en opositores al régimen, superando con creces los niveles de descontento social que ya eran evidentes el año pasado - primero, con el arresto de Aleksei Navalny y las protestas callejeras, a las que siguieron formas de represión cada vez más coordinadas. Esta vez el descontento no es por el bajo nivel de vida y la falta de servicios sociales, la corrupción de los políticos o la privación de derechos, sino por las duras restricciones sanitarias que están provocando reacciones en todo el mundo. En Rusia, en particular, las medidas restrictivas cohesionan a la gente en su crispación contra el gobierno.

La introducción de los códigos QR obligatorios en muchas regiones ha generado un conflicto total, y no ha promovido un aumento de las vacunaciones. Los certificados falsos se venden de manera masiva en la dark web, y los grupos sociales de "antivaksery" (antivacunas) y no-pass están reuniendo cientos de miles de seguidores o simplemente escépticos, especialmente en los canales de Telegram. Muchas estrellas del mundo del espectáculo se manifiestan en contra de las restricciones, junto con funcionarios y políticos forzados a dejar su puesto y retirarse, o que han sido exonerados en el último período.

En algunas regiones, la oposición adopta formas particularmente exaltadas. Es el caso de  San Petersburgo, la metrópoli más "occidental" de Rusia, donde están muy extendidos los mapas de Internet que indican todos los comercios que admiten libremente a los clientes sin pedirles un código QR, que, por otro lado, sólo se comprueba seriamente en los teatros o cines. Las autoridades de todos los niveles son muy tímidas a la hora de responder a las protestas. Sólo en casos esporádicos se producen detenciones de líderes de la oposición, como ocurrió con el empresario Aleksandr Konovalov, que había llevado a la gente a las calles y a reuniones clandestinas en bares dispuestos a romper las reglas.

La abogada y activista por los derechos humanos Anastasia Burakova señala en Rosbalt.ru que "estas protestas están muy extendidas en muchos países: en los Países Bajos, en Gran Bretaña, Australia, Estados Unidos y muchos más, a veces con fuertes niveles de conflicto con las fuerzas del orden. Las motivaciones son variadas, desde las teorías conspirativas hasta la irritación por las restricciones, y también están presentes en Rusia, donde prima la falta de confianza en el Estado y sus instituciones".

También se incumplen las normas más estrictas por indulgencia de los organismos de control, una costumbre muy extendida incluso en los grises años soviéticos. No se trata de un fenómeno exclusivamente ruso, vinculado a la difusión de prácticas corruptas e ilegales, sino sobre todo de lo que en Rusia se conoce como "nihilismo jurídico", la escasa raigambre del principio de legalidad.

Cuando solo detenían a unos pocos disidentes o a los llamados "agentes extranjeros" y se les sometía a la represión y la tortura en cárceles y campos, la masa de la población observaba inerte, acostumbrada a los regímenes más o menos invasivos de la historia antigua y reciente de Rusia. Sin embargo, la intromisión en la vida privada y familiar con el código QR ha despertado la conciencia de la dignidad personal incluso en los indiferentes, que ven el pinchazo en el hombro como un ejemplo de tortura del Estado. Tanto más, cuando gran parte de la casta del poder es igualmente intolerante con las normas sanitarias, por no hablar del clero y los intelectuales.

En Rusia, la vacuna está provocando lo que no lograron las marchas, las elecciones fraudulentas, los arrestos y los cierres de asociaciones, revistas y editoriales. Es posible oponerse "apolíticamente" y en masa, sin que el Estado tenga el valor de imponerse por la fuerza: los "avtozak" (camiones de la policía) no dispersan a los anti-vacunas, que asustan a los hombres del poder mucho más que las denuncias de Navalny y sus seguidores.

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