El Papa en Saurimo, la ciudad de los diamantes: 'No hemos nacido para ser esclavos'
En su tercer día en Angola, desde la ciudad de los diamantes, León XIV habló de los "deseos" de las personas "explotadas por los prepotentes y engañadas por la riqueza". También se refirió a la injusticia que convierte el pan en "posesión de unos pocos", y la violencia y la explotación que "niegan la resurrección". Invitó a "acoger el sentido" de las palabras de Cristo, evitando el "comercio supersticioso".
Saurimo (AsiaNews) - "¡Cristo vive!". Desde Saurimo —corazón de la industria del diamante en Angola, país símbolo de las inversiones de Beijing en África— León XIV habló del don de Dios para "nuestro presente": Él "nos educa en la forma correcta de buscar el pan de vida, el alimento que nos sostiene para siempre". Él es el consuelo en un mundo donde los deseos de las personas son "frustrados por los violentos, explotados por los prepotentes y engañados por la riqueza". "Cristo escucha el clamor de los pueblos y renueva nuestra historia; nos levanta de cada caída, nos consuela en cada sufrimiento y nos alienta en la misión", dijo.
En el tercer y último día de su visita en Angola, antes de trasladarse a Guinea Ecuatorial para la última etapa de su viaje apostólico, hoy también fue recibido por una gran multitud (cerca de 40.000 fieles) que ocupó la explanada habilitada en la ciudad, capital de la provincia de Lunda Sur, 800 km al este de la capital, Luanda, cuya población ha aumentado rápidamente debido a la inmigración y a la gran cantidad de personas desplazadas durante la guerra civil angoleña.
Saurimo es un centro estratégico conocido por la extracción de diamantes —las minas de Catoca y Luele se encuentran entre las más grandes del mundo—. Mientras tanto, las inversiones de Beijing —principal socio económico— en Angola se concentran en proyectos de infraestructura, energía e industria, incluyendo explotaciones de soja y cereales. Un entorno donde puede ocurrir que la injusticia corrompa los corazones —de esto habló hoy el Papa— de modo que no haya pan para todos, sino que este "se convierta en posesión de unos pocos". Pero existe un "pan vivo" que nunca deja de entregarse: la Eucaristía. "su historia no conoce fin, y por eso quita el fin, o sea la muerte, de nuestra historia", añadió León XIV.
El Papa recordó entonces que "no hemos venido al mundo para morir". No hemos nacido para convertirnos en esclavos ni de la corrupción de la carne, ni de la del alma: toda forma de opresión, violencia, explotación y mentira niega la resurrección de Cristo, el don supremo de nuestra libertad", afirmó.En el Evangelio de hoy (Juan 6:22-29), Jesús dice a la multitud que lo busca en las barcas hasta Cafarnaún: "Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece para la Vida eterna".
León XIV señaló que "Cristo nos llama a la libertad; no quiere siervos ni clientes, sino que busca hermanos y hermanas a quienes dedicarse con todo su ser". Y "para corresponder con fe a este amor, no basta con oír hablar de Jesús, hay que acoger el sentido de sus palabras" para seguirlo e imitarlo. Así como Jesús hace con la multitud que lo busca, "el Señor conoce nuestro corazón y nos pregunta si lo buscamos por gratitud o por interés, por cálculo o por amor", o bien porque buscamos el "consumo de cosas". "La multitud ve a Jesús —dijo el Papa— como un medio para lograr algo más, como un proveedor de servicios", como los panes y los peces que les dio en abundancia.
"Esto ocurre cuando la fe auténtica se sustituye por un comercio supersticioso, en el cual Dios se convierte en un ídolo al que sólo se recurre cuando nos conviene, mientras nos conviene —explicó el pontífice desde Saurimo—. Incluso los dones más hermosos del Señor —que siempre cuida de su pueblo— pueden convertirse en una exigencia, un premio o un chantaje, y son malinterpretados precisamente por quienes los reciben".
El Evangelio —el "camino" que hoy condujo al Papa en medio de un mar de humanidad— enseña que "existen motivos equivocados para buscar a Cristo, sobre todo cuando se le considera un gurú o un amuleto de la suerte". De hecho, "el objetivo que se propone la multitud es inadecuado, porque no buscan un maestro a quien amar, sino un líder para venerar por interés propio". "Muy diferente es la actitud de Jesús hacia nosotros: Él no rechaza esta búsqueda insincera, sino que anima a la conversión", explicó León XIV.
"El testimonio de los mártires y de los santos nos alienta y nos impulsa a un camino de esperanza, de reconciliación y de paz, a lo largo del cual el don de Dios se convierte en el compromiso del hombre en la familia, en la comunidad cristiana y en la sociedad civil —dijo por último—. Recorriéndolo juntos, a la luz del Evangelio, la Iglesia en Angola crece según esa fecundidad espiritual que comienza en la Eucaristía y continúa en el cuidado integral de cada persona y de todo el pueblo".
