El arqueólogo del Santo Sepulcro: «Porque no puede haber Pascua sin los ritos aquí»
El franciscano Amedeo Ricco —uno de los protagonistas de las excavaciones que han sacado a la luz nuevas confirmaciones de los relatos evangélicos— comenta las celebraciones en Jerusalén tras el «incidente» del Domingo de Ramos. «Estamos viviendo una Pascua más silenciosa, que nos devuelve a los orígenes. Pero el Sepulcro sigue siendo el corazón vivo desde el que partir para anunciar que la muerte no tiene la última palabra».
Milán (AsiaNews) - Lo ocurrido el Domingo de Ramos en Jerusalén —cuando las autoridades israelíes impidieron al Patriarca latino de Jerusalén, el cardenal Pierbattista Pizzaballa, y al Custodio de Tierra Santa, fray Francesco Ielpo, acceder a la Basílica del Santo Sepulcro para celebrar la misa— ha sido un episodio sin precedentes en la historia reciente. Un gesto calificado de «grave e injustificado» en el comunicado conjunto difundido ese mismo día por el Patriarcado Latino y la Custodia, ya que afectó directamente a los máximos responsables de la presencia católica en los Lugares Santos, precisamente en los días más significativos del año litúrgico.
En la rueda de prensa del 31 de marzo, fray Francesco Ielpo adoptó un tono firme pero constructivo: reiteró que la entrada al Sepulcro no es un privilegio, sino un derecho histórico consolidado, vinculado al Status Quo que desde hace siglos regula la vida de las comunidades cristianas en los Lugares Santos. Recordó además que, a pesar de las guerras y las crisis, la presencia franciscana en el Santo Sepulcro nunca ha faltado en más de siete siglos, y que la liturgia nunca se ha interrumpido, ni siquiera desde el inicio del actual conflicto. Al mismo tiempo, ha subrayado la importancia del diálogo con las autoridades israelíes, que en las horas siguientes ha dado lugar a soluciones consensuadas que están permitiendo en estos momentos la celebración —aunque de forma reducida— de las celebraciones pascuales.
Las palabras del Custodio se inscriben en una línea ya trazada por el cardenal Pizzaballa: prudencia, sentido de la responsabilidad y disposición al diálogo, pero también una clara defensa de la libertad de culto y del papel universal de Jerusalén para miles de millones de creyentes. En este equilibrio entre firmeza y apertura se sitúa la Pascua de este año, marcada por limitaciones sin precedentes, pero también por la voluntad de custodiar lo esencial.
En este contexto, hemos recogido el testimonio de fray Amedeo Ricco, fraile menor y arqueólogo del Studium Biblicum Franciscanum, que vive en Jerusalén desde hace más de una década. Tras su formación bíblica y arqueológica entre Tierra Santa y Roma, fue uno de los protagonistas de la reciente temporada de excavaciones y restauraciones en el Santo Sepulcro (junto con el equipo de la Universidad La Sapienza de Roma dirigido por Francesca Romana Stasolla), viviendo desde dentro una de las campañas de investigación más importantes de las últimas décadas. Su mirada aúna la competencia científica con una profunda experiencia espiritual.
Fray Amedeo, tras los acontecimientos del Domingo de Ramos, ¿qué ambiente se respira en Jerusalén? ¿Y cómo van a vivir esta Semana Santa?
Es un ambiente marcado por el cansancio y la preocupación, pero también por una voluntad concreta de seguir adelante. Lo ocurrido ha sido grave, porque ha afectado no solo a una cuestión práctica, sino a un principio: el derecho de las comunidades cristianas a vivir y celebrar en los Lugares Santos según el Status Quo. Sin embargo, el diálogo con las autoridades ha permitido encontrar soluciones para la Pascua. Estamos viviendo celebraciones más íntimas, casi «esenciales», pero no por ello menos auténticas. Bromeando con mis hermanos, subrayaba cómo la Pascua de este año, con sus limitaciones, será en cierto modo «preconstantiniana», en el sentido de que se vivirá probablemente como la vivían las comunidades cristianas de los primeros siglos.
Usted ha vivido en primera persona la temporada de excavaciones arqueológicas de los últimos años. ¿Qué novedades han surgido?
En los últimos diez años hemos asistido a un giro histórico. Por primera vez, durante las restauraciones, se ha abierto la posibilidad de investigar científicamente el subsuelo de la basílica. Uno de los descubrimientos más sorprendentes se refiere precisamente a la edícula del Santo Sepulcro: bajo las estructuras modernas han aflorado porciones consistentes de la roca original de la tumba. Esto ha cambiado por completo la perspectiva de los estudiosos. Además, hemos documentado niveles muy antiguos: canteras, muretes agrícolas, jardines y sepulturas. Elementos de la primera monumentalización paleocristiana de la tumba venerada. Evidencias que confirman el relato evangélico.
¿Qué tipo de experiencia es, también desde el punto de vista humano, trabajar en un lugar como este?
Es una experiencia que lo abarca todo. Desde el punto de vista científico es una cima, pero desde el punto de vista humano y espiritual es algo que te marca para siempre. Hay momentos en los que te encuentras ante un rincón intacto, anterior a cualquier transformación posterior, y te das cuenta de que eres uno de los muy pocos que lo han visto así, en directo. No en fotos, no en libros: allí, con tus propios ojos. Es una gracia, pero también una responsabilidad. Porque sabes que estás tocando un lugar que no solo pertenece a la historia, sino a la fe de miles de millones de personas.
Sin embargo, el Santo Sepulcro es ante todo un lugar espiritual. ¿Qué significa vivirlo durante la Semana Santa?
Aquí la liturgia no es sólo recuerdo: es experiencia directa. Las palabras del Evangelio resuenan en los lugares donde ocurrieron. Esto lo cambia todo. No es solo un «recuerdo», es una participación. El Viernes Santo, por ejemplo, se escuchan las Escrituras frente a la roca del Calvario, hasta la hora de la muerte de Cristo. Y luego está la veneración de la Cruz en el mismo lugar de la crucifixión. Es una intensidad que difícilmente se puede describir.
Un elemento muy particular es también la celebración de la Vigilia Pascual. ¿Por qué aquí tiene lugar el sábado por la mañana?
Es una de las peculiaridades más fascinantes de la Iglesia de Jerusalén. La Vigilia Pascual, que en el resto del mundo se celebra en la noche entre el sábado y el domingo, en el Santo Sepulcro tiene lugar el sábado por la mañana. Esto se debe a las normas del Status Quo, que asignan tiempos y espacios a las diferentes comunidades y no permiten una celebración nocturna prolongada. Pero esta aparente «anomalía» encierra un significado muy profundo: la Iglesia de Jerusalén es la primera del mundo en anunciar la Resurrección. Cuando aquí se canta el Exsultet, el gran anuncio pascual, en el resto del mundo aún se está en el silencio de la espera. Es como si desde este lugar, el sepulcro vacío, partiera primero el anuncio que luego llega a todas las demás Iglesias. Ciertamente, llama la atención proclamar «esta es la noche» cuando fuera ya es de día, pero precisamente esto dice que la Pascua trasciende el tiempo y el espacio. Es un anuncio universal que nace aquí y se difunde por todas partes.
Hay además un rito que, más que ningún otro, caracteriza la liturgia pascual...
Sí, la procesión del Domingo de Pascua. Es algo que solo existe aquí. Tras la celebración, se dan tres vueltas alrededor de la tumba, en memoria de los tres días del Triduo. Durante el recorrido se proclaman los Evangelios de la Resurrección hacia los cuatro puntos cardinales. Es un gesto extraordinario: el espacio se convierte en anuncio. El Evangelio parte de ese punto preciso, el sepulcro vacío, y se abre simbólicamente al mundo entero. Es la representación concreta del nacimiento del cristianismo.
Este año, sin embargo, todo es más limitado…
Sí, y en cierto sentido nos devuelve a los orígenes. Una Pascua «más silenciosa», casi doméstica, como en los primeros siglos. La Iglesia ha vivido durante mucho tiempo sin grandes manifestaciones públicas, custodiendo la fe de forma más discreta, pero no menos auténtica. Quizás esta situación nos invita precisamente a eso: a redescubrir lo esencial. La Pascua no depende de la grandiosidad de los ritos, sino de la profundidad con la que se vive.
¿Qué mensaje siente que debe compartir hoy?
Que el Santo Sepulcro sigue siendo un corazón vivo. A pesar de todo —conflictos, tensiones, limitaciones— sigue siendo el lugar donde se anuncia que la muerte no tiene la última palabra.
Y este anuncio no puede detenerse. Puede cambiar de forma, volverse más discreto, más frágil, pero sigue llegando al mundo. Y quizá sea precisamente en los momentos más difíciles cuando muestra toda su fuerza.
Foto: Christian Media Center
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